Cataluña para todos
16.04.08 @ 16:28:19. Archivado en Política
En su primer discurso tras la toma de posesión de su nueva cartera, la ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, Elena Espinosa, anunció un acuerdo con el gobierno de Cataluña para trasvasar agua desde el Ebro al área metropolitana de Barcelona. Algo previsible si tenemos en cuenta los resultados de las últimas elecciones generales, a pesar de que Cataluña históricamente siempre se ha opuesto frontalmente a los trasvases entre cuencas. En total, 62 kilómetros de “minitrasvase” para paliar la sequía que sufre la ciudad condal y un coste aproximado de 160 millones de euros, cantidad que –cómo no- el gobierno catalán quiere que pague España. Ya se sabe; la pela es la pela.
Nadie en su sano juicio se atrevería a criticar que un gobierno ayude a paliar la sequía de una zona determinada de su país. Lo que sucede es que, en este caso particular, se produce un agravio comparativo entre las distintas comunidades autónomas y provincias, ya que muchas de ellas padecen sequía y llevan solicitando un trasvase desde hace años. Así, mientras Murcia, Almería o Alicante son invadidas por desalinizadoras, Barcelona –de buenas a primeras- recibe un trasvase. Tras este movimiento político, parece claro que el presidente Zapatero no ha dudado en bajarse los pantalones y dejar su talante al aire para mantener contentos a aquellos grupos políticos nacionalistas que –probablemente- lo apoyarán a lo largo de su nueva legislatura. Con esta decisión, además, se fomenta de nuevo la España de dos velocidades, donde unas comunidades –las más rentables políticamente- son favorecidas por el gobierno central mientras que otras se quedan con cara de tonto esperando año tras año la llegada del AVE, de un trasvase o de una autovía.
Beneficiar a las comunidades autónomas políticamente más nacionalistas es –a parte de una profunda irresponsabilidad- una práctica muy habitual en los últimos años que pasa factura y perjudica a las demás comunidades. La lección que se extrae de este tipo de decisiones es que las comunidades autónomas tienen que tener partidos nacionalistas fuertes para lograr presencia en el parlamento, y así hacer presión para lograr beneficios a favor única y exclusivamente de su comunidad. Es decir, que cada vez hay que ser más nacionalistas para conseguir algo. Por ello, aquellos que nos sabemos españoles, sentimos que existe un agravio entre comunidades, mayor aún cuando ciertos privilegios van destinados a Cataluña o al País Vasco, donde sus respectivos gobiernos autonómicos cojoneros suelen hincharnos las partes pudendas hablando continuamente de sus diferencias culturales y de su absurda historia como nación.
Pero, al margen del agravio sufrido, lo peor es que nuestros gobernantes crean que los ciudadanos somos una panda de soplagaitas. Las manifestaciones de la ministra y de Montilla –en otro tiempo contrario al trasvase- diciendo que se trata de una “aportación puntual de agua” es un insulto a la inteligencia. Todos sabemos que, una vez que se realice el desembolso económico y que estén enlazadas las tuberías, ya no hay vuelta atrás en el chorreo de agua.
En fin, que la falta de agua en Cataluña está parcialmente solucionada, gracias a los ríos de esa España que algunos tanto odian. Ahora sólo falta esperar que el presidente del gobierno tenga la suficiente valentía para abordar la sequía de otras provincias con igual celeridad y eficacia que lo ha hecho con Barcelona. Ya veremos.
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