Oye, Epi
28.11.07 @ 09:21:57. Archivado en Cultura, Sociedad
Si usted se ha levantado alguna vez con una mala leche incontrolable, o sufre una adicción enfermiza al chocolate, o fuma como un energúmeno, o es usted un gay viciosillo, o está más salido que un pico esquina, no se apure, lo suyo tiene una explicación: usted ha visto demasiado Barrio Sésamo. Tal como lo oye.
A simple vista, Barrio Sésamo parece una serie totalmente blanca, con un contenido gracioso y divertido, apto para todos los públicos. Sin embargo, no debe usted dejarse engañar por las carillas inocentes de esos diabólicos muñequitos de trapo; detrás de Barrio Sésamo se esconden más embustes y más hipocresía que en las propias campañas de la DGT. En realidad, la maravillosa relación que existe entre Epi y Blas -tan dulce, tan amistosa- enmascara una “asquerosa y repugnante” relación entre homosexuales. Por eso, si usted o sus hijos son homosexuales, sepa que se debe a haber visto esta serie y a ninguna otra razón. Y qué decir de Triki; ese vomitivo ser no es más que un monstruo infernal que incita a los niños a fumar y a comer galletas y bollería industrial como cerdos. La gallina Caponata, por su lado, con ese aire bohemio, no es más que el reflejo de un ser que va fumado todo el día, por lo que incita abiertamente al uso y abuso de drogas y estupefacientes. Al menos, eso dicen.
Gracias a Dios, algunos psicólogos de mercadillo y gobernantes con una neurona rebotando ociosa en su cerebro se han dado cuenta de la maldad de Barrio Sésamo –la causa de los grandes males del mundo-, y han decidido que los DVD de la serie salgan al mercado con una calificación de “contenido sólo para adultos”, como si de una película porno se tratase. Incluso dicen que en poco tiempo veremos los rostros de Epi, Blas, Coco, Triki, el conde Draco, la gallina Caponata y Don Pimpón en las listas de los más buscados por el FBI, por encima incluso de Bin Laden.
Sin embargo, esto no va a quedar así, porque los imbéciles son nación y cada día escalan más puestos dentro de las administraciones públicas y privadas. Por eso, dentro de poco se pondrá como “sólo para adultos” la serie de Heidi por enseñar las bragas como una guarra; a la Bella y la Bestia por incitar a la zoofilia; a la Sirenita por ser una mutación asquerosa producto de la investigación con células madre, a Pocahontas por estimular el tráfico sexual; a Cars por estimular el uso incivilizado de los vehículos; a Marco por sufrir el complejo de Edipo y a Pipi Calzaslargas por estar más esquelética que la propia Kate Moss. Y es que el enfermo es aquel que ve como malo algo que nadie más puede ver.
Yo, que me crié con Barrio Sésamo y con Gabi, Fofo, Miliki y Fofito, reconozco que salí un poco tocado del ala. A quienes nacimos por aquellos años nos educaron en la posibilidad de la utopía como forma de vida, en el humor sin malicia. Nos educaron en las historias de valientes guerreros que siempre ganaban, en las historias de amor entre príncipes y princesas, en las historias donde los dragones volaban y los animales hablaban, donde había gnomos y trolls y hombres del saco. Todo un mundo de fantasía que ahora –dicen- es malo para los niños porque hace que no sepan distinguir entre la fantasía y la realidad. Pero es que la realidad, con toda su estupidez y toda su hipocresía, a veces da asco. Porque la diferencia entre el mundo de los niños y esa realidad de algunos adultos paranoides es que los niños ven a Heidi, los adultos sólo ven las bragas.
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