(PD).- Rosa Díez hace años que está alejada del partido. Pero no porque sus tesis se hayan alejado de la ideología sino por la limpieza que Zapatero y Blanco han sometido al PSOE y muy especialmente a la "Vieja Guardia".
Por ello, su voz suena fresca sin la inquina que, por otra parte, caracteriza al PP. La oposición, en muchos aspectos, no carece de sentido común en las críticas al Gobierno, pero a veces se deja llevar por pasiones personales y falta al apuntar a diana.
Rosa Díez, como otros, ejerce ahora de Casandra en donde Troya es un partido y el Caballo, un político de sonrisa facilona y discurso ambiguo. La ruptura de la tregua ha demostrado que se ha equivocado, pero siguen sin reconocerlo y todavía hay indicios que apuntan a que Zapatero no se ha levantado de la mesa de negociación.
La socialista, que últimamente no disimula su desapego por el presidente, ha lanzado numerosos ataques al Gobierno. El último, directo y con razón, ha sido desde las páginas de El Mundo.
En La perversión de la política, Rosa Díez asegura que "en España se está pervirtiendo la política desde el mismo momento en que se empezó a pervertir el lenguaje gubernamental".
Al robo de armas en Francia se le calificó como «incidente aislado». A los terroristas desplegados y disparando tiros al aire en Aritxulegi -la primera vez que ETA toma territorio- se le llamó «payasada». Al zulo encontrado en Amorebieta, «proyecto de zulo». Al atentado terrorista de Barañáin, «enfrentamientos personales entre vecinos». A la aplicación de la ley de partidos, «Guantánamo electoral». A ceder al chantaje planteado por De Juana Chaos, «cumplir la ley». A retirar la acusación contra Otegi, «favorecer el proceso». A mantener en secreto las negociaciones con ETA tras el atentado de la T-4 de Barajas, «dar por roto el proceso». A permitir que ETA vuelva a las instituciones vascas, «cumplir rigurosamente la ley».
Nunca en la historia de la democracia los terroristas habían conseguido de ningún Gobierno lo que han logrado -en tan poco tiempo, además- del de Zapatero. Nunca, ni siquiera cuando asesinaban cada semana, cuando estábamos en plena Transición hacia el proceso de consolidación de la democracia; nunca, ni siquiera cuando ETA atentaba a la vez que se producía ruido en los cuarteles. Siempre los gobiernos tuvieron más dignidad que miedo; más sentido de Estado que soberbia.
Nunca un Gobierno democrático había legitimado la negociación política con los terroristas. Nunca había aceptado hablar de política con ETA. Nunca se había accedido a la exigencia de ETA de formar dos mesas, una política para negociar el nuevo marco y otra entre el Gobierno y la banda. Nunca se llevó el refrendo de la interlocución a las instancias europeas. Nunca se mintió a la sociedad española para proteger las negociaciones, con falsedades que convirtieron al Gobierno en rehén y a la banda criminal en la dueña de la agenda; de la agenda y del calendario.
La degradación democrática no ha tocado fondo aún. Mañana habrá más noticias. Veremos más cosas que nos escandalizarán y nos humillarán como ciudadanos. Dentro de nada sabremos quién era cada uno de los que se sentaron en las mesas en las que se aceptó negociar sobre nuestra libertad. Quienes no nos dedicamos a calcular los réditos electorales de esa negociación siniestra sabemos bien que importa poco que no se alcanzara el acuerdo; ETA ya ha cobrado pieza.