El gran retrete público
14.05.08 @ 15:58:42. Archivado en Política, Sociedad
Cuando uno entra en un baño público de un bar, de una discoteca o de una estación de servicio, normalmente actúa conforme al estado en que se encuentra el baño en cuestión. Así, si el aseo está hecho una porquería, uno no se preocupará excesivamente de acertar con mayor o menor puntería en la taza del váter. En cambio, si el aseo está pulcro e inmaculado, uno procurará dejarlo más o menos como lo encontró, a menos que sea un cerdo innato. Aunque la comparación pueda resultar extraña, la sociedad es algo semejante a un gran baño público; uno actúa conforme al estado en el que se encuentra esa sociedad. De este modo, si la sociedad está hecha una porquería, uno no se preocupará de mantener o mejorar su “limpieza”; si es pulcra e inmaculada, no querrá desentonar siendo uno de los pocos guarros que la habitan. En este sentido, la sociedad española se ha convertido en un gran retrete público con serios problemas de inmundicia, donde las libertades y la esencia democrática están en un continuo proceso de deterioro.
Los policías corruptos de Coslada representan ni más ni menos que esa mugre repugnante y asquerosa que emana continuamente de nuestra sociedad. Posiblemente, no haya nada más corrosivo para una sociedad que la falta de confianza en los pilares básicos que sustentan el estado. Si un ciudadano no puede confiar en sus policías, en sus políticos, en sus jueces, en su sistema sanitario, en su sistema educativo, ese estado tiende irremisiblemente a la autodestrucción. Cuando un ciudadano sale al gran baño público que es nuestra sociedad, se encuentra con casos de corrupción policial a lo largo y ancho de toda la geografía española; policías que trafican con droga, policías metidos en tramas de corrupción urbanística, policías que abusan de su autoridad y que miran hacia otro lado cuando se cometen delitos, o que –directamente- cometen ellos mismos los delitos. Lógicamente, esta corrupción policial está propiciada por la enorme mugre que emana de los juzgados, donde nos encontramos con jueces untados que lo único que hacen es calentar con su enorme culo un sillón inmerecido. Pero los jueces y todos los abogados corruptos tampoco podrían hacer gran cosa si la clase política no estuviera completamente enmierdada, con políticos cuyo fin último es enriquecerse abusando de todos los poderes que le otorga su cargo en tal o cual consejería, ministerio o lo que fuese.
Los ciudadanos sufrimos ataques constantes contra nuestras libertades por parte de todos los delincuentes y ciudadanos incívicos que pululan impunemente por nuestras calles. Ahora, además, debemos soportar la corrupción política, judicial y policial como si formase parte habitual de nuestras vidas. Por eso, cada uno de nosotros, humildes ciudadanos de un gran baño público corrompido, no hacemos otra cosa que comportarnos tal y como nos encontramos con el baño, empujados por la falta de confianza que nos generan aquellos que nos representan en el parlamento y en el senado, por aquellos que nos defiende en plena calle desde sus coches patrulla o en las salas de un juzgado. Se impone con urgencia una limpieza total de nuestro gran baño público compartido, arrimando el hombro aquellos políticos, policías y jueces –amén del resto de los ciudadanos- que todavía honran su uniforme, su profesión y su sociedad, porque de seguir por este camino de decrepitud democrática acabaremos todos irremediablemente con el agua –o la mierda- al cuello.
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En resumen, el hecho de que afloren estas noticias -aunque a primera impresión pueden minar la moral del "buen ciudadano"- sólo es síntoma del triunfo de la democracia y de que las cosas funcionan, o al menos eso quiero pensar... Un cordial saludo - Juan (Admvo)-
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