El último grito

Operar y listo

27.03.07 | 21:08. Archivado en Sociedad, Televisión

Al fin, coincidiendo precisamente con la elección de Miss y Mister España, ha llegado a las pantallas de nuestra querida televisión el programa que todos estábamos esperando; “Cambio Radical”. Este programa, de corte puramente americano, consiste en que varias personas con ciertos defectos físicos se disponen a cambiar radicalmente de imagen gracias a operaciones de cirugía estética. Eso sí, a cambio de que sus experiencias en el quirófano y su privacidad sean expuesta públicamente para el deleite del resto de los mortales. Narices grandes, ojos pequeños, labios finos, cartucheras, dientes no alineados, tetas caídas, pechos demasiado pequeños, pechos demasiado grandes, culos planos; un sinfín de malformaciones invadirán de domingo a domingo nuestras pantallas de televisión alegremente.

No seré yo quien critique las operaciones de cirugía estética para mejorar el aspecto físico. Es innegable que este tipo de defectos puede traumatizar hasta al tipo más positivo del mundo. Y como no queremos que nuestra sociedad esté llena de acomplejados, lo mejor es operar y listo. Hace años, operarse así por gusto quizá pudiera parecer una frivolidad, pero hoy en día la cirugía estética es algo tan habitual que ya nadie puede asegurar a ciencia cierta cuando una teta es de verdad o de mentira. Es tan habitual, que ya apenas se nos eriza el pelo cuando nos enteramos de que muchos adolescentes, sobre todo féminas, piden a sus padres como regalo de sus buenas notas una operación de cirugía estética. Algo de lo más normal. Y es que el físico es tan, tan, pero que tan importante en nuestra vida que a ver quién es el guapo que se atreve a pasear por la calle con su nariz aguileña de herencia familiar. Vaya imbécil. De todos modos, ¿cuántos de nosotros no tenemos algunos de esos pequeños defectillos? Y es que nadie es perfecto. Ni siquiera, aunque podamos pensar lo contrario, después de operado.

A lo largo de un día, nos cruzamos por la calle con tipos guapos, feos, gordos, flacos, altos, bajos, dentones, cejijuntos, orejones, celulíticos, etc. Muchas de estas personas se sienten acomplejados por su aspecto físico, aunque ese defecto pueda resultar a todas luces completamente insignificante. Resulta curioso que luego hablemos de libertad tan alegremente. A falta de verdaderas esclavitudes, nuestra ociosa y hedonista sociedad ha decidido libremente esclavizarse con la estética. Curioso. Pero, cuando vamos por la calle, también nos encontramos con conductores malhablados, con funcionarios analfabetos potenciales, con universitarios que copian en los exámenes, con obreros soeces, con ciudadanos que nunca han leído un libro, con mentirosos, con maltratadotes, con cotillas y con gente llena de prejuicios y de incultura. Muchos de ellos, llenos de botox hasta las cejas. Seguro. Sin embargo, todavía no he visto a nadie reclamando clínicas de cirugía mental para ser mejores. Y es que eso de cultivarse por dentro duele más que mil rinoplastias juntas.

En fin, que vivimos en una sociedad triste, en una sociedad que se muere de pura intrascendencia de tan ociosa y engreída.


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