Cerca de mi casa hay varios contenedores de basura. Hasta hace poco, la gente acudía a esos contenedores para tirar los desperdicios, pero desde hace algunos años, los contenedores se han convertido en los supermercados de la gente que sufre una mayor miseria. Por las noches, entre cinco y seis personas acuden cada día a rebuscar entre las bolsas de basura para encontrar algo que pueda servirles para comer o para vender. Un yogur caducado, unas cajas de cartón. Un hombre rebuscando entre la basura representa un sistema político, económico y social que no funciona. Un sistema político, económico y social difícil de defender, difícil de justificar. De igual manera, estaciones de autobuses, paradas de metros o aeropuertos se han convertido en residencias donde muchas personas sin techo se protegen de los rigores de la noche. Entre toda esa gente hay historias de personas que no supieron gestionar su economía doméstica para afrontar con solvencia un periodo de crisis, pero también historias de personas que los despidieron de sus trabajos y que no encontraron otro empleo, viéndose obligados a mendigar. O personas que la crisis y la mala fortuna les golpeó de lleno en la cara.
La rueda de prensa tras el Consejo de Ministros del pasado viernes fue un espectáculo sencillamente lamentable. Después de conocer el Plan Nacional de Reformas del Gobierno, otro más, uno tiene la impresión –ya casi la certeza- de que nuestro gobierno no está preparado para gobernar. Ni los Ministros ni sus miles de asesores políticos parecen tener la menor idea de qué hacer para controlar la destrucción de empleo y el hundimiento económico. Ya no hablemos de crear empleo o fomentar el crecimiento económico. Su inutilidad ha llegado a límites ya insufribles. Se dicen y se desdicen al momento. Se contradicen unos ministros a otros sin el menor rastro de pudor o vergüenza. Anticipan que van a tomar una serie de medidas y luego toman las contrarias o no toman ninguna. Y cada vez que el ministro de Economía, Luis de Guindos, y de Hacienda, Cristóbal Montoro, hablan frente a los medios de comunicación se les ve en la jeta que ni ellos mismos se creen la cantidad de sandeces que están diciendo. Incluso el propio Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, confirmaba frente a la ciudadanía que “no sabemos más”. Y, en realidad, no saben más, porque -por un lado- no tienen la capacidad suficiente y -por otro- porque no quieren.
La semana pasada leía en la web de José Luis Cárpatos una anécdota que me resultó terriblemente impactante al tiempo que dolorosa. Contaba Cárpatos que tenía una tía que padecía una grave enfermedad pulmonar incurable, y que cuando le daban ataques había que ingresarla de inmediato en el hospital porque corría el riesgo de ahogarse, a pesar de tener oxígeno en casa para crisis más leves. Pues bien, hace unos días su tía sufrió una crisis severa. Su marido llamó entonces a una ambulancia para que la llevasen al hospital. Inexplicablemente, el servicio de atención ciudadana le puso mil pegas. Al cabo de muchos minutos de llamadas y discusiones, y tras tener que ponerse su marido muy insistente, mandaron finalmente una ambulancia a regañadientes. La mujer murió pocas horas después de su llegada al hospital. Posiblemente, esta mujer hubiera muerto igual aunque la ambulancia hubiese llegado cinco minutos antes o cinco minutos después; sin embargo, el sufrimiento producido por la falta de una atención inmediata imagino que resultaría para ella en esos momentos excesivamente cruel. Pero los sentimientos de los individuos, la sensación de impotencia o de injusticia, no cotizan en macroeconomía, así que nuestros gobernantes no los tienen en cuenta.
Vivimos tiempos complejos, tiempos de transformación, tiempos en que los ciudadanos han visto como todos los derechos civiles y laborales conseguidos a lo largo de dos siglos de lucha y esfuerzo comienzan a ser vulnerados y perdidos en cuestión de apenas unos meses. Los políticos nacionales y europeos han demostrado no solo su inutilidad para gobernar –algo extremadamente grave-, sino su falta absoluta de ética al implantar medidas de ajustes y recortes brutales en los países más afectados por la crisis económica. Lo sucedido en Chipre hace unas semanas –algo exportable al resto de países con problemas- es el ejemplo más evidente de que nuestros políticos actuales no respetan ya ni siquiera el propio sistema democrático, tomando medidas propias de los peores regímenes dictatoriales. Echar mano de los ahorros que los ciudadanos han invertido en depósitos bancarios es un robo evidente, aunque lo conviertan en legal sacándose leyes de la manga de un día para otro. Y mientras, los ciudadanos comprueban como los políticos se enriquecen gracias a información privilegiada o a casos de corrupción realizados por algunos y consentidos por todos, o como, en el colmo de la desvergüenza, algunos políticos declaran tener quinientos euros en la cuenta corriente, tratando a los ciudadanos de gilipollas. Pero no solo ellos son los culpables.
Hace un par de semanas, los medios de comunicación daban a conocer que el 86% de los opositores a maestro de la Comunidad de Madrid no había superado la prueba de conocimientos de cultura general, una prueba que incluía preguntas que debe responder un alumno de 12 años. Ante estos resultados, muchos presentadores y contertulios televisivos mostraron su indignación. Así, uno de los contertulios de una conocida cadena de televisión cuyo mérito es ser marido de una famosa decía que los estudiantes que elegían la carrera de magisterio eran personas con un expediente académico mediocre y sin mucha capacidad para estudiar otra carrera. No sé a cuántos profesores y maestros conocerá esta persona, seguramente ni a los que le dan clase a sus hijos, pero yo, que conozco a unos cuantos, puedo decirle que el expediente de muchos de ellos es de sobresaliente o notable en Bachillerato, algo que –probablemente- muy pocos contertulios tienen. Otro colaborador, que tanto “sabe” de moda como de física cuántica, decía que los que habían respondido a esas preguntas eran interinos, algo absolutamente estúpido por su obviedad, ya que los maestros funcionarios no tienen que hacer oposiciones. Añadía este buen hombre, cuya inteligencia tampoco daba para gran cosa, que los interinos eran aquellos que suspendían, cuando en realidad los interinos de cualquier oposición son todos aquellos que no consiguen plaza en el proceso de concurso-oposición, aunque saquen de nota media un 10, que existen casos.
Me gustan los datos. Los datos nos dicen cómo se mueve el mundo. El último dato que he conocido, publicado en varios medios de comunicación, es que el número de personas ricas en el planeta Tierra ha aumentado un 5% en 2012, incrementándose en 8.700 personas, según la séptima edición anual del “Informe sobre la Riqueza” elaborado por Knight Frank. La riqueza de esas personas con alto poder adquisitivo –que son aquellas cuyo patrimonio neto suma un mínimo de 22,9 millones de euros-, creció un 2% el año pasado, hasta los 19,8 trillones –con t- de euros. Es decir, el equivalente al Producto Interior Bruto de un país mediano. Yo, desde luego, no sé dónde estaba cuando dieron en el colegio la lección de cómo ser rico, porque entre las bajadas de salario, el aumento de los impuestos y el aumento de precios, en el último año he perdido una media de un 6%. Un 19% en los dos últimos años.
A mí, en realidad, no me preocupa que aumente el número de ricos en el mundo, aunque me resulta algo extraordinario en una época donde la crisis económica y la miseria galopan a sus anchas.
Ya tenemos nuevo récord; en este mes de febrero, por primera vez en la historia, se han superado los cinco millones de parados registrados en las oficinas del Servicio Público de Empleo. En concreto, en España hay en total 5.040.222 parados, tras aumentar en 59.444 personas el número de parados en el ya citado mes de febrero. Tras conocerse las cifras, la secretaria de Estado de Empleo, Engracia Hidalgo, resaltó que ha sido el menor aumento en un mes de febrero desde 2008, algo que deberíamos celebrar con caviar y cava. Lo que pasa es que se olvida la señora secretaria de Estado de Empleo que también partimos del nivel de paro más alto de toda nuestra historia reciente, por lo que la masa laboral que nos queda por destruir en el país es cada vez más pequeña. De hecho, durante el último año, el número de personas desempleadas se ha incrementado en 328.124, lo que supone un aumento del 6,96%. Esto supone el 26% de la población activa, lo que quiere decir que en España trabajan unos 15 millones de personas que sustentan a los 40.000.000 de habitantes que hay. Escalofriante.
Sin embargo, a pesar de la dura situación que viven las familias en este país, la Comisión Europea no está nada contenta con las reformas del gobierno español. Al parecer, España tiene que reducir todavía más el déficit.
Según los datos de un informe de Adecco en el que se recogen datos del Censo Electoral de Españoles Residentes en el Extranjero elaborado por el INE, un total de 390.206 españoles se han desplazado fuera de España para trabajar o acompañando a un familiar que ha emigrado por motivos laborales entre principios de 2008 y finales de 2012. Sólo en 2012, más de 82.000 trabajadores hicieron las maletas y emigraron a otros países en busca de una oportunidad laboral, cifra que representa un incremento del 5,5% respecto a 2011. Desde que comenzó la crisis, el número de demandantes de empleo para trabajar fuera de España se ha duplicado, tendencia que se ha intensificado en mayor medida durante los dos últimos años. De hecho, uno de cada cuatro demandantes de empleo que acuden a las oficinas de Adecco solicita un puesto de trabajo en el extranjero. El perfil del expatriado español se corresponde con el de un joven de entre 25 y 35 años, altamente cualificado y sin cargas familiares. Sin embargo, Adecco resalta que esta tendencia está cambiando y que hay cada vez más casos de desempleados mayores de 45 años con familia que buscan empleo en el extranjero, sobre todo procedentes del sector de la construcción. En total, el número de españoles mayores de edad que residen en el extranjero roza ya los 1,6 millones de personas.
La semana pasada escribía un artículo sobre el lamentable aumento de los robos a viviendas, la indefensión de los ciudadanos y la inutilidad manifiesta de nuestras leyes y de nuestra justicia, que no solo no castiga a los ladrones sino que –con sus sentencias- animan a las bandas organizadas a instalarse en nuestro país para cometer sus fechorías con absoluta impunidad. Y aunque esto resulta tan grave como dramático, es solo una parte de las injusticias que tenemos que sufrir los ciudadanos españoles por culpa de unas leyes penales excesivamente blandas con los delincuentes.
Cuando alguien entra en nuestra casa rompiendo el cristal de una ventana o forzando la puerta, encapuchado, armado y violento, evidentemente no viene a darnos un beso de buenas noches. Cuando alguien entra en una joyería -como sucede a diario-, armado, agresivo, amenazando con cargarse a todo el que se mueva, evidentemente, tampoco entra en la tienda con la intención de realizar la compra de una pulsera y pagar en efectivo. Eso es evidente para la gran mayoría de nosotros, excepto para la justicia y para los legisladores españoles.
Hace ya varias semanas, en un programa de televisión, salía una pareja de ancianos de unos ochenta años con la cara ensangrentada y con una mirada de terror en los ojos después de haber sido víctimas de un robo con violencia en su vivienda. Según contaba el informador, tres encapuchados habían entrado en su casa por la tarde y habían atado y golpeado brutalmente a los ancianos para finalmente amenazarlos con matarlos a hachazos si no les entregaban el dinero. Mientras el informador les hacía varias preguntas sobre el momento de terror que habían vivido, el anciano comenzó a llorar en medio de un ataque de pánico.
Cada uno, a lo largo de su vida, ha ido acumulando una determinada cantidad de bienes que se ha ganado gracias a su esfuerzo y sacrificio diario. Nadie, absolutamente nadie, puede arrebatarle esos bienes. Ni siquiera en tiempos de crisis está justificado.
Los famosos “papeles” de Bárcenas han supuesto un duro golpe para el Partido Popular, para el gobierno de la nación y, por extensión –o explosión-, para el propio sistema democrático de nuestro país. Obviamente, no podemos dar ni por buenos ni por malos esos papeles hasta que la justicia dicte sentencia. Por las cifras, los nombres y algunas declaraciones, bien podrían darse por buenos, pero en el rastrero y zafio mundo político actual, nunca se sabe. Sea como fuere, resulta una torpeza absoluta y una actitud lamentable que ante una denuncia tan grave las únicas declaraciones que hayamos oído por parte de los dirigentes del PP sean para decir que todo es mentira. y para remitir a la opinión pública a las declaraciones de la renta de los afectados, como si ahora los ingresos y los cobros en negro se declarasen.
El escándalo de los “papeles” de Bárcenas ha resultado ser la gota que ha colmado el vaso de una sociedad hastiada de tanta corrupción. Pero no deja de ser eso; la gota que colma el vaso. Vivimos momentos de crisis, pero no de crisis económica, como muchos piensan, sino de una brutal crisis moral que ha sido precisamente la que nos ha conducido a esta crisis económica que padecemos.
En estos últimos años, tal vez por eso de la crisis, ha aparecido en la sociedad española un nuevo tipo de enfermedad; la funcionaritis. Esta enfermedad la padecen cada vez más personas, y consiste en un deseo irrefrenable de convertirse en funcionario a toda costa. Una de las características principales de las personas que padecen esta enfermedad es que les es indiferente el trabajo a realizar. Les da lo mismo si son funcionarios en educación, en la policía, como bomberos, en hacienda, en el ayuntamiento o en sanidad. Este desinterés por el trabajo a realizar se debe a que, en realidad, no pretenden realizar trabajo alguno, ya sean maestros o médicos de cabecera. La funcionaritis la sufren con frecuencia personas que han estado trabajando en el sector privado cobrando un pastón y que ahora se encuentran en el paro. Este tipo de personas, curiosamente, maldicen a los funcionarios mientras estudian oposiciones para convertirse en uno de ellos.
Es evidente que ser funcionario es un privilegio.
Sábado, 25 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Rufino Soriano Tena
Vicente A. C. M.
Vicente Torres
Pedro Fernández Barbadillo
Manuel Molares do Val
Juan Ramón Moscad Fumadó
Antonio García Fuentes
Enrique Zubiaga
José Pómez
Francisco Rubiales
Miguel Torres Galera