El último grito

La necesidad de ser antisistema

07.05.17 | 18:36. Archivado en Política, Economía

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Hace unos tres años aproximadamente, cuando me dirigía en coche de un lugar a otro, cogí por casualidad un programa de radio donde estaban dando un debate. Como el trayecto era corto, solo pude escuchar el debate durante un par de minutos. No tuve tiempo de escuchar el nombre de los colaboradores ni del programa, pero escuché una frase con la que inmediatamente estuve de acuerdo. La frase en cuestión decía que ser antisistema hoy en día no era peor que estar a favor del sistema; de hecho, estar a favor del sistema actual era una verdadera locura. Para intentar explicar por qué estoy de acuerdo con dicha frase y por qué creo que este sistema no se puede defender –especialmente en algunos países como España-, basta con ver la enorme cantidad de casos de corrupción que sufrimos y que nos hacen perder muchísimo dinero a los ciudadanos, lo cual repercute directamente en los servicios que tenemos. A eso, podemos añadirle la nula separación que existe actualmente entre los distintos poderes, ya que –visto lo visto en Madrid y en Murcia- el poder ejecutivo y el judicial son muy amiguitos. De hecho, se parece mucho a esa relación basada en el “tú mata que nosotros limpiamos la sangre”. Pero, por si todo ello fuera poco para despreciar este sistema que padecemos, a continuación les reproduzco algunos titulares aparecidos en prensa este último mes.
“Santander gana 1.867 millones, un 14% más”. “El BBVA gana 1.199 millones hasta marzo, un 69% más”. “El Banco Sabadell ganó en el primer trimestre del año 216,1 millones de euros”.

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Legislar para corruptos

05.03.17 | 12:23. Archivado en Política

Según parece, en este país –o lo que sea-, no hay nada mejor que ser un ladrón. Pero no un ladrón de tres al cuarto, sino un ladrón de categoría. Vistas las sentencias que se han dictado y que se están dictando en los últimos casos de corrupción, da la sensación de que nuestro sistema judicial está hecho para arropar a los grandes ladrones. La corrupción y el latrocinio en nuestro sistema “democrático” han calado de tal modo que ser corrupto en este país es casi una obligación. Aunque uno no quiera, el sistema lo induce a ello, ya que, mientras los corruptos logran grandes puestos de poder en sus empresas o en las instituciones y grandes fortunas, los que no son corruptos –aunque tengan mucho mejor currículo y mejores cualidades- se quedan por el camino. Para medrar en España, hay que corromperse. Y hacer muchos amigos. Solo así, escalaremos en nuestra carrera profesional.
Aunque la sentencia judicial sobre el caso Nóos es uno de los temas más comentados, no voy a hacer siquiera una valoración de la misma. Y no voy a hacer una valoración porque, aunque se ajuste a la ley y toda esa palabrería judicial creada para que los pobres no podamos acceder a una justicia real, es una sentencia que desde el punto de vista ético y moral –dos palabras en desuso- avergüenza.

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Legislar para corruptos

05.03.17 | 12:22. Archivado en Política

Según parece, en este país –o lo que sea-, no hay nada mejor que ser un ladrón. Pero no un ladrón de tres al cuarto, sino un ladrón de categoría. Vistas las sentencias que se han dictado y que se están dictando en los últimos casos de corrupción, da la sensación de que nuestro sistema judicial está hecho para arropar a los grandes ladrones. La corrupción y el latrocinio en nuestro sistema “democrático” han calado de tal modo que ser corrupto en este país es casi una obligación. Aunque uno no quiera, el sistema lo induce a ello, ya que, mientras los corruptos logran grandes puestos de poder en sus empresas o en las instituciones y grandes fortunas, los que no son corruptos –aunque tengan mucho mejor currículo y mejores cualidades- se quedan por el camino. Para medrar en España, hay que corromperse. Y hacer muchos amigos. Solo así, escalaremos en nuestra carrera profesional.
Aunque la sentencia judicial sobre el caso Nóos es uno de los temas más comentados, no voy a hacer siquiera una valoración de la misma. Y no voy a hacer una valoración porque, aunque se ajuste a la ley y toda esa palabrería judicial creada para que los pobres no podamos acceder a una justicia real, es una sentencia que desde el punto de vista ético y moral –dos palabras en desuso- avergüenza.

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Amor, feministas y descerebrados

29.01.17 | 11:39. Archivado en Cultura, Sociedad, Televisión, Educación

Yo no lo vi, pero según he podido comprobar con posterioridad, el programa de “El Hormiguero” en el que se entrevistaba a una futura astronauta dio mucho juego. Según parece, la chica -Alyssa Carson-, que solo tiene quince años, ha tenido desde su infancia el sueño de vivir en Marte. Debido a su esfuerzo, su sacrificio y su constancia -con 15 años habla ya 5 idiomas- la NASA ha decidido prepararla. En principio, la misión consistiría en vivir en Marte dos o tres meses, un tiempo considerable teniendo en cuenta que solo para llegar al planeta rojo se calculan unos nueve meses. Como podemos imaginar, la preparación para realizar una misión semejante debe ser extraordinaria. Sin embargo, lo que invadió las redes sociales no fueron comentarios acerca de los cinco idiomas que habla la chica, o su preparación física para realizar la misión, o la enorme preparación psicológica o de conocimientos físicos y químicos que deberá adquirir. Lo que invadió las redes sociales fueron comentarios sobre sus orejas. Tal como lo oyen; sus orejas. Como no podía ser de otro modo, en un país plagado de ignorantes, muchos de los telespectadores comenzaron a hacer comentarios jocosos en las redes sobre las enormes orejas de la chica. Y, paradójicamente, lo hacía gente -he visto sus fotos- con cara de mandril, o con dientes de conejo, o con pelos de puercoespín. Y, todos sin excepción, con cerebro de gusano. Para resumir; estamos rodeados de ciudadanos a los que no les impresiona el esfuerzo o la preparación de una cría de 15 años pero sí sus orejas. Y es que en España las coñas nos vuelven locos. Es nuestra seña de identidad por el mundo.

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Acoso escolar

22.01.17 | 12:25. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Después de las noticias del suicidio de una menor en Murcia y el vídeo de una agresión a un alumno en la misma comunidad, el tema del acoso escolar ha vuelto a invadir los medios de comunicación. El acoso escolar en España es un problema difícil de tratar. Para empezar, debemos reconocer que los españoles somos un país bastante inculto y embrutecido. Por ejemplo, tenemos una cultura muy permisiva con el maltrato animal o con las novatadas en las facultades o institutos. Sin ir más lejos, las novatadas en la mili son todo un clásico en nuestras costumbres, orgullo de infinidad de hombres. Muchas personas niegan nuestros problemas culturales, y me critican muy a menudo por denunciar siempre en mis artículos que España es –en general- un país inculto. Sin embargo, negar la realidad no los hace mejores y, sin duda, no nos ayuda a solucionar los problemas. Negar la realidad, de hecho, hace que jóvenes de trece años se suiciden. Por eso, para abordar el fenómeno del acoso escolar debemos reconocer esa parte embrutecida de nuestra cultura más rancia y penalizarla. Porque, nunca lo olvidemos, el acoso no nace en la escuela, se ejecuta en la escuela, que es algo muy diferente. El acosador acosa en la escuela, pero también en el parque, en la calle y en cualquier otro espacio. Así que, al hablar de acoso escolar, lo primero que debemos tener en cuenta es que el acoso es un problema social, no un problema educativo. Es un problema social que afecta al plano educativo.
En cuanto a ese ámbito educativo, lo más importante es la prevención. Los programas de prevención

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La bolsa o la vida

15.01.17 | 13:37. Archivado en Política, Sociedad, Economía

Según el sentir popular, los médicos y los enfermeros españoles –hombres y mujeres- son de los mejores del mundo. Y es cierto. La preparación universitaria de nuestros médicos y de nuestros enfermeros es, por norma general, muy superior en calidad –y en años- a la de médicos y enfermeros de otras partes del mundo. Pero, además de toda esta preparación teórica, nuestros médicos y nuestros enfermeros están tremendamente preparados gracias a su experiencia en el campo de batalla. Trabajar en un hospital español hoy en día es como trabajar en un hospital de campaña de la I Guerra Mundial: enfermos tirados en camillas por los pasillos, pasillos repletos de gente que grita de dolor, ancianos anclados a sillas de ruedas por falta de camillas, niños llorosos, colapso en la sala de urgencias, falta de personal, horas y horas de espera, suciedad, comida precaria, televisión de pago, etc. Por si todo lo dicho anteriormente fuera poco para poder desarrollar una profesión decentemente, los médicos y enfermeros españoles deben enfrentarse cada día a agresiones o insultos por parte de pacientes o familiares de pacientes. El año pasado, por ejemplo, las agresiones a médicos aumentaron un 5%, alcanzándose un total de 361 agresiones. Es cierto que cuando a uno no le atienden correctamente

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Mi amigo Donald

20.11.16 | 12:40. Archivado en Política, Sociedad

No creo que pudiera ser amigo de Donald Trump. Y no me refiero solamente a la distancia física e ideológica que nos separa. Su forma pública de ser no me gusta. A lo mejor, en la intimidad de su casa, es un tío genial, pero no lo creo. Sus palabras y modales públicos me resultan en muchas ocasiones desagradables. Sin embargo, a pesar de que algunas de sus frases contienen connotaciones machistas o racistas, también es cierto que parte del mensaje que transmite no deja de ser verdad, aunque pueda resultar políticamente incorrecto. Que algo sea políticamente incorrecto no quiere decir que no sea cierto. De hecho, con respecto a la inmigración, un porcentaje importante de latinoamericanos y personas de países musulmanes están de acuerdo con Trump en que la inmigración ilegal es nociva porque perjudica a los que legalmente están en el país. Y lo mismo sucede con su opinión sobre el tráfico de drogas. Pero todo ello sería tema para otro artículo.
Como digo, no creo que nunca llegase a ser amigo de Donald Trump. No me acaba de caer del todo bien. Sin embargo, para juzgar su política, sé que debo esperar un tiempo prudencial. Hay, en cambio, quien no opina de este modo. Tras su elección como Presidente de los EE.UU., una marabunta de norteamericanos se ha echado a la calle para protestar por su elección. Esa gente –y muchos de los que les apoyan tanto en España como en el resto del mundo- dicen que Trump es un indecente, un inmoral, un machista, un sinvergüenza y que no puede ocupar la presidencia del país. Al parecer, estas personas dicen que ellos sí son buenos, morales y decentes.

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Pim, pam, pum...Trump

13.11.16 | 12:43. Archivado en Política

Al final, las encuestas volvieron a fallar y Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, se ha impuesto finalmente con claridad a Hillary Clinton con más de 270 votos electorales. A medida que se iban conociendo los resultados durante la madrugada europea, los mercados caían con fuerza y los diarios recogían las imágenes de los votantes demócratas echándose las manos a la cabeza por la enorme decepción y sorpresa. Al margen de esa decepción, hay que reconocer -sin embargo- que estas elecciones en Estados Unidos han sido unas elecciones atípicas. A pesar de que muchos critican solamente a Trump, hay que reconocer que han sido –posiblemente- las elecciones con los dos peores candidatos de toda la historia. Y, también, con los dos candidatos más quemados y menos fiables ya desde el inicio de la propia campaña electoral. Tal vez la victoria de Trump pueda parecerles a algunos un desastre, pero la victoria de Hillary tampoco hubiera sido mucho mejor.
Tras los resultados electorales, muchos intelectuales tanto europeos como americanos han comenzado a lamentarse en sus columnas por la decisión que han tomado los estadounidenses con sus votos. Dicen que no reconocen a EE.UU., que ha vencido el miedo, las armas, el racismo, el poder del dinero, etc., etc. Sin embargo, así es la democracia, y un porcentaje considerable de norteamericanos ha elegido a Donal Trump, y la decisión democrática y libre del pueblo es siempre respetable.

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Una justicia que abandona a las víctimas

24.10.16 | 09:38. Archivado en Política, Sociedad

Hace ya unos cuantos años, cuando estudiaba Empresariales, tenía una profesora de Derecho muy estricta. Recuerdo que en una ocasión, durante una clase, la profesora nos dijo que la aplicación de la justicia tenía dos objetivos principales: por un lado, castigar al delincuente y, por otro, buscar su reinserción. Yo pregunté entonces dónde se encontraba un –para mí entender- tercer objetivo fundamental de la justicia; la prevención del delito con la finalidad de que no hubiese más víctima de ese delincuente. La profesora me contestó que aquella no era una función de la justicia. Y nada más. Aunque ya lo imaginaba, en aquel momento tuve la certeza de que muchos de los que se dedican al derecho jamás se plantean las normas, solo se dedican a aplicarlas sin plantearse siquiera su funcionalidad o validez, algo que va en contra de la propia esencia de la justicia. Como pueden imaginar, en más de una ocasión fui invitado a abandonar el aula.
Cuando la justicia no protege a la víctima, apoya al delincuente. Esta es una realidad que creo que mucha gente comparte.

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Primero domestica; después, hacer los deberes

09.10.16 | 12:17. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Cuando empecé a trabajar en educación -hace ya muchos años-, recuerdo que algunos padres me criticaban duramente por no enviar deberes para casa. Incluso, en ocasiones -como suele hacer el español medio, que no sabe de nada pero cree entender de todo- cuestionaban mi profesionalidad cuchicheando entre ellos o protestando formalmente ante al director. Al igual que entonces, sigo pensando que el tiempo que se dedica en el aula a enseñar debe ser suficiente para aprender y que, si no da tiempo, entonces hay que replantearse los programas de estudio, no los deberes. Obviamente, soy defensor de realizar algunas rutinas en casa por parte de los alumnos, como la lectura diaria, los trabajos en común como la realización de murales o vídeos o, lógicamente, terminar las actividades que debían ser terminadas en el aula pero que -por pereza o dejadez- no se terminaron a tiempo. Seguramente, muchos de los padres que me criticaban por entonces son hoy defensores acérrimos de no enviar deberes a casa, algo normal en un país donde todo el mundo tiene derecho a opinar por el simple hecho de tener lengua, aunque luego a esa lengua no le acompañe el raciocinio.
Como he dicho, los tiempos han cambiado. Hace un par de décadas, uno podía dar clase a un grupo de alumnos y daba tiempo a terminar prácticamente todo lo que uno tenía programado para esa jornada. Hoy en día, sin embargo, los primeros quince minutos de clase se dedican a comprobar qué alumnos han traído los deberes o qué alumnos han realizado las tareas del día anterior. Eso cuando traen los libros.

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La tiranía de la igualdad en educación

25.09.16 | 12:28. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Hace unos días, en un programa de televisión, pude observar un suceso que me dejó absolutamente perturbado En la escena en cuestión había dos grupos de niños jugando a un concurso dentro de un aula. Cada grupo iba acumulando estrellas dibujadas en la pizarra a medida que ganaba puntos. En total, un grupo llevaba cuatro puntos y el otro, dos. Ante la siguiente pregunta, el equipo que iba perdiendo acertó y consiguió su tercera estrella. Entonces, uno de los alumnos del grupo ganador -un alumno con baja tolerancia a la frustración-, creyendo que habían ganado no solo el punto sino el juego, se levantó y empezó a dar pataletas y a protestar de manera muy beligerante, gritando y gesticulando excesivamente, golpeando paredes y libros. Mientras su rabieta iba en aumento, una de las niñas del grupo que iba perdiendo se levantó y -así porque sí; sin permiso de nadie- le quitó una estrella al grupo que iba ganando, con lo que ambos grupos quedaron con el mismo número de estrellas. Entonces, el docente -o lo que fuera aquello-, loco de contento, les preguntó a los alumnos si les parecía bien que dejasen el juego así, es decir, en empate, ya que la alumna que se había levantado por voluntad propia había solucionado el conflicto y, al final, nadie ganaba ni perdía. Todos contentos.
Posiblemente, desde el punto de vista educativo, no pueden cometerse más errores en menos tiempo. El número de errores cometidos son tantos y de tal magnitud que requerirían varias páginas para explicarlos correctamente.

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Feliz de ser hombre

17.09.16 | 20:57. Archivado en Cultura, Sociedad, Educación

Soy feliz siendo hombre. Y no soy feliz porque admire las enormes cualidades del sexo masculino: soy feliz siendo hombre porque ser mujer me resultaría del todo insoportable. Sinceramente, no puedo imaginar lo que una mujer normal puede llegar a soportar por culpa de ser mujer en un país medio desarrollado como el nuestro. Y no me refiero solo al ámbito profesional, como se pudiera pensar, donde una mujer cobra mucho menos que un hombre por realizar el mismo trabajo y tiene que soportar en ocasiones el acoso sexual de algún superior y el acoso laboral de alguna superiora, que de todo hay. Me refiero al simple hecho de caminar por la calle.
Hace muchos años, durante mi adolescencia y juventud, recuerdo que las madres y padres pedían a los chicos de la familia que acompañasen y cuidasen de las chicas cuando salían de fiesta o iban a la discoteca. Hoy en día -treinta años después- la situación sigue siendo muy similar: los padres y madres piden a sus hijos o sobrinos que cuiden de sus hijas cuando salen de fiesta. Y es que el simple hecho de salir por la calle supone hoy en día para la mujer una actividad de alto riesgo.

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Jueves, 29 de junio

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