Fulanos de lujo
16.06.09 @ 19:28:05. Archivado en Cultura, Sociedad
Cristiano Ronaldo es un tipo guapo, para qué negarlo. El brillo de sus ojos eclipsa al propio sol, su sonrisa es capaz de derretir los Polos y en sus abdominales podrían partirse nueces, qué digo nueces; cocos. En fin; que el tipo es todo un sex symbol. Como futbolista, a mi juicio, no le llega ni a la suela de los zapatos a Maradona, ni a Pelé, ni siquiera a nuestro Iniesta, claro que Iniesta no es tan agraciado físicamente y no sale en la tele más que cuando mete un gol bonito. Debido a ese tirón mediático, nunca habrá ningún club de fútbol dispuesto a pagar 96 millones de euros por Inista, pero sí por comprar a Ronaldo. Y es que Ronaldo no es sólo un jugador de fútbol, es una marca comercial, un chorreo constante de ventas de camisetas.
En este fichaje –que ya se ha convertido en el más caro de toda la historia- habría que diferenciar tres aspectos: el comercial, el deportivo y el ético. En cuanto al aspecto comercial, y a pesar de esos 96 millones de euros tan escalofriantes, este precio de compra quizá no sea tan desorbitado, porque –seguramente- la compra de Ronaldo generará al Real Madrid tanto dinero como el invertido o más. En cuanto al aspecto deportivo, parece complicado imaginar que un jugador de fútbol valga tanto, porque un jugador difícilmente gana títulos él solo. Pero lo más difícil, sin duda, es determinar si, desde el punto de vista ético, se puede pagar por un jugador lo que otro club tiene de presupuesto para 20 años, o 100 veces más que lo que un cirujano cobrará en toda su vida o 5000 veces el presupuesto de un colegio para todo un curso. Pues, visto así, no parece muy ético. Pero, a pesar de que no sea muy ético, eso no es lo peor.
Hace unas semanas, la cadena de televisión “Cuatro” emitió un programa muy interesante sobre Marbella. En él, aparecían cientos de ricachones tostados por el sol en su vida diaria de fiesta en fiesta. Según los testimonios, las botellas de champán que se vendían en esas fiestas costaban alrededor de 700 euros, y muchos de esos ricachones de cuerpos pellejosos se gastaban cerca de 10.000 euros al día en botellas de champán, la mayoría del cual acababa chorreado por encima de hermosas jovencitas entangadas de pechos siliconados. Todos esos ricachones y ricachonas acudían de fiesta en fiesta en sus flamantes coches de 100.000 euros, y el precio de sus móviles superaba con creces el sueldo medio de un ciudadano europeo de todo un año.
En fin; ¿es ético gastarse 96 millones de euros en un jugador de fútbol? Pues no. Pero lo peor, teniendo en cuenta la deuda que tienen adquirida los clubes de fútbol con el estado –es decir; con usted y conmigo-, es saber cuánto nos va a costar a todos este fichaje. Pero lo más grave aún es el grado de descomposición ética que sufrimos los países ricos, donde aceptamos que la riqueza pertenece a unos pocos, y que ese grado de posesión les otorga el derecho a gastarse 700 euros en una botella de champán para echárselo por los pezones, mientras que los que trabajamos para ellos y los hacemos ricos sólo podemos derramarnos agua del grifo. Por eso, a mí me importa un pimiento el dinero que gane este chaval de 24 años, lo que me da asco es verlo chuleándose de discoteca en discoteca, gastándose 6000 euros por noche en un hotel de lujo con una fulana de lujo por darle patadas a un simple balón, mientras la niña que cose con su mano el balón con el que él se chulea cobra tan sólo 70 céntimos de euro.
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