Santas posturas
04.04.07 @ 16:18:33. Archivado en Sociedad, Religión
Yo nunca lo hubiese imaginado, pero, según parece, debajo de un trono de semana santa, con cincuenta quilos sobre la espalda y en medio del fervor religioso, uno puede ponerse cachondo. Tal como lo oyen. Esto, al menos, es lo que pensaban hasta hace bien poco los máximos responsables de una Hermandad cordobesa, que vetó a dos mujeres costaleras debido a que el poco espacio que existe debajo de un paso podía provocar “posturas soeces”. Según el hermano mayor de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, el espacio reducido bajo las faldas del paso y los movimientos para transportar las estructuras que pesan alrededor de dos toneladas pueden producir situaciones incómodas entre hombres y mujeres. Y es que ya se sabe, uno empieza roza que te roza, roza que te roza, y acaba Dios sabe cómo. Tanto es así, que en un alarde más de cristianismo propio de las altas esferas eclesiásticas de nuestro país, el obispo de Córdoba respaldó la medida. No esperaba yo menos. No sé lo que algunas mentes calenturientas pueden imaginarse que sucede bajo un paso de semana santa, pero este tipo de evocaciones parecen más propias del Marqués de Sade que de personas que saben realmente lo que es la fe. En todo caso, y si tales situaciones carnales fuesen posibles, a quienes habría que expulsar del paso sería a los hombres, ya que serían ellos los que irían con el arma cargada a todas horas en lugar de ir con el sentimiento religioso propio del evento.
Hay, con respecto a todo esto, una paradoja que nunca he logrado descifrar; mientras la práctica totalidad de los responsables de la Iglesia Católica, de las Cofradías y Hermandades, y de los costaleros son hombres, la práctica totalidad de los asistentes a misa son mujeres. Sin embargo, manifestaciones como las del hermano mayor de la Hermandad antes citada y de algunos responsables religiosos de dudoso espíritu cristiano parecen negar, no sólo la capacidad para representar a Dios en la tierra, sino incluso la propia fe a las mujeres. Y, si me apuran, las mismas cualidades como seres humanos. Puede, no lo niego, que bajo las faldas de un paso, algún macho en celo vea como soeces o eróticos o sensuales los movimientos que hace una mujer al levantarse o al agacharse. Pero, si eso es posible, también es posible que alguna mujer sienta lo mismo al ver a un hombre haciendo tales movimientos. Las mujeres, al igual que los hombres, tienen una sexualidad –aunque quizá menos enfermiza-, y también pueden excitarse al ver a un ser humano del sexo contrario contoneándose como un pavo real ante sus ojos. Lo que sí es seguro, es que eso les sucederá en una discoteca o en una playa, pero nunca debajo de un trono de semana santa. Lo que vuelve a poner de manifiesto la absurda interpretación que, algunos, tienen y transmiten sobre la mujer; esa ancestral idea de que las mujeres son hijas de Satanás y que incitan con sus encantos y sus movimientos a pecar a los hombres, que, como todos sabemos, son unos santos.
Dentro de unos días, será presentado el primer libro de Joseph Ratzinger, el actual Papa, dedicado a la figura de Jesús de Nazaret. Debido a este acontecimiento, algunos medios de comunicación aprovecharon para preguntar a sus lectores qué harían si se encontrasen con Jesús hoy en día. Yo no sé lo que haría si me encontrase con Jesús por la calle, pero lo más probable es que si Él bajase a la tierra y viese lo que han hecho con las mujeres los que dicen representarle, seguramente, saldría huyendo despavorido.
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