Palabras reales
06.11.08 @ 09:50:49. Archivado en Política, Sociedad
El cumpleaños de la Reina Doña Sofía ha venido este año calentito, calentito. Y todo gracias a la periodista Pilar Urbano, que acaba de publicar otro libro más sobre la esposa del Rey, titulado "La Reina muy de cerca". El caso es que, tras las palabras de la Reina recogidas en el libro sobre algunos temas de actualidad, se ha desatado toda una marabunta de declaraciones a favor y en contra de que la Reina pueda dar su opinión. Tal ha sido el alcance de la polémica que todos los sectores de la población han querido dar su dictamen; desde algunos políticos que viven a costa del estado mientras se duermen en el Parlamento, pasando por actrices frustradas a las que no conoce ni el pupas, hasta llegar al típico ejemplar hispánico que con un resfriado de dos días coge una baja de un mes. Y es que opinar, como el respirar, es gratis.
Es difícil poder precisar dónde empieza la faceta pública de la Reina y dónde la faceta privada –que también la tendrá-, pero, a fin de cuentas, las opiniones recogidas en el libro no suponen en sí una declaración institucional. Y, al fin y al cabo, aunque algunos sigan anclados en reivindicaciones medievales, los reyes de hoy en día no pintan gran cosa en la vida política, y para nuestra fortuna no tienen capacidad ni para legislar ni para que sus opiniones políticas o morales influyan en las decisiones de los diferentes gobiernos. Aún así, hay quien piensa que la Reina debería ser más prudente a la hora de abordar algunas cuestiones sociales como el matrimonio homosexual o la eutanasia, y que -debido a su cargo- no debería opinar sobre ciertos temas. Y respeto esta opinión. Otra cosa son esos demagogos que critican que la Reina opine, única y exclusivamente porque no opina igual que ellos, algo muy propio de ese carácter dictatorial que se esconde hoy en día detrás de algunos personajes que se autodefinen como progresistas pero que en realidad son feligreses del pensamiento único. Todos estos, si la Reina hubiese opinado igual que ellos, aplaudirían la valentía de la Reina y la pondrían como ejemplo de democracia y tolerancia.
El problema que hay detrás de algunas opiniones que critican a la Reina es un problema de honestidad, algo que a muchos ni les suena. Por ejemplo, en el caso de los matrimonios entre homosexuales, hay quienes acusan de fascistas o de ir en contra de la libertad a aquellos que se oponen a llamarle matrimonio. Yo sería el primero en apoyar que se le conceda ese nombre, sin embargo, también es del todo razonable que otros sectores que poseen un marcado carácter católico –confesión mayoritaria en España- opinen que la unión entre personas de un mismo sexo no debería llevarlo, ya que el origen etimológico es la expresión "matri-monium", es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo contrae para poder ser madre dentro de la legalidad. Y tan respetable como mi opinión –siempre que sea fundamentada en la razón y el respeto- es la de quien no opina como yo. Y esa falta de respeto a la opinión ajena sí que es una dictadura moral.
En fin; que la Reina acaba de cumplir 70 años y muy bien llevados. Y yo entiendo que estar callada 70 años sin poder decir lo que piensa de la evolución social –o involución- de su país -tan suyo como de todos los demás- tiene que ser fastidiado. Pero es que, además, señores, vivimos en un maravilloso lugar donde quemar fotos de los reyes o pasarse la bandera por el culo es considerado como un acto de libertad de expresión. Eso sí que es verdadera democracia.
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