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SERVICIOS


Antaño y hogaño (VI). 3. Período de la Juventud

Permalink 07.03.18 @ 07:20:10. Archivado en Artículos

Por Carlos de Bustamante

( La patrulla. Óleo de Ferrer-Dalmau) (*)

Comentábamos “ayer” algunas de los valores o virtudes que, propios de la milicia bien vivida citaba divinamente nuestro foramontano Javier en su conferencia ante la cúpula militar. De ella me sirvo para hacerlas propias, y aplico al joven recién estrenado en este período; el que, como él, los de esta profesión-vocación militar vivimos y aprendimos intensamente en nuestras nuestros respectivos centros docentes: las Academias. Primero en “la General” de Zaragoza, común para todos, y luego en las especiales de cada Arma y Guardia Civil.

He dicho e insisto profesión-vocación, porque al tratarse de Centros de formación Militar, resultaría difícil si no imposible vivir y amar la dureza disciplinada en jóvenes que precisan hacerse violencia. Sin ser exhaustivo, iré desglosando alguno de estos valores y virtudes y cómo y por qué los Caballeros Cadetes o Alféreces luego las fueron asimilando.

Es posible que ahora cuando el materialismo y relativismo campan por sus respetos en niños, jóvenes y los que pasaron estos períodos, no acaben de entenderlo. Ése y no otro es el fin que me propongo. Vuelvo a utilizar la veterana sabiduría de mi amigo foramontano Javier Pardo en la conferencia dada a los Caballeros Cadetes en el Valle de los Caídos , para comenzar por uno de las principales características del militar de antaño y creo que hogaño: la vocación.

“…Y es que el militar es un hombre de vocación. Su vocación es, esencialmente, una vocación de servicio. Aunque casi no se dé cuenta de ello, el joven que elige la carrera de las armas está renunciando a centrar su vida alrededor de sí mismo, es decir, simplemente como una forma de ganarse el sustento y de competir con los demás en riqueza y en confort; en suma, como una forma de ganar dinero. El hombre de vocación militar sabe que le espera un futuro de austeridad, y enfoca la vida como un servicio, y lo aplica, en la escala de valores, a uno de los más sublimes: ese patrimonio común que es la Patria. Así de sencillo. Y aquél que entró guiado por otro esquema, impregnado por el ambiente, acabará por encontrar también esta motivación esencial”.

Poco más que añadir, para que el sentido vocacional quede meridianamente claro. Sin embargo y porque se cita, haré alguna breve consideración de dos verdaderos valores y virtudes humanas: servicio y austeridad.

¿Cómo será, me pregunto y les pregunto, este servicio por el que el militar se compromete v con juramento a Dios y/o promesa a “entregar si fuera preciso hasta la última gota de su sangre”? ¿Es que acaso la propia vida vale lo que un plato de lentejas o treinta monedas de plata? Sin vocación, sinceramente creo que sería imposible cumplir el juramento.

Y vocación de Servicio (con mayúscula). Porque a quien se sirve es a la Patria, sí, pero también y aún más importante a Dios mismo, por el juramento pronunciado. Y siendo, como es, materia grave, también gravemente nos obliga el juramento.

Lo es hasta tal punto, que el santoral está cuajado de santos mártires que, junto a la defensa de su Patria defendieron su Fe y los valores que conlleva profesarla.

Hora es pues de que meditemos seriamente en qué basamos lo que alegremente a veces llamamos moral militar o en cualquiera otra profesión. Moral y moralidad son algo más –lo repetiré de nuevo-que la que dicen moral del portero del club alcoyano; el que perdiendo por once o doce goles, aún pedía al árbitro prórroga del partido. Está claro que ni es ni puede ser ésa.

Particularmente me gusta dar pleno sentido al lema: por Dios y por España. Amor a Uno y a otra. Siempre unidos; si no, dudo de la sinceridad, o validez mejor, de ese lema.

Me pregunto y pregunto con perdón por el atrevimiento. ¿A quién servimos sirviendo a España? O más aún: “Servir a España hasta morir”. ¿Dejamos a Dios fuera como se deja la gorra o el abrigo en el perchero? ¿No lo tenemos en cuenta los mandos al instruir a nuestros soldados? ¿Nos importa más, o sólo la moral del portero del alcoyano…? Si así fuera, permítanme opinar que nuestro servicio no sería completo; porque dejaríamos a Dios en un rincón; moral con minúscula. Incompleta. Servicio mediocre.

“El militar con esta Moral y estos valores, tiene, una ventaja. Los valores cristianos y los valores militares están tan próximos, que el militar no tiene que forzar apenas la máquina para pasar de unos a otros. Pero también “debe ser consciente del profundo valor ético de su profesión y ser fiel a ella siendo fiel de verdad a su vocación de servicio”. (De la misma charla citada).

Dicho lo cual, que suscribo plenamente, cabría preguntarnos: ¿es que entonces para esta vocación de servicio es precisa una “solución católica” a ésta u otras profesiones que sirvan a los demás? Pues va a ser que no. Existiendo, como existe, libertad religiosa, no sería natural ni aplicable la obligación Moral que proviene de la religión católica de la que cada uno es muy libre de creer y practicar. Aunque en un próximo artículo les diré Algo específico sobre los llamados “valores”, bueno será, aunque me alargue, transcribir lo que respecto a las soluciones católicas dice el llamado santo de ordinario:

…“Pero a ese cristiano (se refiere a los que somos mayoría) jamás se le ocurre creer o decir que él baja del templo al mundo para representar a la Iglesia, y que sus soluciones son las “soluciones católicas” a aquellos problemas. ¡Esto no puede ser, hijos míos! Esto sería clericalismo, “catolicismo oficial” o como queráis llamarlo. En cualquier caso, es hacer violencia a la naturaleza de las cosas. Tenéis que difundir por todas partes una verdadera “mentalidad laical” que ha de llevar a tres conclusiones: a ser lo suficientemente honrados, para pechar con la propia responsabilidad personal; a ser lo suficientemente cristianos, para respetar a los hermanos en la fe, que proponen en materias opinables soluciones diversas a la que cada uno de nosotros sostiene; y a ser lo suficientemente católicos, para no servirse de nuestra Madre la Iglesia, mezclándola en banderías humanas.

Se ve claro que, en este terreno como en todos, no podríais realizar ese programa de vivir santamente la vida ordinaria, si no gozarais de toda la libertad que os reconocen a la vez la Iglesia y vuestra dignidad de hombres y de mujeres creados a imagen de Dios. La libertad personal es esencial en la vida cristiana. Pero no olvidéis, hijos míos, que hablo siempre de una libertad responsable.

Interpretad, pues, mis palabras, como lo que son: una llamada a que ejerzáis ¡a diario!, no sólo en situaciones de emergencia vuestros derechos; y a que cumpláis noblemente vuestras obligaciones como ciudadanos en la vida política, en la vida económica, en la vida universitaria, en la vida profesional, asumiendo con valentía todas las consecuencias de vuestras decisiones libres, cargando con la independencia personal que os corresponde. Y esta cristiana “mentalidad laical” os permitirá huir de toda intolerancia, de todo fanatismo lo diré de un modo positivo, os hará convivir en paz con todos vuestros conciudadanos, y fomentar también la convivencia en los diversos órdenes de la vida social”.

Como no debo ni puedo añadir nada que aclare o mejore lo dicho, será en el próximo, si Dios es servido, donde algo les diré de los llamados y cacareados valores.

---
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
https://c1.staticflickr.com/5/4609/28440700949_b343b5e585_b.jpg


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