Falta de dignidad
23.09.09 @ 09:32:25. Archivado en Política, Sociedad
A falta de soluciones para fomentar el empleo, o de ideas para mejorar la gestión de una sanidad pública burocratizada, o de medidas para abordar el analfabetismo cultural, nuestras instituciones parecen dedicadas a hacernos reír. Más que una crisis económica, en nuestro país lo que tenemos es una crisis cerebral. Los últimos en subirse a este carro de cachondeo son los jueces, aunque éstos hace años que no dan la asignatura de “sentido común” en sus clases de derecho. Y es que, según los señores del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, llamar “hijo de puta” al jefe no es motivo de despido.
Esta sentencia, sin duda, abrirá nuevas expectativas a nuestra ya de por sí falta de educación típica española. A partir de ahora, todos los empleados podrán llamar hijos de puta a sus jefes sin el más mínimo rubor. Sin embargo, los jefes no podrán hacer lo mismo, ya que eso sería considerado acoso. Del mismo modo, se entiende que los jugadores podrán llamar hijo de puta al árbitro sin ser expulsados del partido. Asimismo, los alumnos podrán llamar hijos de puta a sus profesores, y los soldados podrán llamárselo a sus cabos y los cabos a sus sargentos, y así sucesivamente hasta poner en tela de juicio la honestidad sexual de la propia madre del Rey. Es cierto, se me olvidaba; aquí ya quemamos fotos del Rey sin que pase nada. Pero lo más curiosos es que los secretarios y secretarias de los propios jueces también podrán llamarles hijos de puta sin que se tomen medidas disciplinarias contra ellos, se supone. Y es que una sentencia así era previsible; en un país donde unos asesinos matan a una joven y se cachondean de la justicia durante meses; en un país donde matar a diez guardias civiles sale a mes por persona; en un país donde sale gratis el hurto, llamar hijo de puta a alguien no es que no deba ser considerado un delito; es que debería ser casi obligatorio.
Para justificar esta sentencia, dice el TSJC que la degradación social del lenguaje ha provocado que este tipo de expresiones sean de uso corriente en determinados ambientes, especialmente en el marco de discusiones. Y es cierto; el lenguaje en España se ha denigrado hasta tal punto que parece extraño que quieran hacerse colegios bilingües cuando ni siquiera sabemos utilizar nuestro propio idioma. Pero tras esta sentencia se esconde la propia condena. Y me explico.
Estos días se ha reabierto el debate sobre la necesidad de volver a implantar la disciplina en las aulas, llamando de “usted” al maestro. Del mismo modo, hace unas semanas veíamos como un grupo de adolescentes intentaba asaltar una comisaría y se cachondeaba a mandíbula abierta de los policías, en una muestra más de la falta de autoridad que sufren nuestras instituciones. Con esta sentencia del TSJC, curiosamente, se les da la razón a aquellos que no respetan a la autoridad; se les da la razón a aquellos que insultan a los jefes, a los policías o a los profesores; se les da la razón a aquellos que pensamos que la justicia en nuestro país tiene el cerebro hueco, y lo que es más irónico, se les da la razón a aquellos que denigran el lenguaje y convierten el término “hijo de puta” en un saludo habitual. Y es que se mire por donde se mire, el problema no es que sea o deje de ser habitual; el problema es que el término “hijo de puta” atenta contra la dignidad de la persona. Pero claro, para juzgar un hecho de dignidad primero hay que tenerla, y en este país, de dignidad, andamos ya bastante escasos.
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