El mismo origen
11.12.08 @ 09:25:50. Archivado en Sociedad
Al principio existían sólo los mirones, esos tarados que se escondían detrás de las tapias y de los cercados en busca de alguna escena tórrida que llevarse a su enfermo cerebro. Luego, con eso de la normalización de acometer actos sexuales en cualquier lugar público, ya fuera un parque, un portal o un váter, aparecieron los mirones con grabadora de video. Hoy en día, el número de adeptos a este tipo de prácticas de “voyerismo” ha aumentado, en justa consonancia con la estupidez y la degeneración que sufre el ser humano. Bien es cierto que entre el enfermo de antes y el capullo de ahora hay significativas diferencias; mientras el enfermo de antes podría considerarse una especie de investigador de campo en busca de escenas subidas de tono en lugares públicos, el capullo actual es un violador absoluto y criminal de la intimidad de las personas.
Según hemos sabido, hace unas semanas un joven fue sorprendido mientras grababa en el interior de un probador de un centro comercial. Para ello, usaba una micro-cámara, y todo lo que iba grabando iba siendo enviado vía bluetooth a un reproductor MP4 que tenía en su bolsillo. Y es que la tecnología es como la miel; no está hecha para la boca del asno. La forma de cometer semejante fechoría era la siguiente: el chico entraba a los vestidores con alguna prenda, ocultaba la micro-cámara en un zapato vacío y, aprovechando el despiste de las mujeres que se estaban probando alguna prenda, lo deslizaba por debajo de la puerta del probador. Con esta técnica propia de una mente enferma se hizo con más de tres horas de grabación. Posteriormente, enviaba las imágenes a una de esas múltiples páginas de Internet que publican este tipo de material vulnerando la legalidad impunemente sin que los gobiernos sean capaces de meterles mano, en el buen sentido de la palabra.
Al parecer, este tipo de prácticas –sobre todo con las cámaras de teléfonos móviles- comienza a ser frecuente entre jóvenes y adolescentes. Abren las cortinas de los probadores de las tiendas, sacan una foto furtiva y se dan a la fuga. Luego las cuelgan en Internet o las envían vía mensaje a sus coleguillas de turno, tan agilipollados como ellos mismos. Porque, eso sí; casi todos los que realizan estos actos son hombres; esos seres tan machos para violar, abusar, pegar o humillar y tan cagados para todo lo demás.
Lo que sucede con este tipo de casos resulta curioso. Casi con total seguridad, todos estos hijos de su madre que sacan fotos de mujeres en los probadores, vulnerando su intimidad al sacarles la foto, y –posteriormente- volviéndola a vulnerar colgando las imágenes en Internet, entrarán por una puerta del juzgado y saldrán por la otra. Y digo que resulta curioso porque nos lamentamos por las mujeres que han sido asesinadas a manos de sus parejas –más de 200 en los últimos tres años-, pero no nos damos cuenta de que este terrible drama tiene una raíz; el desprecio por la mujer como ser humano, la idea de la mujer como simple objeto sexual, la potenciación de los roles sexistas y discriminatorios. En este sentido, sacar fotos de una mujer en un probador violando su intimidad y asesinar a una mujer tienen, al fin y al cabo, el mismo origen; el desprecio por la mujer. Así que, si no queremos seguir llorando muertes de mujeres inocentes a manos de sus parejas, debemos atajar el problema de raíz; primero, desde la educación y, luego, con todo el peso de la justicia, incluso en casos que puedan parecer menores. Porque cuando no se ataja el principio, siempre se acaba llorando el final.
Comentarios:
Una cosa es echar una miradita, algo tan natural como la vida misma, incluso tener ese puntito "vouyer", y otra cosa es ser un cabrón mal nacido que viola la intimidad de las personas impunemente. Eso es delictivo. Y con el no fortalecimiento de las condenas,además,tenemos lo que tenemos; España: paraíso de mafias y delincuentes.
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