Por una historia limpia
30.10.08 @ 09:17:52. Archivado en Política
Cuando uno se detiene frente al Museo Nacional de Praga, a parte de la belleza de la construcción, una de las cosas que más le llama la atención es la infinidad de marcas blanquecinas que hay a lo largo de todo el frontal y que contrasta con el color marrón grisáceo del edificio. Se trata de los restos de las balas incrustadas durante los tiroteos en la llamada Primavera de Praga de 1968. A pesar del paso de los años, se han dejado las marcas de las balas, no porque durante todo este tiempo no hubiese dinero para reparar los desperfectos, sino como recuerdo histórico.
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