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La niña Natascha mantuvo contactos sexuales con su secuestrador

27.08.06 | 08:50. Archivado en Sociedad

(PD/Agencias).- Natascha Kampusch, la joven austríaca que estuvo secuestrada durante ocho años, ha reconocido a los investigadores que mantuvo “contacto sexual” con su captor. No está claro aún si estas relaciones fueran consentidas o forzadas, y el portavoz de la policía federal, Erich Zwettler, ha rechazado hacer comentarios al respecto.
Natascha, que tenía 10 años cuando fue secuestrada, logró escapar de su captor el pasado miércoles mientras él atendía una llamada telefónica.

Mientras, hoy se dieron a conocer nuevos detalles del secuestro de Natascha, quien tras los ocho años de cautiverio pesa apenas 42 kilos y mide 1,60 metros. Según los indicios recopilados por la investigación, el raptor, Wolfgang Priklopil, habría planeado el secuestro con muchos meses de anticipación.

Un investigador de la policía dijo al diario Kurier que el escondrijo debajo del garaje estaba tan bien camuflado "que sin las indicaciones de Natascha nunca lo hubiéramos encontrado".

La policía austríaca interrumpió el viernes los interrogatorios hasta el lunes próximo para dar un descanso a la joven. Las autoridades informaron hoy de que los análisis de ADN realizados a Priklopil, comparados con el banco de datos de la policía, confirmaron que el supuesto secuestrador no había incurrido en el pasado en ningún delito similar.

"Soy Natascha, nacida en 1988"

(PD/Agencias).- "Soy Natascha Kampushch, nacida en 1988". Así se presentó Natascha Kampusch ante la policía cuando se escapó de su secuestrador, un hombre que la había mantenido recluida ocho años en un escondrijo de Viena.

Las pruebas de ADN han confirmado este iernes que decía la verdad. Su padre ya lo había dicho:

"Yo la hubiese reconocido con seguridad".

El miércoles la identificó entre lágrimas, no sólo por su cara, sino por una vieja cicatriz. Además, el pasaporte de Natascha fue encontrado en el zulo de 2 metros cuadrados y 1,60 de altura en el que Wolfgang Priklopil, ingeniero electrónico de 44 años, la mantenía recluida.

Los austriacos no podían creer ayer el desenlace de un caso de secuestro infantil que ya casi habían olvidado. Uno como tantos otros que terminan con el hallazgo de un cadáver en un bosque. Pero el caso de Natascha Kampusch terminó con el suicidio de su secuestrador, que se tiró delante de un tren de cercanías cuando descubrió que Natascha se había escapado. Después de tanto tiempo, el raptor, un hombre solitario y retraído, había bajado la guardia.

"Él le pidió a ella que aspirase el auto. Entonces él recibió una llamada al móvil y se alejó para evitar el ruido" dijo Gerhard Lang, de la policía federal en una conferencia de prensa, "Natasha aprovechó la situación y escapó".

Cuando se dio cuenta de que había escapado, Priklopil se dirigió a Viena en su deportivo rojo, el cual abandonó en el garage de un centro comercial para después suicidarse saltando frente a un tren en marcha.

Con un sencillo vestido naranja, muy pálida y delgada y con el cuerpo lleno de manchas o moratones, Natascha pidió ayuda a los vecinos. Cuando estuvo ante la policía, se presentó diciendo: "Soy Natascha Kampusch, nacida el 17 de febrero de 1988". La peor pesadilla de su vida comenzó la mañana del lunes 2 de marzo de 1998, cuando se dirigía al colegio a la edad de 10 años. Una compañera del colegio vio cómo subía a un coche blanco, después de lo cual no se supo más de ella.

El secuestrador, Wolfgang Priklopil, ingeniero electrónico de 44 años, fue uno de los más de mil interrogados pocas semanas después de la desaparición de Natascha por poseer un vehículo blanco como el descrito por la testigo. Pero al no detectar nada raro en su declaración, la policía no registró su casa.

Si lo hubiese hecho habría encontrado, en la calle de Heine número 60 de Strasshof, la localidad de 9.000 habitantes cercana a Viena donde vivía en una casa unifamiliar amarilla normal y corriente, pero con puerta de hierro y cámaras de vigilancia, una medida de seguridad desproporcionada en ese lugar.

Los vecinos llamaban a la casa Fort Knox, en referencia a la fortaleza donde Estados Unidos guarda sus reservas de oro. En el garaje hubiesen encontrado una estrecha y empinada escalera que conduce a una puerta de 50 por 50 centímetros, propia de una cámara acorazada, que impedía que los gritos de Natascha se oyeran en el exterior. Las paredes también estaban insonorizadas.

Síndrome de Estocolmo

En la habitación subterránea de Natascha había baño y ducha, cama, estanterías, televisión, juguetes, libros y vídeos. Una habitación infantil relativamente normal, algo desordenada, pero sin ventanas. Al parecer el secuestrador le permitía leer los periódicos y escuchar la radio, y le daba clases.

Al comienzo la obligaba a llamarle "amo", pero más tarde la relación entre ellos se suavizó. Aún se investiga si Priklopil, que últimamente estaba desempleado y no tenía antecedentes penales, abusó sexualmente de ella. También se desconoce el móvil del secuestro o si Priklopil tenía cómplices.

Hoy Natascha padece el síndrome de Estocolmo, una identificación con el secuestrador muy común en estos casos. "Si no puede soportar el miedo con el que vive una persona secuestrada, comienzas a identificarte con el agrsor, tratas de entender que sucede dentro de su mente, qué es lo que lo impulsa", ha dicho Reinhard Haller, un psiquiatra forense de la Universidad de Innsbruck. "Desarrollar éste síndrome es normal y una reacción muy saludable" añadió. "Sólo puede ser un problema si ella continúa sintiendo lo mismo".

Cuando la niña tenía que decir mi amo y señor

(PD/Agencias).- Natascha Kampusch, la joven austríaca que permaneció secuestrada durante ocho años en un sótano debajo de un garaje en la afueras de Viena, tuvo que dirigirse durante años a su secuestrador con las palabras "mi amo y señor".

Este caso tiene conmocionada a la población austríaca desde que la chica logró huir ayer al mediodía de su secuestrador, más aún cuando varios expertos han revelado que esta sufre el síndrome de Estocolmo.

Un antiguo compañero de trabajo del secuestrador, Wolfgang Priklopil, ha dicho hoy en Viena que el hombre era "muy extraño, tacaño y violento" y que su entorno laboral comentaba "que había que internarlo". "Ahora vemos que en realidad teníamos razón", ha dicho este compañero, que ha pedido permanecer en el anonimato.

El sospechoso, que ayer se suicidó al arrojarse a la vías de un tren de cercanías al norte de Viena, trabajó desde 1989 en una empresa de telecomunicaciones que instalaba en todo el país líneas de telefonía analógica, antes de ser despedido en el año 1991. "No me van a pillar nunca vivo", le solía decir Priklopil a su víctima, ha informado la policía local.

Según el ex compañero de trabajo, el hombre trabajaba por expreso deseo de su difunto padre que condicionó el pago de una millonaria herencia al hecho de tener durante tres años un empleo estable. La herencia explicaría cómo pudo vivir durante tantos años sin trabajar en una casa grande en las afueras de Viena y conducir un automóvil de lujo, incautado por la policía.

"Por lo que sé, nunca tuvo una novia. De hecho, hablaba siempre muy mal de las mujeres", relató el ex compañero de trabajo. La policía, además, no ha comentado hasta ahora si la niña sufrió abusos sexuales durante su cautiverio.

Mientras, el padre de la víctima, Ludwig Koch, señala en una entrevista que publica mañana el diario Kurier que su hija está "muy delgada, con una piel muy blanca y manchas en todo el cuerpo". Según han dicho hoy varios expertos, Natascha muestra síntomas de un fuerte "síndrome de Estocolmo", fenómeno observado en personas secuestradas que desarrollan simpatía y apego a su captor, y se desconoce cómo y por qué pudo hacer acopio de fuerzas para fugarse finalmente este miércoles.

Aparentemente, la joven se escapó ayer por la mañana y se escondió en el jardín de una casa en la localidad de Strasshof, al norte de Viena, cerca de la vivienda que se convirtió en su cárcel. Allí la encontró una mujer que avisó a la policía después de que Natascha le contase que había vivido los últimos años encerrada en un sótano.

En su primer contacto con las autoridades, la joven sólo dijo: "soy Natascha Kampusch"; y reveló además que su secuestrador había partido hacia Viena en un vehículo BMW 850i de color rojo. Los padres de la víctima la reconocieron en una reunión que hizo llorar a Natascha.

Durante todo el día de hoy, la policía ha registrado la casa en cuestión, donde ha encontrado un escondite de tres metros de largo, 1,6 metros de ancho y dos de profundidad, cavado a partir de la fosa de un garaje y accesible a través de un hueco de cincuenta por cincuenta centímetros que se cerraba con una puerta de caja fuerte y un sistema electrónico. Allí había una cama y una pequeña estantería con libros infantiles y para adultos, un receptor de radio y un televisor.

En ese reducido espacio Natascha vivió los últimos ocho años, aunque en los últimos tiempos parece que pudo hacer varias salidas. Hace ocho años, una compañera de escuela y testigo de los hechos, dijo que la niña fue abordada e introducida por un desconocido en una camioneta mientras iba de camino a la escuela, y luego ya nadie volvió a saber de ella.

Durante años la policía austríaca trató de encontrar a la joven, inspeccionando incluso más de setecientas camionetas en todo el país, entre las cuales también revisó un vehículo de Priklopil, quien fue interrogado cerca de un mes después de la desaparición de la niña. Al no encontrar pruebas que reforzaran la sospecha, las autoridades desistieron de inspeccionar la vivienda del captor.

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