El último grito

Huele a pedo

14.02.07 | 19:37. Archivado en Cultura
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Otra vez se ha montado la gorda, y no me refiero precisamente a la Pasarela Cibeles. Al parecer, la Iglesia y el cine vuelven a estar a la gresca, como en tiempos pasados. Esta vez, la disputa se centra en “Teresa; el cuerpo de Cristo”, la película sobre la vida de Santa Teresa de Jesús, protagonizada por Paz Vega y dirigida por Ray Loriga. El director del Departamento de Cine de la Conferencia Episcopal Española –no sabía yo que hubiera tal cosa en la Iglesia-, Juan Orellana, ha criticado la película porque muestra "la aproximación mística de Santa Teresa a la figura de Cristo como una relación carnal". Un continuo orgasmo místico, vaya. Según su visión y la del obispo de Tarazona, Demetrio Fernández, el filme rezuma sexo por todas partes. Por el contrario, el director asegura que en el filme, “el sexo de Teresa es intranscendente”, y que “ha querido huir de la Santa Teresa de las estampitas para acercarse a fondo a esa Teresa mujer, humana, sexual, revolucionaria, feminista, inteligente y verbosa”.

Como la película se estrena en Marzo, todavía no podemos saber si el director ha acertado al transmitirnos su visión sobre la santa o si, por el contrario, las críticas por parte de la Iglesia tienen algún sentido. Sea como fuere, reconozco que no iré a ver la película, ya que hace muchos años que renuncié a utilizar el cine español como somnífero. Salvo contadas y magníficas excepciones, el cine que se hace en nuestro país resulta aburrido, acartonado, lleno de personajes cargantes, que tienen más que ver con las obsesiones, las frustraciones o las pajas mentales de sus directores que con el arte; travestidos que encierran en sus tacones el sentido mismo de la vida, hombres con los huevos de oro, putas que son princesas, “juanis” del tuneado. Eso sí, todo ello aderezado con mujeres enseñando las tetas por todas partes y escenas de sexo sin venir a cuento. No en vano, en nuestro cine es donde más desnudos por fotograma al cuadrado existen. Pero si estas películas pueden resultar insustanciales hasta decir basta, aún pueden resultar más cargantes aquellas que tratan temas sociales, tan al gusto de los directores y los guionistas de nuestro país, como si toda película que se preciase debiera encerrar una enseñanza trascendental, que al final queda reducida a simple moralina barata. Personajes típicos de este tipo de películas, por ejemplo, son los drogadictos con tendencias suicidas que le joden la vida a los demás pero que culpan a la sociedad por ello, adolescentes marginales que no paran de robar coches como si eso fuera cachondísmo, o niñatos de papa alcoholizados que se meten por autovías en dirección contraria y que se ríen mogollón de sus travesuras. De la originalidad, la comicidad, la creatividad, de eso mejor ni hablamos.

Como cada año, el cine español ha sido este año uno de los grandes beneficiados del presupuesto destinado a cultura, cerca de 65 millones de euros. Nadie diría que con tanto dinero se pudieran hacer tan mal las cosas. De todos modos, es una lástima que no existan tales subvenciones para jóvenes escritores, por ejemplo. O para la pintura, o la escultura, la música, el ballet clásico, etc. El cine español está en crisis, dicen, pero lo que en realidad está en crisis son las ideas y el arte. No es de extrañar. Existe demasiada política por medio, demasiados intereses creados, demasiado favoritismo. En resumen, que como diría Penélope Cruz en su película “Volver”, el mundo del cine en España “huele a pedo”.


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