Rajoy y Zapatero; Carnaval, te quiero.
30.01.08 @ 19:11:07. Archivado en Política
Estamos que lo tiramos; esto es el despiporre, el desmadre, el despelote general. Vivan los carnavales. Y es que la fiesta de carnaval es tan cachonda, tan picarona, tan de fingir ser lo que no somos, que incluso Rajoy y Zapatero se han enfundado los disfraces, las máscaras, los modales postizos y se han echado frenéticos sobre el baile, la rumba y las chirigotas. La careta con la que se han presentado a la juerga era previsible -la de los vendedores ambulantes de brebajes mágicos, la de los faranduleros, la de “vamos, vamos, que me lo quitan de las manos”-, pero la verdad es que la máscara les sienta tan bien que uno ya no sabe distinguir cuál es la cara real del personaje y cuál es la careta.
Por un lado, Zapatero, el hombre del talante, de la “z” de “zuperman”, comenzó calentando el bailoteo de las ofertas carnavaleras con la promesa de una subida de 200 euros en las pensiones mínimas si ganaba las elecciones. Y se entiende que el hombre se gustó bailando, se creció, y, puestos ya a la rumba, terminó por prometer dos millones de empleos –así, a lo bruto- si ganaba las elecciones. Se ve que Rajoy, el hombre de las “eses” susurrantes, se sintió un poco molesto y desplazado en el baile de las ofertas, y comenzó suave, calentando las articulaciones con promesas sencillas, como banda ancha para internet a la misma velocidad y precio que Europa, y la eliminación del canon digital. Pero el hombre también se fue gustando y, en un alarde de virtuosismo, prometió 400.000 plazas de guardería si ganaba las elecciones. Pero no le bastó con eso. Envalentonado por las miradas de los asistentes al baile, Rajoy decidió hacer una pirueta exquisita propia de Malena Gracia y prometió –si ganaba las elecciones- 2,2 millones de empleos en cuatro años y elevar la tasa de actividad femenina hasta el 68 por ciento en 2011. Olé, olé y olé. Aún embriagado por el delirio del éxito, subió un grado más la dificultad de su baile y prometió rebajar el IRPF un 16% de media, es decir; que cuatro de cada seis españoles no pagarían el IRPF si él ganaba.
Pero lo mejor aún estaba por llegar. Zapatero, el hombre del talante, sintió que le quitaban protagonismo. Por eso, en un giro de cintura propio de Carmen de Mairena, saltó a la pista de nuevo para prometer –chúpate esa- la devolución de 400 euros a todos los trabajadores y pensionistas que pagan IRPF, ricos y pobres, gordos y flacos, con sus 5.000 millones de euros de gasto. ¿Quién da más?
Tal vez se deba a mi desconfianza en el ser humano en general y en los políticos en particular, pero donde unos ven promesas, yo veo deudas y estafas. Quiero decir; si nuestros políticos prometen tantas cosas es porque quedan demasiadas cosas que no se han hecho y que, por lo visto, se podrían haber hecho; descuentos en el IRPF, plazas de guarderías, descuentos en telefonía, subidas de pensiones. Se entiende, además, que su afán por conseguir todas esas mejoras será en el caso de que ganen. En caso contrario, se entiende, lo único que harán será tocarse las partes pudendas. Y, para más inri, me molesta terriblemente que me traten como a un indígena estúpido al que le quieren comprar el voto a cambio de unos espejos y unas piedrillas de escaso valor.
Realmente, nunca imaginé que una campaña electoral pudiese convertirse en un carnaval, en una enorme tele-tienda de poca credibilidad. La política con mayúsculas brilla por su ausencia, los políticos con mayúsculas brillan por su ausencia. En fin, que las próximas elecciones se presentan muy reñidas. Sobre todo, en cuanto a falsedad, naderías y artimañas.
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