Malos cimientos
13.11.08 @ 09:22:06. Archivado en Política, Economía
España es el país de la Unión Europea donde más crece el paro, y se calcula que para el 2009 se convierta por méritos propios en el país con más paro de toda la OCDE. Esa es la consecuencia. La causa es que España vive como un país desarrollado pero tiene la política laboral de un país subdesarrollado. Y me explico.
Está claro que esta crisis que padecemos es una crisis mundial, lo que sucede es que, mientras muchos países desarrollados están conteniendo –incluso bajando- el índice de paro, en España se han destruido en octubre unos 193.000 empleos. De una manera simplificada, se podría decir que la diferencia entre otros países y el nuestro se debe a que la economía española depende casi exclusivamente de la construcción. Sobre este sector, poco se puede decir que no se sepa; los edificios han crecido a lo largo y ancho de nuestro territorio como una plaga de champiñones y, como consecuencia de la jugosa demanda, los constructores aprovecharon para encarecer el precio de la vivienda una media de un 130 % en diez años. Casi nada. Además, como ya es habitual en nuestro carácter, a la sombra del crecimiento de la construcción se han cobijado un número elevado de constructores ladrones y de políticos corruptos, con destacados alcaldes a la cabeza. Sin embargo, se dice que el sector de la construcción ha generado riqueza, y es cierto. Entonces, cómo se puede entender que en apenas seis meses se haya desinflado toda una ganancia de diez años de bonanza; ¿dónde está todo ese dinero?
Por otro lado, la construcción masiva ha generado empleo masivo de segunda fila, con trabajadores escasamente cualificados –por no decir nulamente- que aprovecharon el crecimiento económico para ganar unos buenos sueldos. De hecho, a lo largo de estos últimos años, hemos podido comprobar cómo millares de jóvenes abandonaban sus estudios para buscar un empleo en la construcción, donde no se exigía preparación alguna. Incluso había quien se mofaba de aquellos que seguían estudiando una carrera o una formación profesional, porque ellos, sin estudios, cobraban bastante más que los que se habían pasado años estudiando. Y ahora, humo; mano de obra barata sin preparación a la cual es muy difícil recolocar en otros sectores. Un claro ejemplo de qué filosofía laboral tercermundista tenemos en nuestro país.
Por otro lado, los gobiernos centrales, las comunidades autónomas y los ayuntamientos han permitido y potenciado el crecimiento exagerado y la dependencia excesiva del sector de la construcción, sin pensar en una política laboral de futuro, porque les iba muy bien mientras aprovechaban para forrarse recalificando terrenos y cobrando impuestos, cuando no recibiendo comisiones. Y ahora que la gallina de los huevos de oro está gravemente enferma, todos aquellos que no hemos podido adquirir una vivienda por sus precios desorbitados y aquellos que la han adquirido hipotecando sus vidas cuarenta años, tenemos que contemplar atónitos cómo parte de nuestros impuestos van destinados a mantener un sector que se está desangrando y que tanto daño nos ha causado en estos últimos diez años. Y es que muy pocos querían darse cuenta de que la construcción desmesurada y salvaje no era el futuro; era la hipoteca.
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