La otra España
25.06.08 @ 12:37:20. Archivado en Política
España está dividida en pequeñas pseudo-democracias. O en comunidades autónomas, que es casi lo mismo. Se entiende, por el contexto histórico, el surgimiento de nacionalismos periféricos allá por el siglo XIX, en medio de una situación política centralista asfixiante. Pero aquello ya queda demasiado lejos como para seguir defendiendo una división territorial que se ha mostrado del todo ineficaz, injusta e insufrible. El nacimiento de las comunidades autónomas tuvo como base ideológica la gran diversidad cultural e histórica de las distintas regiones; algo tan insustancial como decir que cada persona es un mundo. La diferencia cultural es mucho mayor en otros países y viven más de las similitudes que les unen que de las diferencias que les separan. El caso es que la división del territorio en comunidades autónomas ha sido la excusa perfecta para que todos esos políticos-cacique con sueños de rey fundaran su propio reino rodeándose de imbéciles y de una enorme muralla insalvable para los ciudadanos del resto del país; la lengua autóctona. Y en esas estamos.
Ejemplos de la política dictatorial de ciertas comunidades autónomas en relación a la lengua no faltan. En mi amada Galicia, los profesores tienen que presentar sus programaciones didácticas obligatoriamente en lengua gallega si no quieren ser expedientados. En Euskadi, los maestros también son obligados a aprender euskera bajo amenaza de despido. En Cataluña, se despide a presentadoras de televisión por su acento castellanizado y multan a empresarios por rotular en español. En Mallorca, se insta a operadoras internacionales -como Air Berlín- a utilizar el catalán con sus clientes. Y así, hasta el infinito.
Como gallego, me causa vergüenza poder trabajar como maestro en una comunidad autónoma como Murcia y saber que mis compañeros murcianos no pueden presentarse a las oposiciones de magisterio en Galicia por no saber hablar y escribir en gallego. Para mí, como persona –repito-, me resulta vergonzoso. Pero como ciudadano de este país me parece una dictadura en toda regla; una dictadura permitida, avalada e, incluso, fomentada por los distintos gobiernos centrales.
Los nacionalismos radicales que sufre nuestro país tienen como base ideológica la discriminación de los ciudadanos denominados “españoles”. Por ello, miles de ciudadanos gallegos, vascos o catalanes que viven en sus respectivas comunidades autónomas están siendo discriminados diariamente por hablar y escribir en castellano. Otros ciudadanos del resto del territorio nacional son asimismo discriminados por no poder ir libremente a trabajar a estas comunidades por culpa del idioma. En España no se mata por razones de raza o religión, pero se mata –metafóricamente- por el idioma. Esta situación es del todo inaceptable, porque una España donde los españoles no pueden acceder a un trabajo en cualquier parte del territorio nacional por no hablar una lengua autonómica determinada, es una España que vive en una dictadura. Se puede edulcorar como se quiera, pero cada día existen miles de ciudadanos que seguirán sin poder ir a trabajar a ciertos territorios por no saber las miles y miles de lenguas autonómicas que tiene este absurdo y desquiciado país.
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