El último grito

La gentebasura

09.10.08 | 09:04. Archivado en Televisión

Con la llegada de la décima edición del programa “Gran Hermano” de la fábrica de Telecinco y de la entrevista a Violeta Santander –la novia del hombre que agredió al profesor Neira- en el también programa de Telecinco “La Noria”, la polémica sobre la telebasura ha vuelto a resurgir. Sería difícil decir qué es la telebasura. El profesor de periodismo Carlos Elías Pérez de la Universidad Carlos III de Madrid, en su didáctico libro “Telebasura y periodismo”, define la telebasura como “una forma de hacer televisión caracterizada por explotar el morbo, el sensacionalismo y el escándalo como palancas de atracción de audiencias”; una definición más que acertada.

Cuando se habla de telebasura casi siempre se citan programas como “Operación Triunfo”, “Gran Hermano” o “Crónicas Marcianas”. Yo no sé si estos programas son telebasura o no, ya que su finalidad –al margen de captar audiencia- es, de un modo u otro, el puro entretenimiento, sea cuál sea el formato. A mi juicio, son mucho más peligrosos esos programas recubiertos de un cierto aire intelectualoide, con contertulios de baja estofa, que generan opinión formal, pero que rezuman mugre por los cuatro costados, como “La Noria”. Y también algunos magazines mañaneros que se presentan inofensivos pero que poseen un alto contenido de inmundicia. Y también aquellos programas cuya finalidad es sencillamente hacer apología, como el ya difunto “Noche Hache”. Eso sin olvidar a ciertos informativos, algunos de los cuales parecen simples panfletos del PSOE o del PP.

Pero el problema de la telebasura no es el programa en su aspecto abstracto, sino la gente que lo realiza, la gente que lo presenta o la gente que lo publicita; aquellos que –siguiendo la definición de Carlos Elías- hacen una televisión caracterizada por explotar el morbo, el sensacionalismo y el escándalo como palancas de atracción de audiencias; esa gente con nombres y apellidos carentes de moral que se alimentan de la bazofia que generan. Entre ellos, esa gente capaz de pagarle 70.000 euros a una mujer histérica para que despotrique contra un profesor, hoy en coma, que la había defendido de su novio a las puertas de un hotel. O esa gente que acepta presentar un programa repugnante a cambio de unos nada despreciables 18.000 euros por programa. O esos directores que dan cabida en sus programas a pedorras que enseñan las tetas en Interviu, a frikis y a famosetes de tres al cuarto. O esas empresas dispuestas a pagar 13.000 euros por un anuncio de 20 segundos en los intermedios de esos programas mugrientos. O esa gente como la irascible María Antonia Iglesias -directora de Informativos de TVE en tiempos de Felipe González-, que es capaz de llamar “cabrón” en público a otro contertulio. O la gran mayoría de los contertulios –intelectuales de la “Super Pop”- que se forran de programa en programa soltando basura por la boca.

En definitiva; que no hay robos sin ladrones, corrupción sin corruptos ni telebasura sin gentebasura. Son ellos los auténticos responsables de la situación de la televisión actual. Ellos, y todos esos espectadores que sufrimos una parálisis corporal que nos impide mover un dedo para apagar la televisión y charlar con nuestros hijos; esos espectadores que incapacitados para otro tipo de ocio hemos elegido el “show” a la vida.


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