El último grito

Curso del 63

08.10.09 | 09:58. Archivado en Sociedad, Televisión, Educación

Esta semana se ha estrenado en televisión un curioso “docu-reality” llamado “Curso del 63”. El programa consiste en comprobar las reacciones de varios jóvenes de hoy que han sido internados en un centro educativo para vivir la excitante experiencia de la educación típica de los años 60. Aunque esto no deja de ser un simple programa, de lo visto en la pantalla se pueden extraerse algunas conclusiones muy interesantes.

Posiblemente, a aquellos que nos dedicamos a la educación, no nos resultaron nada sorprendentes muchas de las actitudes y comportamientos de algunos de los jóvenes; un vocabulario barriobajero y limitado, una incapacidad para responsabilizarse de sus actos, una inexistente capacidad de autocrítica, una incultura general, una falta de respeto absoluta y unos conocimientos mínimos rayando el analfabetismo. Aunque –por fortuna- no todos los jóvenes de hoy comparten estas magníficas cualidades, sí que es, de una manera u otra, un reflejo de lo que sucede en la realidad. Como resumen, podríamos decir que muchos jóvenes se sienten más avergonzados de salir de su casa sin su piercing que de mostrar públicamente que son unos ceporros que no saben situar León en un mapa. Pero si lo visto fue revelador, más reveladoras fueron las intervenciones que se produjeron durante el debate posterior entre los distintos miembros y profesionales de la comunidad educativa, donde quedó patente que uno de los grandes problemas que sufre la educación en España es que hay muy pocas voces pero muchas bocas.

Para comenzar, sorprendió la opinión de algunos jóvenes que aún creen vivir en una permanente lucha de clases, y que creen que los profesores y los alumnos –por eso del mayo francés- son iguales. También resultó curioso que algunas personas insistieran en que el problema de la educación eran las inversiones, como si las faltas de respeto o la falta de interés tuviesen algo que ver con los euros. Igual de interesante, como siempre, fue constatar la cerrilidad de las asociaciones de padres, que sólo están interesadas en que los colegios abran las 24 horas del día, como si fuesen un supermercado. Pero aún más curioso fue comprobar cómo algunos padres creen que pueden hablar de didáctica de igual a igual con un profesional que ha estudiado una carrera, que lleva 15 años de experiencia y que ha realizado 2000 horas de formación. Pero sin lugar a dudas, la anécdota más ejemplar la puso el padre –por llamarle algo- de uno de los adolescentes participantes en el reality. Después de un comentario en el centro educativo, uno de los profesores riñó severamente a su hijo. El padre, tras ver las imágenes de la riña, afirmó que su hijo había estado bastante contenido, ya que si fuese él ya le habría dado dos hostias al profesor. Sin comentarios.

Está claro que la educación en nuestro país sufre de graves problemas –a los datos me remito-, pero, de entre todos, el mayor problema es la existencia en las aulas de demasiados alumnos sin domesticar que privan de manera delictiva del derecho a educarse de muchos otros jóvenes ejemplares. Sin embargo, y curiosamente, el estado se gasta millones de euros en hacer programas educativos destinados a este tipo de alumnos, mientras que para los buenos estudiantes no se gasta ni un solo euro. Un claro ejemplo de la idea que tenemos de igualdad y de derecho a la educación.


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