Dios viaja en autobús
04.02.09 @ 18:17:31. Archivado en Política, Religión
Hay quienes afirman que las religiones son las responsables y causantes de gran parte de las guerras y de la mayor parte de la historia más vergonzosa del mundo. Y no les falta razón. Lo que sucede es que detrás de las religiones casi nunca hay un dios, sino unos intereses bastante terrenales, y quienes gobiernan las religiones no son dioses, sino hombres. Por eso, los causantes de las guerras y de la historia más vergonzosa del mundo no son las religiones en sí, sino los hombres que utilizan la religión como arma para imponer sus políticas o su código ético, así como todos aquellos que, por unas razones u otras, los secundan. Gracias a ellos, las religiones han pasado de ser dogmas y creencias a convertirse en virus; un virus que necesita introducirse en la política y en la educación para poder subsistir y desarrollarse.
Por si ya tuviésemos pocas religiones en el mundo, en estos últimos años se está formando otra más: el laicismo. El laicismo es una doctrina que defiende la independencia del hombre, de la sociedad y del estado de toda influencia eclesiástica o religiosa, algo que es perfectamente respetable e, incluso, fundamental para cualquier democracia que se precie. Hasta ahí, todo correcto. Sin embargo, cuando el laicismo comienza a publicitarse, cuando dogmatiza y, sobre todo, cuando ataca, persigue o discrimina a los que tienen alguna creencia religiosa, entonces el laicismo se comporta del mismo modo que esas mismas religiones a las que tanto critica, convirtiéndose ella misma en una religión más.
En los últimos meses, las hostilidades entre los católicos y los laicistas han vuelto a resurgir en forma de autobús. El primero en aparecer fue el denominado “autobús laico”, el cual lleva un panel publicitario cuyo lema es “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”. Como no podía ser de otro modo, los católicos entraron a trapo calificando el lema de provocación y blasfemia, y contraatacaron con un “bus católico” –no confundir con cristiano- cuyo lema era “Dios sí existe. Disfruta de la vida en Cristo".
Discutir sobre la existencia de Dios a través de autobuses tiene más de sainete que de otra cosa, y dice bastante de la capacidad mental que poseen algunos. Si uno es creyente, no necesitará más que la fe para creer, y si no lo es, la existencia de Dios de manera científica parece difícil de demostrar. Pero lo que más me preocupa del asunto de los autobuses es ese inquietante lema: “Probablemente Dios no existe. Deja de preocuparte y disfruta la vida”; un lema que raya la estupidez o la mala intención. Porque sólo un estúpido o un demagogo puede afirmar que aquellos que creen en Dios se preocupan más o que no disfrutan de la vida. Además, por otro lado, si quienes pagaron el panel son realmente bienintencionados y lo que desean es abrir los ojos a los creyentes, deberían ampliar el cartel para decir que no sólo Dios no existe, sino que tampoco existe ni Alá ni Buda ni ningún otro.
En definitiva; que el problema, como decía al principio, no radica en la creencia religiosa de cada cual, sino en el uso que cada uno hace de esa creencia y, sobre todo, en esa cruel necesidad que tienen algunos de imponer su creencia a los demás. Algo, por cierto, que es totalmente contrario a cualquier fundamento religioso pero, también, a cualquier fundamento democrático.
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