No somos nadie
06.05.09 @ 18:35:10. Archivado en Sociedad, Educación
Hace unos días, en uno de esos curiosos programas de televisión del tipo “chico busca chica” y viceversa, el presentador presentaba a uno de los participantes del siguiente modo: “Se llama Fulanito de Tal y tiene un tatuaje y dos piercings”. Interesante presentación, pensé. Eso es como si yo mañana llevo a un amigo a cenar y le digo a mis padres: “Este es mi amigo; se llama Menganito y tiene una camiseta gris”. En fin. En un principio, he de reconocerlo, pensé que presentar a una persona por los complementos o añadidos en su aspecto exterior era una auténtica estupidez. Pero, a medida que avanzaba el programa, pude comprobar que, debido al nivel cultural e intelectual de los participantes, no era tal, ya que poco más podría decirse de aquellos ejemplares. Luego, en un proceso de reflexión más profundo, comprendí que -en realidad- aquella presentación tenía más sentido del que yo le había otorgado en un principio, ya que, hoy por hoy, la cantidad de los complementos que nos ponemos es casi lo único que nos define, ya que nuestro interior es ,cada día que pasa, más impresentable.
En la sociedad actual, en esa en la que es obligatorio estar a la última, a nadie le importa ya si una persona tiene unos valores determinados u otros. Tampoco importa si una persona es sensible, si es trabajadora, si le gusta mirar las estrellas, si le gusta la poesía o si le encanta darle de comer a las palomas en la plaza mayor de su pueblo. Lo que importa hoy por hoy es la imagen exterior; esa que viene impuesta por las grandes compañías de moda y en la que muchos caen como pardillos, repitiéndose en sus estéticas como robots clónicos. Si de repente se lleva el flequillo; millones de personas llevarán flequillo, aunque les quedé como el culo –con perdón-. Si se llevan los tatuajes; millones de personas se echarán a la calle para hacerse un tatuaje en una zona de difícil acceso, y ese será el tema de conversación principal con el resto de sus amigos, igual de tatuados que él. Si de repente se lleva ir con un lado de la camisa por fuera del pantalón; cientos de millones de personas llevarán un lado de la camisa por fuera, como si viniesen de trabajar de la obra y no de estar cuatro horas frente al espejo antes de salir a la calle. Y es que la estética ya no es una cuestión de camisas, camisetas, faldas o pantalones; es una cuestión de supervivencia vital.
Todo este movimiento trashumante de generaciones de clones abducidos por la moda resulta patético, y evidencia la falta de criterio total y absoluto que tienen muchas personas sobre cómo les gustaría ir vestidos o decorados, al margen de lo que imponga una moda. Pero sobre todo, evidencia el vacío interior que sufren muchas personas, que no saben ni quiénes son, ni de dónde vienen, ni adónde van, y que necesitan sentirse parte de un grupo antropológico determinado, como si ser uno mismo no fuese ya suficiente. Personas tremendamente influenciables, que –a pesar de ello- se creen libres en sus elecciones, y cuya única presentación posible, a falta de algún rasgo interior que los defina, es la cantidad de agujeros y de tinta chorreada que llevan en sus cuerpos mortales.
En definitiva; que el tipo del programa tenía dos piercings y un tatuaje, y era el puto amo de la pista. Pero si usted es como yo, que ni llevo piercings, ni tatuajes, ni me he operado los glúteos para ponérmelos a la altura del cogote, pues que sepa que, en esta sociedad del bisturí, usted y yo no somos nadie.
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