El valor de las cosas
26.05.09 @ 12:29:24. Archivado en Cultura, Sociedad
Las cosas no tienen un valor por sí mismas; somos los seres humanos los que les otorgamos un determinado valor. Puede pensarse que ese valor se lo damos según la riqueza que pueda generar esa cosa en concreto, pero no es así. En realidad, le damos valor según su escasez. Así, por ejemplo, podemos decir que el oro vale mucho. ¿Por qué? Pues porque hay poco. Si hubiese oro hasta en los cubos de basura, el oro no valdría nada. Lo mismo le pasa al petróleo, al gas natural o a la inteligencia; que hay escasez. Dentro de muchos años, por ejemplo, el agua tendrá un valor incalculable, porque comenzará a escasear. Eso es así en el aspecto más tangible. Pero, ¿qué pasa en el ámbito más humano o espiritual? Pues tres cuartos de lo mismo.
Una de las cosas que más valoramos los seres humanos son las buenas parejas; esas parejas que le hacen sentir a uno una persona especial, único en el mundo. ¿Por qué valoramos las buenas parejas? Pues porque no hay. Encontrar una pareja que reúna unas condiciones mínimas es algo ciertamente difícil hoy en día. Lanzarse a la calle o a la discoteca del barrio para encontrar una buena pareja es algo semejante a montar una expedición para encontrar el tesoro de los Incas, es decir; una aventura perdida de antemano. Los que no pecan de una cosa, pecan de otra. O pecan de todo.
Todo esto viene a cuento porque el otro día, en un programa de televisión, el presentador y el entrevistado –dos hombres heterosexuales y sin ninguna relación amorosa de por medio- se dieron un beso en la boca. Luego, entre broma y broma, una de las invitadas se levantó y le dio un beso en la boca al presentador, pero con mayor efusión. No contenta con ello, se dio la vuelta y le dio otro beso en la boca al primer invitado. En definitiva, que todo el que estuviese de público en aquel programa corría el riesgo de ser besado en los morros en aquella orgía de besos sin fin. Pero, ¿dónde está la relación?, se preguntarán ustedes. Pues muy fácil. En este caso, todas las personas implicadas en la orgía besucadora otorgaban al beso en la boca un valor inferior al que ha tenido hasta hace unos años. Por eso, los besos en la boca hoy ya no se llaman besos, se llaman “picos”, que es un modo de rebajar su valor o lo que el beso implica. Dar un beso en la boca antiguamente significaba cierto compromiso emocional, y por tanto tenía mucho valor. Hoy vas por la calle y, como te descuides, te da un beso en la boca hasta el frutero bigotudo del barrio. Y, entonces –se preguntarán ustedes- ¿a qué se le da el valor en este caso? Pues muy fácil: a la modernidad. Si le das un beso en la boca a un ser vivo hoy por hoy no significará que sientes nada especial hacia él, porque todo el mundo se da “picos” a diestro y siniestro. Pero sí significará que eres alguien moderno, que está al día, que no se corta en dar “picos” a hombres, mujeres o animales, que está a la última, es decir; al que todo se la suda un huevo.
En este sentido, las tetas antes, cuando no había, tenían un cierto valor. Ahora que ya hay tetas hasta en las tostadas del desayuno, ya no valen nada. Lo mismo nos sucede con los besos en la boca, o con las relaciones sexuales, que como hay tantas y con tantos ya no sabemos exactamente ni para qué nos valen.
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