El pitillo de después
14.05.09 @ 20:27:35. Archivado en Política
Harvey Graham, en su libro “Historia de la cirugía”, cuenta la historia de un remedio del siglo XVII que se llamaba “pomada para el arma”. Los ingredientes eran los siguientes: partículas de momia, gusanos de tierra, polvos de imán, sesos de cerdo y musgo formado en el cráneo de un ajusticiado. Lo curioso del asunto, aunque parezca mentira, no está en los ingredientes del ungüento en sí, sino en su aplicación, ya que esta pomada no se aplicaba a la herida, sino al arma que la había producido. Cuando los cirujanos tenían el arma, le aplicaban la pomada y la vendaban bien, renovando ese vendaje cada dos o tres días hasta que el paciente se restablecía. El caso es que se demostró que se curaban más heridos con este método que con las operaciones de los cirujanos. ¿Magia? Pues no; teniendo en cuenta que los cirujanos de la época operaban en unas condiciones de higiene lamentables, lo normal era que los heridos cogiesen una infección tan grande que acabase por matarlos. La eficacia que se le atribuía al ungüento era, en realidad, mérito de la ausencia de la intervención médica que provocaba el pus en el herido.
Ahora, la ministra de Sanidad y Política Social, Trinidad Jiménez, y su compañera del ministerio de Igualdad, Bibiana Aído, han vuelto a resucitar la “pomada para el arma”, solo que ahora se llama “la píldora del día después”. Los datos dicen que en España hay una cantidad inmensa de embarazos no deseados, especialmente entre menores de edad: en 2007, de los 112.000 abortos que se realizaron, más de 6.000 correspondieron a chicas menores de 18 años, más de 4.000 niños nacieron de madres menores y, en total, se produjeron 10.500 embarazados en jóvenes que no superaban los 18 años. Además, 500 adolescentes menores de 15 años interrumpieron voluntariamente su embarazo. Sin embargo, esa no es la herida; es sólo la consecuencia. La herida es –a parte de los fallos-, unas veces, la falta de conocimientos que tienen algunas personas sobre medidas anticonceptivas; otras veces, una escasa madurez sexual, especialmente entre los jóvenes; en otras ocasiones, la falta de moral que tienen muchas personas sobre las consecuencias de sus actos; en otras ocasiones, lo fácil que resulta abortar; y, otras veces, todo eso unido. Sin embargo, los socialistas –parece mentira- en vez de atacar la herida –que es la correcta educación sexual de los ciudadanos y la exigencia de una moralidad social mínima-, han decidido curar el arma; es decir, curar las estadísticas. De este modo, a medida que el uso de la píldora del día después se tome de manera habitual, se bajará drásticamente el número de embarazos no deseados. Sin embargo, el problema seguirá siendo el mismo. De todo esto, especialmente grave -e irresponsable- es que esta píldora se venda a mujeres sin limitación de edad, ya que cualquier niña de doce o trece años podrá tomársela una, dos o tres mil veces sin ningún tipo de control médico. Y, a pesar de que ambas ministras insisten en que esta píldora es una fórmula anticonceptiva de emergencia y que no debe utilizarse como método habitual para prevenir embarazos, dudo que eso lo tengan muy claro aquellos que al salir de la discoteca se ponen a follar sin preservativo en el asiento trasero de un coche. En fin.
De todos modos, algo bueno sí va a tener esta medida, y es que el consumo de tabaco va a bajar considerablemente, ya que ahora, después del coito, en vez de fumar un pitillito, nos podremos tomar la dichosa píldora. Claro que el tabaco, al contrario que la píldora, no puede ser vendido a menores. Curioso.
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