Un nuevo ministerio para ocultar un fracaso
23.04.08 @ 11:14:06. Archivado en Política
Aunque no haría falta ni decirlo, hay que recordar que las mujeres y los hombres somos diferentes. Somos diferentes tanto en aspectos físicos como en aspectos psicológicos. Pero, a pesar de que hombres y mujeres seamos diferentes en infinidad de aspectos, hay una condición esencial que nos hace semejantes por encima de cualquier otra diferencia; todos tenemos igual capacidad para afrontar un cargo de responsabilidad al frente de un ente público o privado. Todo aquel que aun no haya llegado a esta conclusión, es un mandril en proceso de humanización.
El nacimiento del nuevo ministerio de igualdad representa un fracaso social y educativo. Comprendo que haya quienes aplaudan la creación de este nuevo ministerio, pero su nacimiento, paradójicamente, pone en evidencia un estrepitoso fracaso. Si se necesita realmente un ministerio que fomente la igualdad entre hombres y mujeres significa que hemos fracasado en la tarea de que hombres y mujeres disfruten de los mismos derechos y de que sean valorados social, política y laboralmente del mismo modo. Tras tantos años de democracia, de libertad y de cultura, los hombres españoles –y del mundo en general- seguimos anclados en la edad de piedra mental, donde las mujeres solo son válidas para traer hijos al mundo y poco más. La discriminación que sufre la mujer en este periodo actual de la historia, plagado de tanto conocimiento científico y tecnológico, es abrumadora; los hombres matamos a nuestras mujeres, abusamos sexualmente de nuestras propias hijas, violamos a las mujeres propias y ajenas, les pagamos menos por el mismo trabajo, las utilizamos como reclamo sexual publicitario, consumimos prostitución y pornografía sin preocuparnos de la situación de esclavitud que puedan padecer, las desterramos a las últimas posiciones de la escala social, política, empresarial y económica.
Es evidente que, visto este fracaso social, se hace necesaria una intervención. Sin embargo, esta intervención no pasa por la creación de un nuevo ministerio, que –con toda probabilidad- solo servirá para aumentar el número de gandules que vivirán a cuenta del estado y aumentará la burocracia enfermiza en que viven la mayor parte de las administraciones públicas. La solución, como casi siempre, pasa por la educación. Claro que en este país siempre hemos sido incapaces de otorgar a la educación el valor que se merece. Así nos luce el pelo.
Por otro lado, que mujeres y hombres tengamos la misma capacidad para afrontar un cargo de responsabilidad no significa que no pueda criticarse a las mujeres por sus gestiones o sus palabras, ni que al criticarlas se esté fomentando la violencia machista, como algún imbécil ha dicho por ahí. Esas declaraciones forman parte de esa “tiranía con buenos modales” de algunos fascistas enmascarados de progresistas. A las mujeres -al igual que a los hombres- que representan cargos de responsabilidad ha de criticárselas por su gestión, y quien así lo haga está en su pleno derecho. Es un paso necesario para la normalización en la igualdad de derechos y deberes. Sin embargo, criticarlas –que no ironizar- por sus embarazos o por el color del maquillaje no deja de ser una estupidez manifiesta del típico macho cabrío incapaz de ver más allá de la punta de su ancestral cornamenta. Y de esos, por desgracia, aún quedan por ahí demasiados ejemplares.
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