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Huellas de la caza XIV. De pájaros y otras aves

Permalink 15.07.18 @ 07:26:01. Archivado en Artículos

Por Hilario Peraleda Navas. Introducción de José María Arévalo

( Grouses. 1900. Grabado inglés de A.Thornburn; foto en ruizvernacci.es) (*)

Hilario Peraleda ha dedicado, estos meses atrás, en nuestro blog, capítulos enteros a perros y lobos, a liebres y galgos, así como a avechuchos y pajarracos, con dichos y refranes que guardan relación con la caza, tomados del contenido de su libro “Huellas de la caza en el campo del lenguaje”, que al tiempo nos envían mensajes subliminales sobre actitud moral y comportamiento humano. Así que no podía dejar sin participar en el desfile a los pájaros y otras aves comunes, que además son los más numerosos y enriquecen por igual nuestro lenguaje con los dichos y expresiones que, a ellos, tienen por soporte.

“Conviene precisar – escribe Hilario Peraleda como introducción- que aves son todas, grandes y pequeñas, bellas y no tanto, canoras y gárrulas, beneficiosas y dañinas. Sin embargo, dentro de ellas, se reserva el nombre de pájaros para las que son pequeñas o de menor tamaño, estableciendo convencionalmente el límite en 20 cm de longitud sin ningún rigor o criterio científico, sino por consenso generalizado entre ornitólogos y ‘pajariteros’.

Concretando algo más, podría afirmarse que el nombre pájaro se asigna casi en exclusivo, a las aves pertenecientes al orden Paseriformes que comprende aproximadamente la mitad de las especies conocidas, sin que ello excluya a otras, también pequeñas, incluidas en otros órdenes de la Clase Aves; al tiempo que se advierte que algunos paseriformes, como los cuervos y su Familia, superan el listón establecido de los 20 cm.

Otras excepciones a este criterio se encuentran en diferentes lugares en que, por tradición y costumbre y de modo coloquial o familiar llaman pájaro al reclamo de perdiz y a la rapaz que se emplea en cetrería. También, de forma generalizada, se tiende a llamar pájaro al gorrión y a anteponerlo a otros adjetivos con que se identifican un sinnúmero de especies. Ejemplo de ello tenemos en los siguientes casos: Cazar el pájaro. Lanzar, soltar o volar el pájaro. Los pájaros se comen el trigo. Pájaro carpintero. Pájaro moscón. Pájaro pinto. Pájaro polilla. Pájaro perdiz y una larga lista de nombres con sus ‘apellidos’.

Por fin, en sentido figurado y metafórico introducimos pájaro o el nombre de algunos de ellos en frases que reflejan en sí mismas, características, condiciones o capacidades propias de los humanos. Así: Ser un pájaro. Ser un pájaro de cuenta. Estar hecho un buen pájaro, etcétera.

Veamos una serie de dichos sobre ellos, que habrá que cortar en alguno para no hacernos pesados, dejando abierta la puerta para entrar de nuevo cuando la ocasión lo requiera.

El pito, piérdese por su pico. Los pitos o pájaros carpinteros horadan el tronco de los árboles viejos a picotazos para construir el nido, con lo que el ruido que hacen delata su presencia. Así se refiere en un texto antiguo: “El pito, que también se llama ‘picarazón’ y ‘pico’, es un ave que hace el nido en un hueco de árbol, abriendo agujero con su pico y, porque de noche le cogen con facilidad dentro, parece que él hizo su cárcel”. Cuenta una hablilla vulgar muy antigua que, cuando tienen pollos, si se tapa la entrada del nido con una chapa de hierro, estando los padres fuera, estos van a buscar una hierba que conocen por instinto natural y que tiene la virtud de quebrar el hierro. Asiéndola con el pico, la arriman a la plancha y la quiebran, salvando así a sus hijos y dejando caer la hierba al suelo que recogen de inmediato los que colocaron la plancha con objeto de guardarla para ellos y poder romper con ella candados y cadenas cuando se vean en cárceles.

Quizá nació la fábula del pico y lima con que se rompe el hierro. Puede entenderse por pito, el pollo y otros pajarillos que, cantando, descubren el nido y también el silbatillo de niños, hecho de barro, imitando a un pajarillo en forma y sonido y que, en sus manos, se viene a quebrar.

En sentido figurado se aplica a quienes, por hablar en exceso, corren con facilidad riesgos y peligros que, con más discreción, evitarían. Otra forma: ‘Por su pico se pierde el pajarico’.

El canto del cisne. Se dice cuando un artista, en el umbral de la muerte, se descuelga con una obra excelente. Es una reminiscencia de la antigua creencia de que el cisne tenía una voz dulce y melodiosa y, próximo a morir, acentuaba estas cualidades. Aristóteles dijo de los cisnes: “Aves dadas al canto, especialmente en la cercanía de la muerte”. Plinio ya no creía en esta leyenda que Platón, Marcial y Virgilio inmortalizaron. Desaparecida tal creencia, la frase queda vigente para casos como el citado, en que se califica la excelencia del trabajo como ‘el canto del cisne’.

Adonde los pichones (palomas) ponen sus huevos. “Ubi reddunt ova columbae”, dice Juvenal. Alude el poeta latino a los huecos que existían bajo los tejados de las buhardillas en los que entonces, como también ahora, criaban las palomas y se refiere a las buhardillas como los lugares donde los poetas tenían su honrosa residencia.

¿Adónde va la grulla? Va con su ventura. Se dice cuando existen razonables dudas de que algo pueda salir bien o torcerse, dejándolo a la suerte. Quizá por comparación con el vuelo de las grullas en sus desplazamientos migratorios, que lo hacen tan alto que, a veces, no se las ve y solo se las oye gruir. Ante tal panorama surge la duda de la pregunta y la afirmación de la respuesta. En el refranero sefardí se encuentra bajo la forma: ‘Ahora donde va la grulla va con su ventura’.

Por el juez cantó el cuclillo. Otros dicen y escriben ‘Por mí cantó el cuclillo’, atribuyendo el dicho al propio juez. Formas parecidas son ‘Cú-cú, guarda no lo seas tú’, como respuesta del acusado al acusador que le había soltado ‘Por vos cantó el cuclillo’. Cú-cú es la voz y canto repetido del cuco y la tiene el vulgo asimilada a la de cornudo y para notar de ella a uno dicen cú-cú, para aludir al cuerno, que es su comienzo. Desde la más remota antigüedad tanto el cuclillo como su canto han venido simbolizando en el lenguaje equívoco una figura de cornudo en razón, tal vez, del hábito de no hacer nido y de poner sus huevos en los de otras aves que los incuban y crían a sus hijos, pareciendo que con este proceder ‘encornuda’ a esas aves y de aquí tiene el vulgo al canto del cuco por nota de cornudo, porque la voz de este canto parece que va a decir cuerno y motejan de ello diciendo cú-cú a quien padece este agravio de su mujer.

Tiene el dicho su origen en el canto de este pájaro que escucharon dos amigos muy celosos y que pusieron el caso en manos de un tercero, al que obsequiaron muy bien para que dijese por cuál de los dos había cantado y él sentenció que lo hizo por sí, pues ambos le habían contribuido, con lo cual se burló de los dos. Juan de Timoneda en un pícaro cuento lo narra de forma parecida así: Dos amigos que paseaban, como oyesen cantar al cuco, comenzaron a discutir sobre cuál de ellos cantaba. Al final, la disputa acabó en el juez, quien, luego de oírlos, les dijo: “Habéis de saber, buenos hombres, que por mí ha cantado el cuco ¡conque andad con Dios!” Con más detalle lo expone el siguiente relato: Iban dos caminando y cada uno tenía al otro por cornudo; oyeron cantar al cuco, pájaro de mal agüero para los casados celosos y necios y, persuadidos de que por alguno de los dos había cantado, se dijeron uno al otro: ‘Por vos cantó. No, sino por vos’ Agraviados ambos, fueron a querellarse y el juez (amigo de los dos y sobornado en secreto por cada uno), vista su locura y su porfía, los dejó gastar. Otro día, estando juntos, les dio una plática muy discreta afeándoles la causa y su liviandad al creer en vanos agüeros y al final sentenció que el cuco no había cantado por ninguno de los dos, sino por él y en provecho suyo. De ahí el dicho. Otra versión nos cuenta que fue el juez el que, llamando a cada uno aparte, les dijo que le enviasen un buen presente y juzgaría en su favor. Lo hicieron así y a la mañana siguiente, con toda solemnidad, emitió la sentencia diciendo que el cuclillo había cantado por él y no por ellos, habida cuenta de las muy buenas propinas con que ellos le habían agasajado, teniendo así el canto del cuco por mejor que el del cisne cuando va a morir y por lo que declaraba quedar ambos con todo su honor, dándoles por libres. Agradó la sentencia, con que se pasó en chacota y de esta manera quedó el proverbio o refrán completo: ‘Por vos cantó el cuclillo; no cantó sino por vos; no, sino por vos; que ni por vos, ni por vos, sino por mí cantó’.
De lo expuesto se deduce que el dicho es una expresión usada para exagerar la felicidad de alguno que, sin pensar, se le vienen las dichas a las manos. Se dice cuando de la diferencia de dos, resulta provecho de un tercero. En tiempos de Enrique IV se utilizó el término como sátira contra políticos y así en las Coplas del Provincial, de autor anónimo, se dice: ‘A ti, fray cuco Mosquete, /de cuernos comendador, / ¿qué es tu ganancia mayor, /ser cornudo o alcahuete? /Y a vos, Doña Inés Mejía, /más fría que los inviernos, / ¿a cómo valen los cuernos/que ponéis a Don García?

El mal del milano, las alas quebradas y el pico (papo) sano. Recogido por el Marqués de Santillana. El Comendador presenta la forma ‘papo’ por pico y Juan de Valdés usa el singular ‘ala’. Critica a quienes, fingiéndose enfermos o impedidos, esquivan el trabajo, pero acuden a la mesa con absoluta puntualidad o son muy locuaces, en el caso de ‘pico sano’. Así se desprende del siguiente proverbio: ‘De siervo, amigo y hermano/que conmigo ha de comer/y al tiempo del menester/le toma el mal del milano’. También se dice de quienes, siendo fanfarrones cobardes, alardean de valientes y presumen de esta virtud que les falta. De una letrilla que un caballero envió a una pareja de viejos enamorados: ‘Las damas que están pasadas/y el galán, ya viejo anciano, /tienen el mal del milano, /las alas solas quebradas/y el pico y el papo sano’.

En los nidos de antaño, no hay pájaros hogaño. Se utiliza para rememorar y lamentar lo perdido y como concepto de decadencia si se compara el tiempo pasado con el presente y este sale malparado. Recomienda que no se ha de dejar pasar la oportunidad por temor a no encontrarla cuando se la vaya a buscar y porque no suele volver. Se alude a la inestabilidad de las cosas terrenas y a la diferencia entre el modo de recibirnos en una casa cuando en ella hay otro dueño o este ha sufrido cambios de fortuna. Covarrubias lo explica así: ‘Cuando en una casa donde solíamos ser recebidos, ya no nos conocen o por mudado de dueño o él mesmo aver mudado de condición y fortuna o estado’.

También es la respuesta que se confía a quien se pretende invitar a hacer algo, pero no tiene la edad o la ilusión de antes. Incluso se aplica irónicamente a alguien con un vicio arraigado, pero sin energías o medios para satisfacerlo. La expresión figura, igualmente, en El Quijote (II, 74) cuando este, en el lecho de muerte, comienza a hacer testamento: ‘Señores, vámonos poco a poco; pues ya en los nidos de antaño no hay pájaros hogaño’. Su sentido es figurado y quiere decir que ya no hay caballeros andantes como había antes y él tampoco ya lo es.

Estar como un claudión. Expresión corrompida por el uso vulgar. Claudión no existe como tal palabra en nuestro Diccionario, habiendo llegado a calar en algunos lugares de Castilla en sustitución de alcaudón que, como se sabe, es un pájaro recio y fuerte que se alimenta en parte de presas de carne como ratoncillos y pajarillos más pequeños que él; por lo que se usó en cetrería para enseñar a los que se iniciaban en esta modalidad de caza. Ignoramos la similitud de este pájaro con la postura del hombre a la que se quiere comparar. El dicho se utiliza para señalar a alguien cuando está aburrido esperando a otra persona y no tiene en qué entretenerse ni con quien conversar. El instinto de observación innato en el hombre rural, advirtió que el alcaudón pasa las horas muertas solo, sin cantar y de ahí construyó esta comparación, la cual no está exenta de cierto gracejo. Esta actitud del pájaro que adopta posado en lo alto de un árbol, poste o cable de tendido, le ha valido también los sobrenombres de observador, centinela y vigilante, entre otros muchos vernáculos, que justifican el dicho.

Fraile callejero, mujer que habla latín y golondrina en febrero, mal agüero. Expresión antigua y desafortunada que, como otras muchas, se hallan diseminadas a lo largo del refranero y que hoy no se sostienen por haber cambiado el esquema y los conceptos que en la sociedad de épocas pasadas se tenían. El fraile callejero era clérigo de clausura que iba por las calles pidiendo limosna y hoy ha desaparecido. La mujer culta, además de rara, no estaba bien vista. Por fortuna hoy abundan y se encuentran al mismo nivel que el de los hombres. En cuanto a la golondrina, aunque suele llegar algo más tarde, ver alguna en este mes no supone nada anormal.

Fuga de celo en los pares, llena bolsillos y costales. En la jerga pajarera, pares son las parejas de perdices que se forman con el fin de proceder a la reproducción de la especie y la fuga de celo es el tiempo cumbre del mismo, que viene a ser el de mayor rédito para los reclamistas de antaño que se ayudaban con los frutos de su práctica, de manera que al tiempo que aumentaban sus ingresos al despachar algunas de las aves, también resultaban mejor nutridos cuando las comían, llenando así sus ‘costales’, es decir: tapando la delgadez que les mostraban sus costillas a simple vista.

Gavilán de cazar mujeres, no (quiere) tiene cascabeles. En la cetrería, a los gavilanes, como a las otras aves de caza, se colocaban atados a sus tarsos unos cascabeles que, al sonar, delataban su presencia facilitando su localización y recuperación cuando se extraviaban entre la maraña del bosque. Hoy se consigue con un pequeño emisor de radio y un receptor que, debidamente sintonizados, portan ave y cetrero, respectivamente.

En lenguaje figurado la expresión ‘gavilán sin cascabel’ viene a tener un significado dual que vale tanto para denotar cautela con las personas que ocultan, con suma maestría, sus verdaderas intenciones encaminadas a satisfacer su propio interés, como motejar a alguno de capón, o sea, sin testículos. Con uno y otro sentido, respectivamente, aparece referido en La Dorotea, de Lope y en un cuento de Timoneda.

Grumos de oro llama la lechuza a sus hijos. El amor y el cariño que sienten los padres hacia sus hijos, hacen que los consideren los más guapos y mejores del mundo; aunque se trate de auténticos picios. La expresión se utiliza para hacer notar la excesiva valoración que acostumbramos hacer de todas aquellas personas a quienes queremos de manera especial.

Los pollos de lechuza, durante su estancia en el nido, son un claro ejemplo de ello; porque sus ojos pequeños, oscuros y hundidos y su gran pico ganchudo, les dan aspecto de bruja, nombre con que se conoce a esta ave en algunos lugares. Claro, que por el plumón blanco dorado que tapa su incipiente plumaje, también de tonos parecidos, se escogió el dicho impregnado de fina ironía.

Hablar por boca de ganso. Se usa cuando alguien reitera lo que otros han sugerido o referido y también cuando se acierta, al azar, en algo y de ordinario no acertando y tenerlo por no dicho. Hablar o jugar por ganso o con ganso es tener al lado quien diga y advierta. Quizás refiriéndose al ‘ganso’, cuyo significado en el s. XVII fue ayo, persona encargada de criar y educar a los hijos de gente importante; pues como siguen los gansitos a la gansa, así seguían los niños a su ayo, que por eso fue llamado ganso. Además, es fácil pensar que estos niños repitiesen las palabras que sus ‘gansos’ les decían, igual que hacen los ansarones ante sus padres.

Otra explicación más simple del origen del dicho está en el estúpido comportamiento de estos animales que, en cuanto grazna uno, graznan todos y una tercera interpretación apunta a la repetición de algo que otro ha escrito, es decir, a un plagio que, al fin y al cabo, es lo que se indica con el significado de la frase. Se sabe que las mejores plumas para escribir eran las de ganso y por ello no parece exagerado conjeturar que la pluma o lo escrito es la ‘boca de ganso’ a que hace referencia la frase de cabecera.

Ca todo pardal viejo nos toma en todas redes. Se encuentra en el ‘Libro de buen amor’ de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. ‘nos toma’, por no se toma. La estrofa completa es: ‘Estava demudada desta guisa que vedes/el sábado por noche saltó por las paredes, /diz: Vos que me guardades creo que me non tomedes, /que a todo pardal viejo no l’ toman en todas redes’. Pardal es otro nombre que se aplica al gorrión. La escena que se relata establece la comparación de lo esquiva y escurridiza que resulta la dama con lo avisado y despierto que es este pajarillo ante las trampas que le tienden y manifiesta lo difícil que es engañar a las personas que, por su edad, tienen experiencia de la vida. Similar a este: ‘Pájaro viejo, no entre en jaula’.

Cayó el búho entre las grajas e hiciéronle migajas. Los córvidos, así como otros grupos de aves, especialmente las rapaces diurnas, atacan con verdadera furia y saña a las nocturnas. De aquí saldría la creencia popular de que las otras aves, por envidia de sus ojos, se lanzaban contra los búhos para sacárselos. Previene así contra los envidiosos que son capaces de destruir lo que quieren para sí y no pueden conseguir.

Cada gorrión con su espigón. Individualismo. Ante la necesidad ninguno guarda amistad y el que hace lo que puede, cumple lo que debe y no está obligado a más. Se dice en un proverbio rimado: ‘De herederos con varaxa, /donde cada gorrión/volará con su espigón, /yo con solo la mortaja’. En otro sentido se dice como elogio y defensa del matrimonio. El DA: Refrán que da a entender que los genios y condiciones son diferentes y que cada uno sigue el dictamen o parecer que más le conviene.

Pedir gollerías. Equivale a desear cosas excepcionales o difíciles de conseguir, cuando no imposibles o regalos y bocados exquisitos, como golosinas y manjares o cosas muy delicadas; también pedir y exigir condiciones especiales. Otra expresión de similar significado es ‘Pedir gollorías (cotufas) en el golfo’ que se usa cuando uno, de regalado o impertinente, pide lo que no se le puede dar en atención al lugar donde se encuentra. Como le sucedería a quienes habiéndose embarcado sin ‘cotufas’, se encaprichasen con encontrarlas en alta mar, siendo así que la especie de juncia (tipo de junco) que produce este tubérculo, que no es otra cosa que la trufa, nace como todas las que pertenecen a su familia a orillas de los pantanos.

Gollería o gulloría y también gulluría y golloría son nombres que daban a una especie de alondra de sabor exquisito y difícil captura. Diego Clemencín lo expresa así: ‘Diose este nombre a unos pajarillos que anuncian la primavera y por ser sabrosos y difíciles de coger se tenían como manjar excesivamente delicado que solo podía apetecerse y buscarse por capricho y antojo’. En el Libro del Arcipreste se encuentra de este modo: ‘Algunos en sus casas pasan con dos sardinas, /en apenas pasadas, demandan gollorías’. Golloría en Extremadura no es una alondra, sino una lavandera o aguzanieves y responde a esas características de sabor y captura, que confirma por propia experiencia el que esto escribe.

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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