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Bustamante, Arévalo y Pardo de S.Bustamante, Arévalo y Pardo de S.

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Huellas de la caza en el campo del lenguaje. VI

Permalink 26.10.17 @ 07:21:53. Archivado en Artículos

Por Hilario Peraleda Navas. Introducción de José María Arévalo

( Grabado de Archibald Thonburn. 1900. Foto en ruizvernacci.es. 58x66) (*)

Nos envía Hilario Peraleda un nuevo artículo algo diferente a los anteriores, para salir –me dice- de la monotonía que supone escribir-leer repetidamente sobre el mismo tema. Esta vez nos cuenta sobre el origen del nombre de los animales que, como en general, el de todas las cosas, no es caprichoso, aleatorio o puesto al albur o a “lo que salga”, sino que obedece a alguna razón o motivo, facultad, cualidad o rasgo que le diferencia de los otros y por el que se le identifica con cierta precisión y facilidad. Veámoslo.

“Rastreando por el campo en el que nos movemos, el de la caza, en busca de piezas (nombres) comunes y corrientes con que llenar el morral, nos encontramos, a veces, con algunos cuyo origen, historia y significado nos sorprende gratamente por la belleza que encierra en sí el hecho en que se basan, unas veces de carácter histórico, mitológico otras y las más, legendario y su recorrido hasta nosotros. Muchos han sido formados de la onomatopeya de los propios sonidos que emiten y no pocos carecen de etimología o son de origen desconocido. Como ejemplo de los primeros seguiremos hoy las huellas de unos cuantos (hay muchos) no hacia donde van, sino de dónde vienen, para encontrar su origen y su historia, sin entrar a fondo en la descripción de detalles de su biología y etología, que dejo aparcados para otra ocasión.

Arrendajo. Es el córvido con el plumaje de colores más bellos que tenemos en España. Mide 34 cm de longitud (14-15 corresponden a la cola), 55 cm de envergadura y pesa 175 g. Emite un desagradable chirrido, sonoro y penetrante, dentro de un gran repertorio de voces en las que entran con frecuencia, cantos completos que incluyen los propios de otras aves; razones ambas que justifican el nombre del Género, Garrulus, y el nombre vulgar, arrendajo, con que se conoce. El nombre de la especie, glandarius, bellotero, responde al tipo o clase del alimento dominante que entra en su dieta: la bellota. Otro de los nombres vernáculos que recibe y merece es el de “pega rebordá” que, por error se atribuye en algunos lugares al alcaudón real.

Vayamos por orden, con intención de explicar cada uno de ellos: El científico y latino Garrulus glandarius se le aplica, como queda dicho, por su voz gárrula con la que alborota y mete ruido en el bosque donde vive, poniendo sobre aviso a los demás habitantes de él, cuando algo le asusta o sorprende. Garrulus, en latín, es parlanchín, derivado de “garrire”, gorjear las aves y parlotear. Por ello es considerado el chivato del monte; pues sus gritos avisan de todo lo que ocurre en sus dominios; unas veces en contra del cazador que rececha, alertando a las piezas y otras favoreciéndole, cuando aguarda, al avisarle del deambular de los animales del bosque, en especial del zorro al que muestra gran inquina.

Glandarius, lo perteneciente a las bellotas, bellotero, por su afición a comer este fruto; de glans-glandis, la bellota y que por su forma y parecido da lugar a nuestro glande o parte extrema y cabeza del miembro viril. Así, su nombre de gala vendría a significar: parlanchín bellotero.

El nombre común, arrendajo, con matiz peyorativo, le llega de su capacidad para imitar el canto de otras aves con las que se relaciona, (aunque la calidad de la imitación no sea muy buena). Esta facultad es común a otras especies de córvidos como urracas, grajas y cornejas. Para no complicar mucho el camino recorrido hasta llegar a la palabra que nos ocupa diremos, a grandes rasgos, que arranca del latín imago-ginis, retrato, imagen. Aparece ya en Berceo y pronto pasó a ser término religioso. Tras una serie de vicisitudes se llegó a las formas imaginero, imaginario e imaginaria (abreviación de centinela imaginaria), que era la que se montaba en los cuarteles para vigilar de noche el lugar donde se guardaban las imágenes religiosas. En el siglo XIX se hizo general su uso como centinela de noche en los dormitorios de tropa. Imago se deriva de imari, del que surge imitari, reproducir, imitar y de este toman cuerpo: imitación, imitado, imitador, etc. La forma popular “remedar” (h. 1250) es el siguiente paso y se deduce de remedador, una suerte de juglar, que procede de reimitari, dando lugar a: arremedar, remedar, remedable, remedo y la variante sincopada “arrendar”, de donde el derivado arrendajo (rendajo, ave: avis imitatrix, en Nebrija) que se difunde a partir del XIX. Covarrubias lo explica así: “Arrendar vale remedar o contrahazer a otro, del verbo reddo, dis; porque le buelve sus mesmos ademanes como Ecco la voz y de aquí se dijo un cierto pájaro conocido, arrendajo”.

Pega rebordá (rebordada) se le llama por su parecido, tanto en tamaño y forma como en sus costumbres, con la urraca o pega, pariente cercano de la Familia y rebordá, por lo vistoso de su plumaje y en la particular disposición del de las cobertoras alares y plumillas del álula, que es a rayas transversales negras y azul cobalto con los bordes blancos, que semejan las puntadas alternativas de un bordado brillante y bien cuidado, muy del gusto de los cazadores que solían adornarse con ellas en la cinta del sombrero. El brillo de estas plumas no se debe a pigmento alguno, sino a la refracción de la luz en las capas superiores de ellas, presentando tonalidades irisadas.

Otros muchos nombres son asignados a este bello pájaro que, con su escasa presencia, adorna nuestros encinares.

Faisán. “Phasianus colchicus”. El faisán común o vulgar es la única especie que subsiste en España, procedente del Cáucaso, debido a que se reproduce bien en cautividad. El área original de todas las especies (entre 30 y 49) según los distintos autores y 122 subespecies que se agrupan en 16 Géneros, se sitúa en las zonas secas del Asia Central y Media, entre China y el Cáucaso; pero ya en la antigua Grecia se criaban por su magnífico plumaje y sabrosa carne. Se ignora si existieron en la Península Ibérica antes de la dominación romana; aunque se cree que fue en esta época cuando se introdujeron. Otros autores opinan que esto ocurrió en la Edad Media; pero cuando se tiene noticia de su existencia y abundancia es a partir del XVIII, durante la dinastía borbónica, sobresaliendo como lugares especiales La Granja y Aranjuez.

Presenta un gran dimorfismo sexual, el macho posee un plumaje de colorido vistoso y una carúncula ocular roja; mide 76-89 cm de longitud con la cola, larga, colgante y apuntada. La hembra es parda y críptica, de 53-63 cm, con la cola más corta.

En castellano aparece en el Libro de Guillermo (XIII-XIV) como ffaisán; en las Partidas, XIII, como faisán; faysanes, como manjar, en el Arcipreste de Hita (XIV) y en el mismo siglo en López de Ayala, como faisanes. Martínez de Espinar, 1644, con el nombre de faisán se refiere al urogallo. En provenzal, faizan, de donde pasa al francés y de este al español, como faisán. Todos ellos del latín Phasianus, faisán, del griego phasianós, de phasius, por la isla griega de Phasis, de donde fue traído por vez primera. Según el Diccionario de Caza: Fasia, Fasio o Fasis (gr. phasis) es una isla y también un río del Cáucaso, hoy Rioni, de la antigua Cólquida (Mingrelia rusa) que coincidía con la costa SE. del Ponto Euxino, hoy Mar Negro, en Asia Menor, habitada por pueblos nómadas y cazadores. Fue colonizada por los griegos de Mileto 500 años a. C. Dicha región en la actualidad pertenece a Georgia y de ella se trajeron estas aves los expedicionarios del Argo, comandados por Jasón y pilotado el barco por Linceo, como veremos después, cuando se dirigían a la ciudad de Colcos para recuperar el Vellocino de oro que Friso y Hero habían robado en Tesalia. Le dieron este nombre, porque al remontar el río vieron muchos faisanes en sus orillas y creyeron que esa tierra era la única donde existía tan hermosa ave. Así, Fasio o Fasia y Cólquida o Colcos y su leyenda sirvieron a Linneo para designar científicamente a una de las más bellas y vistosas aves.

Chotacabras. “Caprimulgus europeus meridionalis. Caprimulgus ruficollis" .Los chotacabras son aves que pertenecen a la Familia de los caprimúlgidos, que comprende 67-69 especies de las que 28 son del Género Caprimulgus. En la Península Ibérica viven en régimen de migradoras una subespecie del primero: el chotacabras gris, a la que se le da el nombre meridionalis para distinguirla de la que vive al norte de los Pirineos (europeus) y que se extiende por la mitad norte y la especie del segundo o chotacabras pardo que ocupa la mitad sur y occidental. El gris mide 27 cm de largo, es algo menor que su hermano del norte y con plumaje más pálido y es el que ha dado a la Familia entera su popular nombre. En nuestra península nidifica en pequeña cantidad, siendo más habitual en los bosques del norte con helechos y a partir de los 1000 m de altitud. Llega a mediados de abril y se marcha a principios del otoño. El pardo se distingue del gris por su tamaño ligeramente mayor (30 cm) y por tener una franja roja-pardo amarillenta en el cuello, a la que alude el nombre de la especie, más visible en la nuca. Dentro de Europa solo se encuentra en España, a donde llega en abril-mayo y ocupa los terrenos abiertos con arbustos y árboles dispersos (alcornoques y encinas). Algunos divagantes alcanzan las islas Baleares. En septiembre-octubre emigra hacia el sur.

Según la leyenda estos pájaros maman de las cabras, particularmente durante los crepúsculos y las noches que es cuando desarrollan su mayor actividad. El nombre vulgar chotacabras viene del antiguo chotar, mamar el choto, de carácter onomatopéyico, por imitación del ruido “chot-chot” de los labios, que hace el cabrito al succionar las ubres. El verbo se encuentra hoy en desuso, aunque no así choto y chotuno, poco usados; pero vigentes. La segunda parte, cabras, se explica por sí sola. Juntas ambas, vienen a significar algo parecido a mama-cabras u ordeña-cabras y que, por otra parte, es la traducción literal del latín Caprimulgus, compuesto de “Capri”, cabra y “mulgus”, de “mulgeo”, ordeñar, que da el nombre al Género de este pájaro, nombre fundado en la vulgar creencia de que estas aves entraban en establos y corrales a mamar las cabras gracias a su corto pico y gran boca. La explicación es que acuden a comer mosquitos y otros insectos que se concentran sobre el estiércol fresco o reciente de este ganado, para lo cual necesitan moverse entre él y al verlas entrar y salir o sobrevolar por las inmediaciones, se creó esta leyenda que ya relataba Aristóteles y propagaron Plinio y otros autores: “Vuela junto a las cabras y mama de sus ubres, de donde toma el nombre. Y aseguran que cuando ha mamado de las ubres de la cabra, estas se secan y la cabra se queda ciega”.

Otros aspectos de su comportamiento han dado lugar a que se le asignen otros nombres que se refieren siempre a la actitud que adopta, como el de engañapastores y engañabobos, no tanto por la citada leyenda, sino por la facilidad y frecuencia con que engaña a quienes se mueven por los terrenos de su hábitat, acercándose tanto a él, sin descubrirlo (debido a su inmovilidad y mimetismo) hasta que provocan su espantada que se traduce en un corto y aparente torpe vuelo que les hace creer en la posibilidad de poder capturarlo sin mucho esfuerzo, repitiéndose la escena cuantas veces lo intentan. Esta misma conducta le ha valido también, en parte, el nombre de gallina ciega y en Huesca, gallineta ciega, por creer que la causa del arranque tan cercano y a la vez del corto y torpe vuelo es debido a su deficiente vista. Otra razón para ello es la actitud somnolienta que adopta cuando reposa o descansa, cerrando los párpados y pareciendo ciego.

El canto seriado de “golpes”, una nota sencilla o doble: “pagá-pagá” o “capa-capa”, como si de palos a un tronco seco y hueco se tratara, que emite continua y repetida el chotacabras pardo en primavera hasta bien entrada la noche, oyéndose a bastante distancia, es la razón por la que se le dice “capacho” y sus variantes: gazpacho, gazpachino y galapacho en Extremadura y en Salamanca, cabacho. Otro tanto podemos decir de “pagañera” en Salamanca y Zamora, por su reiterativo pagá-pagá. Nebrija en el XV ya introdujo erróneamente capacho, asignándolo a lechuza, lo que quizá indujo a Francisco Hernández (1566) a identificarlo con cárabo, que define así: “halcón nocturno que decimos capacho”. Francisco Bernis. El DA. define capacho como “ave nocturna de tanto bulto y alas como la pitorra (chocha) y semejante a ella en el color. El pico es muy corto, la boca ancha, en la cual muda los huevos de una parte a otra y lo mismo hace con los pollos en invierno, que nosotros explicamos por su gran abertura bucal, capaz de transportar su fruto, como hace el capacho albergando en la suya el fruto de las aceitunas molidas”.

Zumaya y zumacaya también los recogen nuestros diccionarios. El DA., como ave nocturna de boca muy grande que, según Covarrubias, responde de noche cuando alguno da voces y por ello duda si será la que vulgarmente llaman engañapastor. Variantes de esta son zamaya, en Andalucía y zumbaya. Los ingleses le llaman nightjar, en alusión a sus hábitos nocturnos y al ruidoso y áspero sonido de su voz (jar).

Me dejo mucho más, nombres incluidos, referido a esta simpática y algo misteriosa ave, debido a su escasa presencia entre nosotros y a la dificultad que supone el verla durante sus horas de actividad, aumentada por el manto mimético y silencioso con que se cubre.

Lince. Felino robusto de tamaño mediano con los sentidos de la vista y del oído desarrollados en gran medida, muy ágil y excelente trepador y saltador. Existen cuatro especies, americanas, dos: lince de Canadá, con dos subespecies y lince rojo o bobcat que, con dieciséis especies, es el más pequeño. Las otras dos son europeas: lince europeo, Lynx lynx, mostrado en público por primera vez en los juegos olímpicos de Pompeyo Magno 55 años a. C., que cuenta con dieciocho subespecies, teniendo los machos adultos unas medidas medias de 20 k, 125 cm de longitud, más 12-14 cm de cola y el lince ibérico, Lynx pardinus, con una sola subespecie: L. p. pardella, descrita por Miller en 1907, de menor tamaño que el europeo, 12 k de peso, 95 cm de longitud y 13 cm de cola. Los machos son algo mayores que las hembras. Vive en zonas boscosas en regiones de montaña, matorral y monte bajo del centro y sur de la Península Ibérica; escasea en Portugal, en donde intentan reintroducirlo. Está considerado como el felino más amenazado del mundo y como especie en peligro de extinción, por lo que se encuentra totalmente protegido.

Llegó a la Península cuando lo hizo el águila imperial, procedentes ambos de la estepa europea, hace solo un millón de años (al tiempo que los primeros humanos). Los hielos del Cuaternario los empujaron en busca de comida y abrigo y aquí sobrevivieron gracias a la abundancia de conejos y clima más soportable. Se extendió por casi todo el territorio peninsular; pero el acoso a que fue sometido por el valor de su piel y por los supuestos daños que ocasionaba al ganado y la caza y últimamente los trazados de autovías y autopistas, la instalación de cercados y vallas, la acción de los furtivos y la disminución drástica de la población de conejos, su presa favorita, han obligado a adoptar estas decisiones. Vive solitario excepto en la época de celo. Su vida en libertad no supera los 15 años. El programa de cría en cautividad apunta a resultar un fracaso, por la aparición en 2009 de una enfermedad renal crónica que afecta a los linces de este programa y no a los que viven en libertad. Por ello, si algo no cambia el sentido y el resultado de estas operaciones, es probable que en los próximos años asistamos a la desaparición de esta especie, verdadera joya de la Naturaleza y de nuestra fauna, el gran fugitivo del bosque y del matorral mediterráneos, un fantasma entre las jaras, que ve siempre antes de ser visto y escucha el movimiento de las sombras y el silencio. Un cazador al acecho con gran potencia muscular que le permite realizar grandes esfuerzos y al que quizá no podamos ayudar a superar el último. Todos los linces responden a unas características que les hacen muy parecidos: conspicuas y largas patillas en las mejillas; pinceles de pelos largos y negros en las puntas de las orejas, que muchos cazadores llaman cascabeles; cola corta, rematada en pelo negro, menos el lince rojo, que lo hace en negro por encima y blanco por debajo. El pelaje del lince europeo es de color avellana claro y moteado de negro, incluyendo la cola. El moteado del lince ibérico es más marcado y más abundante y le sirve de camuflaje perfecto. El tamaño y forma de las manchas varía de un individuo a otro, incluso dentro de una misma especie, por lo que se encuentran formas intermedias entre ambas especies. Ojos verdes con pupilas verticales capaces de captar, haciendo honor a la leyenda que le da el nombre, el más mínimo movimiento de un conejo a 300 m de distancia y las evoluciones de un ungulado de tamaño medio a más de 500. De noche ve unas seis veces mejor que nosotros. Esta potencia visual se debe, en parte, a que posee una capa especial llamada “tapetum lucidum” delante de las células fotosensibles de la retina, capa que es la responsable de los destellos verdes o amarillos que emiten los ojos de los felinos que son enfocados durante la noche. La realidad es que actúa como un espejo que refleja la luz y la amplifica. A este fenómeno responden las leyendas diabólicas y de otro tipo que el hombre antiguo atribuyó a este hermoso animal. Entre ellas está la mencionada anteriormente que paso a relatar: la expresión “ojos (vista) de lince” viene de la creencia fundada en lo que Plinio en su Historia Natural expresa sobre su vista: “clarissime ómnium quadrupedum cernunt”, aludiendo al personaje mitológico Linceo, precisamente, porque sus ojos se parecían en perspicacia a los del lince y al que se atribuía el don de poder traspasar con su vista los objetos opacos como, por ejemplo, ver lo que estaba detrás de una pared. “Puede ver a través de un muro de cuatro pies de espesor”, se lee en el Libro de caza del rey Modus. Marco Varrón cuenta de este personaje que discernía todo objeto a ciento y treintamil pasos y que estaba acostumbrado a señalar con plena claridad desde su atalaya de Libia, la flota de guerra que partiese de Cartago y hasta el número de unidades mayores. Opiano en su Cinegética además de confirmar sus extraordinarios poderes y capacidades visuales, añade que Linceo fue piloto de los argonautas e hijo de Afareo, rey de los mesenios (Mesenia era región del Peloponeso, al sur de Grecia) y Arene y que también participó en la cacería del jabalí de Calidón.

El nombre del Género, Lynx, es voz latina de lynx-cis, el lince, de la misma raíz griega likós, lobo y sus derivados licaón, licántropo y licantropía. De aquí que se le llame también lobo cerval y lobo cervario, probablemente del nombre latino “lupus cervarius” acuñado por Plinio, el “loup cervier” de los franceses, como lubicán (entre lobo y perro) en Galicia y gato lobo. J. España Payá opinaba que “lo de lobo se debe, tal vez, a que su grito es algo parecido al del lobo y lo de cerval y cervario a que quizá caza ciervos jóvenes o a que su piel presenta manchas como aquellos”. Pardinus, que designa la especie, por tener las espaldas cubiertas de manchas pardas, dando origen a la antigua creencia de que así se originaban las llamadas “piedras viboreras” o “piedras de lince”, probablemente identificando ambas con bezoar. En general se toma este como una concreción procedente del cuarto estómago de algunos rumiantes y por creer que curaba las mordeduras de culebras y víboras se le llamó piedra viborera y también piedra de la culebra. Por tanto, nada tiene que ver el bezoar con el lincurio o piedra de lince, como tampoco entre estas dos, salvo el nombre que toma el primero del segundo. Fue el naturalista Buffón quien, en 1835, siguiendo a Plinio, denominó “lapis lyncurius” a unas piedrecitas o cristales que se forman de la orina de lince, dando así lugar a la formación, por su parecido, del nombre lincurio, que no es otra cosa que una piedra preciosa: la turmalina para unos y la belemnita para otros. La realidad es que, al evaporarse esta espesa y densa orina, quedan restos salinos que, cristalizados o no, aseguran su olor característico mucho tiempo después de haber sido depositada, dejando así marcada claramente la frontera de su territorio. A las pequeñas concreciones que se forman en los lugares en que asiduamente orinan se les atribuyó en la antigüedad propiedades afrodisiacas y curativas entre las que se encuentran la estranguria (micción dolorosa, frecuente y en pequeña cantidad) y la tortícolis, que no tienen fundamento científico y mucho menos la turmalina y la belemnita a las que se confunde con aquellas piedrecitas que, por otra parte, casi nunca se forman o si lo hacen, son diminutas por la falta de entidad del depósito de orina, dada la forma de expulsarla: hacia arriba, de pie y rociando en muchos casos plantas y arbustos. Solo se formarán en los lugares que se dijo. Abundando un poco más, el propio Plinio habla de la orina del lince en estos términos: “vertida en los lugares donde hay este animal, se cristaliza y se seca formando piedras preciosas parecidas a los carbunclos” (rubíes) y que: “brillan con el color del fuego y las llaman lincurios”. Otros autores afirman que el ámbar se produce de parecida forma. Plinio sigue relatando que los linces son conscientes de este fenómeno y a mala idea cubren con tierra la orina, lo que facilita y acelera su solidificación. Sin duda la costumbre obedece al instinto animal de ocultar las huellas de su presencia que podrían poner de manifiesto, no solo con la vista, sino con su olor."

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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4402/36661138633_51c882e462_o.jpg


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Comentarios:
Gran artículo muy ameno e interesante
Que riqueza de lenguaje tiene este autor
Os felicito
Enlace permanente Comentario por Amelia 02.11.17 @ 00:02

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