El mercado de la prostitución
16.09.09 @ 12:50:23. Archivado en Sociedad, Economía
Hace un par de semanas aparecían en todos los medios de comunicación las imágenes de unas prostitutas realizando su actividad sexual en pleno Mercado de la Boquería de Barcelona. Este hecho ha escandalizado a muchas personas e instituciones, y el debate sobre la prostitución ha vuelto a resurgir. Hablar de prostitución es algo realmente complejo, principalmente porque existe una doble moral, y unas veces se cae en un victimismo poco creíble y, otras, en una demagogia excesivamente barata. Por decirlo con un par de ejemplos; algunos que critican la prostitución en sus barrio no tienen luego el más mínimo pudor en consumir este tipo de servicios en otros barrios y, en otras ocasiones, muchos de los que defienden que las prostitutas ejerzan su profesión en la calle lo hacen porque ellos no sufren las secuelas de esta actividad en sus zonas.
Aunque detrás de cada prostituta hay una historia personal, podríamos decir que dentro del mundo de la prostitución existen tres tipos de prostitutas: aquellas que son obligadas a ejercer la prostitución y que están siendo víctimas de mafias; las prostitutas que han visto en esta actividad una manera de salir de una situación económica o personal difícil; y las prostitutas puramente vocacionales. Sobre el primer tipo, las explotadas, poco se puede decir, excepto que –vistas las escasas actuaciones en este sentido- están completamente desamparadas tanto desde el punto de vista policial como judicial y político. Sobre el segundo tipo, tampoco se puede decir mucho más, excepto que –al contrario de lo que nos quieren hacer creer algunos- no son más “princesas” que otras tantas millones de mujeres coraje que día a día luchan y trabajan doce horas al día para sacar a su familia adelante, sin recurrir a la prostitución. Y, sobre el tercer tipo, pues aún más sencillo; un trabajo como otro cualquiera. De todas ellas, sin duda, las que más me preocupan son aquellas que están siendo explotadas por mafias, aquellas que nunca pensaron en ejercer la prostitución, sino en venir a nuestro país para encontrar un trabajo digno. Las demás, de un modo u otro, han decidido “voluntariamente” ejercer esa profesión, y muchas de ellas no estarían dispuestas a dejarla por un trabajo cuyo sueldo no fuese superior a dos mil euros.
Sobre los demás aspectos, no creo que exista mayor debate. La calle no es un lugar para ejercer acto sexual alguno, ya que el sexo no es un acto público –como un concierto de Bisbal-, sino íntimo. Además, la prostitución -en muchos casos- trae consigo peleas, drogas y suciedad, y mientras unos pagan impuestos para que sus hijos puedan disfrutar de los parques públicos, otros los llenan de navajazos, condones y restos orgánicos.
La clave para solucionar la problemática de la prostitución pasa por la legalización y la obligatoriedad de ejercer la prostitución en locales. Por un lado, se podrían controlar mejor las mafias y, por otro, las prostitutas estarían legalizadas y dadas de alta en la seguridad social. Porque, al margen de los dramas personales, la exclusión y la marginación económica y social –algo que debería solucionarse a nivel mundial-, no podemos olvidar que los españoles se gastan a diario 50 millones de euros en prostitución, un total de más de 18 mil millones de euros al año. Casi nada. Demasiado dinero como para que quede libre de pagar sus impuestos, como cualquier hijo de vecino.
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