La cúpula de los hambrientos
20.11.08 @ 09:20:22. Archivado en Política, Sociedad
Para mi desgracia, no tengo 20 millones de euros. O si lo prefieren, tres mil millones de pesetas. Pero si los tuviera, no los gastaría en financiar la famosa cúpula de Miquel Barceló en la nueva Sala de los Derechos Humanos y la Alianza de las Civilizaciones. Esto se debe a que soy un inculto absoluto en cierto tipo de arte que se da en la actualidad. Soy tan insensible para este tipo de arte que por mucho que mire y remire, yo en la cúpula de Barceló no veo más que chorretones de pintura, una plasta informe muy parecida a lo que dejan los alumnos en las clases de plástica cuando trabajan con témperas. Claro que ellos no se llaman Barceló. Puede que el resultado final haya quedado bonito, no lo niego, pero no lo calificaría como arte. Y, mucho menos, pagaría tanto por ello. A mi juicio, en una obra de arte no cabe la arbitrariedad, y está claro que tampoco caben las mangueras a presión. Sin embargo desde que una bolsa de basura expuesta en el famoso museo británico Tate Britain fue calificada como una obra de arte, cualquier cosa puede serlo. Así que no se desanime; cada vez que usted vaya con sus zapatillas a tirar al contenedor la basura acumulada en su casa, no piense en que está realizando una tarea propia del hogar; considérese un artista aún por descubrir.
Dicen de la famosa cúpula de la ONU que es la “nueva Capilla Sixtina”, una calificación un pelín exagerada si juzgamos las técnicas utilizadas y el resultado final. Pero esa no es la mejor definición. Por ejemplo, Zapatero señaló que la escultura-pintura de Barceló era "una metáfora del mundo". Y es cierto, solo hay que ver cómo está el mundo. El ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, se refirió a la cúpula como "una grandiosa obra" que simboliza el "multilateralismo eficaz". Lo siento, pero eso no sé lo que es. Por su parte, Ban Ki Moon, el secretario general de la ONU, después de agradecer el regalo de España –supongo que con esa sonrisa estúpida de quién recibe una camiseta tipo “estuve en la ONU y me acordé de ti”- calificó la cúpula como una "obra de arte innovadora y radiante". Seguramente, no supo qué más decir. El rey Juan Carlos, el pobre, dijo que aquello representaba una obra "de carácter global, unitario e indivisible". Supongo que lo de indivisible lo dijo porque para la realización de la obra se utilizaron más de 35.000 litros de pintura, chorreados a lo bruto con manguera. Para terminar, el artista Miquel Barceló explicó que el significado de su trabajo era una superficie curva que era al mismo tiempo "un mar y una gruta, la unión absoluta de contrarios". Como la velocidad y el tocino.
Sin embargo, la polémica suscitada por la cúpula de Barceló no tiene nada que ver con temas artísticos. La polémica se debe a que, de los 8 millones de euros aportados por España para la financiación del 40% de la obra, unos 500.000 euros han salido de los fondos que nuestro país dedica a la ayuda al desarrollo (FAD). Y es que ser solidario es jodido. Si gastas 8 millones de euros en ayudar a aquellos que tienen problemas –que también los hay en España- no sales en ninguna foto, y hay quién prefiere las fotos a la solidaridad, a pesar de que luego se llenan la boca hablando de socialismo.
De todos modos, lo positivo de todo el asunto es que la obra de Barceló está en sintonía con lo que hace la ONU; un organismo repleto de vividores incapaces de solucionar ni un solo problema del mundo. Y es que la cúpula de Barceló, lo que verdaderamente debería representar, no es ni el mundo, ni el multilateralismo, ni cosas por el estilo, sino una gran boca abierta llena de hambre.
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