(PD/Agencias).- La «cumbre-exprés» que Rodríguez Zapatero mantuvo ayer con Abdelaziz Buteflika en Argel terminó con un llamativo fracaso que constata la degradación de las relaciones España-Argelia desde que el presidente llegara a la Moncloa.
Unas relacioens que se antojan vitales para España (gas, inmigración, terrorismo islamista) y para el equilibrio geopolítico en el sur del Mediterráneo, donde concurren intereses españoles, franceses, marroquíes, argelinos e incluso de Estados Unidos.
Afirma Luís Ayllón en ABC que el fracaso de la cumbre deja incluso en el aire y sin fecha la simbólica visita de Sus Majestades a Argelia, prevista en principio para febrero, lo que debería ser el sello de unas relaciones privilegiadas que ahora han dejado de serlo.
Argel no perdona
La Reunión de Alto Nivel hispano-argelina se saldó con un gran fracaso porque las autoridades argelinas no perdonan a José Luis Rodríguez Zapatero que nada más llegar a la Moncloa decidiera apostar claramente por un buen entendimiento con Marruecos, siempre incierto, en detrimento de las relaciones con Argelia.
Para no enfrentarse a interrogantes incómodos, el jefe del Ejecutivo, en una actuación sin precedentes en una cumbre de este tipo, abandonó Argel sin responder a las preguntas de los periodistas, quienes, pese a sus reiteradas protestas a los responsables de la Secretaría de Estado de Comunicación, sólo recibieron una breve declaración protocolaria y el texto de un comunicado conjunto con escasas concreciones.
El presidente argelino, Abdelaziz Buteflika, que vio cómo, tras estallar la crisis entre Madrid y Rabat en los últimos años del mandato del PP, el Gobierno de José María Aznar se volcó con Argelia, se muestra reticente y abiertamente desconfiado ante el acercamiento que ahora protagoniza desesperadamente Zapatero, tras percibir la dependencia energética de España. Este gesto forzado molesta en Argel.
Después de una serie de reuniones sectoriales encabezadas por los ministros de Asuntos Exteriores, Interior, Justicia e Industria de los dos países, Zapatero y Buteflika, que estuvieron conversando por espacio de cerca de dos horas, presidieron la sesión plenaria, con todos los miembros de las delegaciones y se firmó una declaración conjunta y un convenio bilateral de extradición.
Paisaje idílico
A continuación, Buteflika invitó a Rodríguez Zapatero a salir al exterior del Palacio, donde esperaban los periodistas. Como suele ser habitual, el presidente argelino no realiza declaraciones y permanece inmóvil junto a su invitado mientras éste las hace. El jefe del Ejecutivo español, en una intervención de breves minutos, al término de la cual se marchó, presentó un paisaje idílico de las relaciones bilaterales.
Recurrió a frases hechas y lugares comunes, entre otros que «España y Argelia son dos países amigos, con una gran proximidad geográfica».
En cuanto al Sahara, Zapatero aseguró que «se profundizó en las claves para buscar una solución al problema» sobre «dos principios básicos: el acuerdo entre las partes y el respeto a la legalidad internacional».
Es decir, una aportación nula sobre el fondo de un problema vital para los intereses de España en la zona.
Sólo media hora más tarde, durante el almuerzo que ofreció a la delegación española, Buteflika echó públicamente en cara al Gobierno español la actitud que, en la práctica, ha mantenido en relación con el Sahara.
Esta política es catalogada desde Argel como muy tibia, cuando no excesivamente inclinada hacia las tesis marroquíes, en detrimento del Frente Polisario.
Buteflika dijo textualmente:
«Desearíamos que España se comprometiera de manera más firme a inducir al Reino de Marruecos y al Frente Polisario a aceptar poner a punto las modalidades de un referéndum de autodeterminación libre y normal, que permita la expresión de la voluntad soberana del pueblo de Sahara Occidental, conforme a la legalidad internacional». Y subrayó: «España no puede quedarse indiferente ante la suerte actual del pueblo saharaui, que ustedes colonizaron desde 1885 hasta 1975».