Por una historia limpia
30.10.08 @ 09:17:52. Archivado en Política
Cuando uno se detiene frente al Museo Nacional de Praga, a parte de la belleza de la construcción, una de las cosas que más le llama la atención es la infinidad de marcas blanquecinas que hay a lo largo de todo el frontal y que contrasta con el color marrón grisáceo del edificio. Se trata de los restos de las balas incrustadas durante los tiroteos en la llamada Primavera de Praga de 1968. A pesar del paso de los años, se han dejado las marcas de las balas, no porque durante todo este tiempo no hubiese dinero para reparar los desperfectos, sino como recuerdo histórico.
Auschwitz es, posiblemente, el edificio más doloroso de toda la humanidad. Las atrocidades allí cometidas le otorgan ese título. Cuando uno entra al campo de concentración de Auschwitz, se lo encuentra más o menos tal y como estaba en 1945, cuando fue liberado por el ejército soviético. Sólo imaginar la situación que allí padecieron millones de personas es suficiente para sentir un sobrecogedor estremecimiento recorriendo todo el cuerpo.
El 10 de junio de 1944, como represalia por el Desembarco de Normandía, una división formada por 150 soldados alemanes fusilaron a todos los habitantes masculinos de la ciudad francesa de Oradour sur Glane y quemaron vivas a las mujeres y los niños encerrándolos en la iglesia. Sesenta años después, uno puede encontrar el pueblo tal y como quedó aquel fatídico día, ya que los pocos supervivientes fundaron el pueblo nuevo anejo al antiguo y dejaron éste intacto.
La cárcel de Carabanchel fue uno de los símbolos de la represión de la dictadura de Franco. Sin embargo, ahora es un solar lleno de escombros. Hay quienes opinan que la demolición de la cárcel es un gran acontecimiento. Y es una opinión del todo respetable. Sin embargo, una vez que Franco ya cría malvas y gusanos, y que la democracia ya está más que enraizada en la sociedad, la cárcel de Carabanchel debería ser un símbolo histórico; el símbolo de lo que nunca debe volver a repetirse. Yo no sé si hay gente tan estúpida que quiere ganar batallas a los muertos, o que crea que demoliendo realidades construyen otra distinta, pero lo que parece claro -a juzgar por su repulsión hacia la historia- es que si Zapatero y sus palmeros gobernasen el mundo derribarían Auschwitz para construir pisos de 30 metros cuadrados, demolerían el Museo Nacional de Praga para construir un nuevo edificio donde celebrar los encuentros de la Alianza de las civilizaciones, y donde está el pueblo de Oradour sur Glane harían una parada del AVE.
La historia de la humanidad es, en una gran parte, una historia que causa –como mínimo- vergüenza, mucho más en el caso de una guerra civil como la que padecimos en este país. Sin embargo, la historia es la historia, y los edificios y pueblos reflejan en sus muros las heridas sufridas por su población durante los años de guerras y revoluciones, y este aspecto les dota de un carácter mayor que la belleza del edificio o el estilo de la construcción o la finalidad del mismo en sus tiempos más crueles.
Dicen que conocer la historia –aunque sea dolorosa- es importante para no volver a repetir los errores del pasado y para recordarnos de dónde venimos. De seguir así, dentro de cien o doscientos años, nuestros descendientes pasearán por las calles de una España sin recuerdos de la Guerra Civil o del franquismo, como si todo lo sucedido hasta entonces –sangre incluida- hubiese sido en balde.
Comentarios:
No se debe vivir en el pasado, cociendo rencores que solo producen úlceras, pero tampoco se debe olvidar que si no hubiera existido ese pasado no viviríamos como vivimos y sobre todo NO SERÍAMOS QUIENES SOMOS. Dentro de unos años... ¿qué enseñaremos a nuestros hijos?
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