Qué viene el lobo
16.01.08 @ 09:24:38. Archivado en Política, Economía
En estas últimas semanas se está hablando mucho de economía por parte de los líderes de los principales partidos políticos. Por una parte, el Partido Popular nos presenta un panorama catastrófico, casi apocalíptico, coincidiendo con los analistas económicos nacionales e internacionales. Por otro lado, y como no podía ser de otro modo, el Partido Socialista critica el catastrofismo de los populares y dice que la situación no es para tanto. Incluso el propio presidente Zapatero pide un “patriotismo” económico contra aquellos que con sus noticias causan alarmismo entre los ciudadanos. Aunque seguramente –por pura lógica- alguna de las dos opiniones tiene más sustentación que la otra, resulta curioso que hasta mediados del mes de diciembre ninguno de los dos líderes se preocupase por la situación económica, como si la crisis les cogiera desprevenidos, lo cual no deja de demostrar que el conocimiento de los políticos sobre la situación actual y real del país es casi nula. Es decir, que más que políticos son “parcheadores”, ya que siempre van a remolque de las circunstancias.
Pero hagamos un resumen de lo sucedido. Todo comenzó con la ya famosa “crisis crediticia”, que golpeó duramente a los mercados bursátiles allá por el mes de julio. Debido a esto, surgió una profunda crisis de liquidez en los bancos con la consiguiente quiebra de algunos de ellos. Posteriormente, el crudo y las materias primas se pusieron por las nubes. Gracias a todas estas circunstancias, las grandes bolsas y valores mundiales cayeron como empujados por millones de kilos de plomo. Añadamos a esto una inflación galopante en EEUU y en la zona Euro, y una recesión en el consumo y en la producción en ambos continentes.
En cuanto a la economía doméstica, la principal preocupación la vive el sector de la construcción, gran valedor de nuestra economía. De golpe y porrazo, las viviendas han dejado de venderse con tanta facilidad. Los bancos han dejado de prestar dinero para las grandes construcciones por falta de confianza y de liquidez. Miles de inmobiliarias se han visto obligadas a echar el cerrojo y se calcula que un millón de trabajadores de este sector se quedarán en paro a lo largo de este año.
Sin embargo, todo ello no deja de ser pura economía global. Lo más preocupante, sin duda, es lo que le sucede al ciudadano medio, al trabajador de toda la vida; es decir, a usted y a mí. Sin extenderme mucho, podría resumirse la situación en dos afirmaciones; los sueldos se han estancado y los precios de todos los bienes y servicios no paran de subir. Con ello, llegar a fin de mes se ha convertido actualmente en un ejercicio de ingenio e, incluso, de pura magia.
Hay quien señala que todo lo anteriormente expuesto es muy relativo, y que la crisis mundial no es tan grave como señalan los más catastrofistas. Hay incluso quien cree que toda esta alarma –referente a España- obedece a fines puramente electoralistas. Y puede que, al final, todo se quede en nada. Pero a pesar de ello, hay algo que a mi juicio es más que evidente.
Dice nuestro presidente de gobierno que las turbulencias de la economía no proceden de la gestión del gobierno. A mi juicio, la situación económica mundial es culpa de éste y de todos los gobiernos de los países ricos de las últimas décadas. Hasta ahora, se ha primado el consumo como valor exclusivo del sistema capitalista, dando rienda suelta a los empresarios para explotar sin piedad hasta la última gota de las vacas lecheras, que –por si no lo saben- somos nosotros. El crecimiento económico de los países ricos se ha traducido en el crecimiento económico de los hombres que ya eran ricos y en el empobrecimiento o endeudamiento de los demás. Si la riqueza de un país no revierte en sus ciudadanos, no existe tal riqueza. Se hace patente, pues, que los gobiernos intervengan contra el abuso de las empresas que elevan los precios de los bienes y servicios sin justificación alguna y que nos conducen a todos al abismo.
Las vacas gordas se están acabando, y llegan las vacas flacas. Muchos empresarios y vividores de rentas están asustados ante la crisis que parece que se nos avecina. En gran medida, no estaría del todo mal para la cura de la codicia de muchos que esta vez, de verdad, viniese el lobo. Morir y comenzar de nuevo sobre una economía igual de boyante pero, sin duda, muchísimo más equilibrada y más justa.
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