Pedro y Violante
10.09.08 @ 17:36:33. Archivado en Sociedad
Cuando era pequeño, a veces veía pasar por detrás de la casa de mis padres algunos zorros seguidos por sus cachorros recién nacidos. Era una estampa inolvidable, llena de una ternura sin igual. En otras ocasiones eran ciervos o jabalíes lo que veía. Puercoespines, salamandras, petirrojos, conejos salvajes, tórtolas y un sinfín de animales revoloteaban alrededor de la casa de mis padres, protegidos por el bosque que la rodeaba. En aquella casa pasé veranos inolvidables, leí mi primer libro, hablé por primera vez con mi padre de “hombre a hombre”, tuve mi primer gato. Yo mismo ayudé en la construcción de aquella casa, a pesar de tener tan sólo 12 años, acarreando tierra, ladrillos y arena en una carretilla de un lado a otro. Hace unos años, el ayuntamiento decidió que en aquel bosque venía de puta madre un polígono industrial, y ya es rara la vez que un zorro se pasea por el jardín de la casa de mis padres o que los conejos vienen a comer el pan que mi madre les deja con nocturnidad en un pequeño plato de metal.
Aunque cada vez menos, todavía hay cosas que no tienen precio. ¿Quién en su sano juicio pondría precio a sus recuerdos de infancia? ¿Quién se atrevería a tasar su juventud? ¿Cuántos euros vale la charla de un abuelo con su nieto en el porche de la casa familiar? ¿Por cuánto estaríamos dispuestos a hipotecar una noche de invierno cargada de ternura al lado de nuestra pareja frente al calor de una chimenea?
Pedro y Violante son dos personas de casi 90 años que hasta hace unos meses vivían en su casa en plena huerta murciana desde 1946. Sin embargo, el 26 de abril de 2006 el ayuntamiento de Murcia decidió que, justo por su casa, estaría de puta madre que pasase una avenida; una avenida a la que se le acoplará a ambos lados cientos de preciosas ratoneras en forma de pisos de 60 metros cuadrados. La casa de Pedro y Violante fue tasada por el ayuntamiento en 163.034 euros –eso es lo que vale toda una vida-; una cantidad que les daría para pagar un alquiler durante 18 meses y, con el resto, optar a un piso protegido. Su abogado, en un último intento, solicitó al juez que, en vez de un piso, el ayuntamiento les diese al menos una casa parecida, humilde pero en la ya casi arrasada huerta murciana. El juez –de esos jueces con mayúsculas- les dio la razón y paralizó el realojo. Sin embargo, el ayuntamiento recurrió al Tribunal Superior de Justicia de Murcia porque "se estaba condenando al ayuntamiento a buscar casa en la zona, cosa difícil puesto que era una zona de crecimiento de la ciudad, donde las viviendas de similares características están llamadas a desaparecer". El Tribunal –cómo no- dio la razón al ayuntamiento, recalcando el “perjuicio al interés general” que estaban ocasionando Pedro y Violante. Y es que ya se sabe lo peligrosos que pueden ser dos nonagenarios armados con sus dentaduras postizas, nada que ver con esos asesinos, pederastas y violadores que sueltan a diario la panda de jueces inútiles que tenemos que soportar –y mantener- en este país.
Es evidente que el desarrollo –cuando depende de jueces, políticos y constructores- es incompatible con la humanidad y con la naturaleza. Según estos colectivos, es más importante una avenida transitada por miles de vehículos anónimos que las charlas nocturnas de dos abuelos con sus nietos en el porche familiar, o que sus noches de ternura frente al fogón, o que sus recuerdos infantiles. Y es fácil comprender su necedad, porque estos colectivos –por norma general- carecen de escrúpulos, de sentido común y de humanidad. Y carecen de todo ello porque ya hace tiempo que vendieron su alma para edificar en ella hermosos “resorts” repletos de billetes. Pura basura. Ojalá algún día se les atragante tanta estupidez y tanto ladrillo.
Comentarios:
Únicamente indicarte que creo que hay una pequeña errata. No es el Tribunal Supremo el que resolvió esta apelación sino el Tribunal Superior de Justicia de Murcia.
Un saludo,
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