De periódicos y folletos publicitarios
13.02.08 @ 09:32:25. Archivado en Política
La semana pasada fui invitado al IES Llano de Brujas, en Murcia, para dar una charla sobre artículos de opinión. Durante el turno de preguntas, uno de los alumnos me preguntó dónde estaba el límite para un articulista de opinión. Le contesté que, a mi juicio, los límites no residían tanto en el lenguaje utilizado o en las posibles acusaciones sociales o políticas que se realizasen en el artículo como en la honestidad con lo que se escribía, con lo que se pensaba y –sobre todo- con el lector.
Todos los sábados y domingos, desde que cumplí los seis años hasta que llegué a la adolescencia, mi padre me daba dinero para que fuera al quiosco a comprarle el periódico. Desde entonces, han sido muchos los diarios que han pasado por mis manos y por mis ojos; desde los ya desparecidos El Sol o Ya hasta los actuales periódicos electrónicos. Es evidente que la gran mayoría de los periódicos tienen una tendencia, un modo de entender la política, una forma de comprender el mundo. Algo totalmente lógico dentro de un marco democrático donde existe libertad de expresión. Sin embargo, en los últimos años, esta tendencia –casi siempre de carácter político- se ha convertido en algo que bien podría parecer pura manipulación. Según cojamos un diario u otro, vemos que hasta incluso las noticias que aparecen se tratan con una perspectiva subjetiva y, en algunos casos, claramente tendenciosa. Y no sólo en los periódicos; lo mismo sucede con las cadenas de radio o de televisión. Se hace difícil no sonreír –o vomitar, según el estado de ánimo- al escuchar según qué cadenas de radio y al ver según qué cadenas de televisión, donde –incluso en los informativos- hacen una defensa encubierta en favor de un partido político u otro. Esta defensa a ultranza es a veces tan descarada que uno llega a sentir verdadera vergüenza ajena, sobre todo, al contemplar cómo algunos grandes profesionales de la radio o de la televisión se han degradado en su profesionalidad y en su honestidad hasta límites insospechados.
Tal vez en los periódicos sucede algo parecido, o incluso peor. Y digo esto porque en los diarios aparecen grandes escritores de reconocido prestigio, afamados y venerados, algunos de los cuales han llegado a la fama a cambio de vender su pluma para ganarse los favores de éste o de aquél partido y, de paso, algún que otro premio literario multimillonario del grupo editorial del periódico en cuestión. Pura degeneración. Así, los llamados grandes diarios nacionales –sobre todo ahora que llegan las elecciones- pierden absolutamente los papeles y se convierten en el instrumento publicitario y propagandístico de los dos partidos políticos mayoritarios. Se critica al partido político contrario y se defiende a ultranza al propio, utilizando incluso las noticias para crear tendencia; una situación preocupante para aquellos que creemos que los periódicos deben realizar una función social y política diferente a la propagandística.
Por eso, que cada día salgan a la calle ciertos periódicos, donde el pluralismo ideológico invade sus páginas de opinión, diarios comprometidos con la sociedad, que publican noticias que otros no se han atrevido siquiera a esbozar –por amiguismos y otras razones-, que no pretenden manipularnos sino informarnos, es un milagro que deberíamos cuidar por su enorme valor en un mercado donde los medios de información van perdiendo poco a poco todo el valor y todo el prestigio que otrora poseían para convertirse en vulgares y cutres folletos publicitarios.
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