La paja en el ojo ajeno
24.09.08 @ 18:32:54. Archivado en Educación
Con el inicio del curso escolar, las Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos han aprovechado para pedir menos vacaciones escolares con la intención de que, por un lado, se pueda conciliar la vida escolar y familiar y, por otro, mejorar la calidad de enseñanza. Un debate muy interesante, ciertamente, aunque lleno de una hipocresía que asusta. Para empezar, con respecto a las vacaciones escolares, lo primero que habría que señalar es que –en números absolutos- es completamente falso que en nuestro país los alumnos tengan más vacaciones que en el resto de Europa. Sí en verano, pero no a lo largo del año. Y, en cuanto a las horas lectivas, España está a la cabeza, lo cual tampoco ha hecho mejorar la calidad de enseñanza. Otra prueba más de que un aumento en la cantidad no conlleva una mejora de la calidad, es que los alumnos de hoy tienen más materias que antaño, lo cual no sólo tampoco ha hecho mejorar la enseñanza, sino que la ha saturado. Antes se aprendía con un solo libro, y se aprendía más y mejor. Además, desde que los países estamos tan desarrollados, los niños no tienen vacaciones. Tienen piragua, campamentos y una infinidad de actividades diarias para que no molesten. Pero, sobre todo, tienen las llaves de su casa en la mochila, para poder abrir la puerta de un hogar completamente vacío cada vez que salen del colegio. Niños que viven y se sienten solos. En definitiva; tienen días libres, pero no tienen vacaciones, porque las vacaciones son otra cosa.
Para mejorar la calidad de enseñanza, entre otras cosas, debe clarificarse un currículo saturado que olvida reforzar los elementos más esenciales de una educación primaria; la lectura, la escritura, la expresión, el cálculo, etc. Por otro lado, también se consigue mejorando la nula calidad que reciben los futuros maestros en las aburridas y frías aulas de su facultad, con profesores escasamente preparados, que imparten asignaturas que desconocen por eso de completar horario. Luego, con más tiempo para la formación real del profesorado, con más recursos humanos y económicos, y con una inversión que, si bien no es del todo escasa, está horriblemente gestionada por la cancerígena burocracia que existe en las administraciones públicas de este país de las Autonomías.
Con respecto a la conciliación de la vida escolar y familiar, pues qué decir que no resulte doloroso. Es cierto; muchos padres no tienen tiempo para ocuparse de sus hijos. Y muchos otros, no tienen ni tiempo ni ganas. Lo que desean una parte de los padres de este país –hipocresía aparte- no es mejorar la calidad de enseñanza –para eso nunca se manifiestan-; lo que quieren es que los centros educativos se conviertan en centros de guardia y custodia, y que los maestros dejen de ser maestros para convertirse en limpiadores de mocos. Por supuesto que tal vez habría que pensar en abrir los centros antes del horario establecido para que muchos padres puedan dejar a sus hijos en un lugar seguro antes de irse a trabajar; y cerrarlos a las nueve de la noche, ya cenados y duchados, para no tener que delegar la recogida del niño en la abuela o en una asistenta extranjera sin papeles. Pero señores; no mezclemos cantidad con calidad, ni llamemos a eso calidad de enseñanza, ni reclamemos a los maestros esos menesteres.
Y hablando de cantidad y calidad, sería importante que los padres de hoy en día –que no tienen cantidad- comiencen a reflexionar sobre la calidad del tiempo que comparten con sus hijos, la educación que les dan y los valores que les trasmiten. Porque, en realidad, los hijos de hoy se han convertido en una responsabilidad de tercer grado, justamente detrás del gimnasio, del cafelito de la tarde y del partido de la Champions. Una pena.
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