Editado por

Bustamante, Arévalo y Pardo de S.Bustamante, Arévalo y Pardo de S.

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Noviembre 2017
LMXJVSD
<<  <   >  >>
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
27282930   
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS


Un rato a perros

Permalink 08.07.17 @ 07:27:56. Archivado en Artículos

Por Hilario Peraleda Navas. Introducción de José María Arévalo

( Rhodesian. Acuarela de Juan Cáneba en retratosparaperros.blogspot.com) (*)

Cuando llevamos publicados ya dos artículos sobre el libro “Huellas de la caza en el campo del lenguaje”, de Hilario Peraleda Navas, el autor nos remite, para hacer un descanso en la relación de dichos y refranes, un comentario que tiene al perro como protagonista, y que le ha surgido al intentar seleccionar una nueva serie o tanda de refranes. Le habían salido varios del siguiente tenor: Echar a perros una cosa, por emplearla mal o desbaratarla; echar el día a perros (o la mañana o la tarde), por no hacer nada práctico durante ese tiempo, teniendo mucha tarea por delante y con escaso o ningún fruto o dedicándolo al esparcimiento; llevar o tener vida de perros; a perro flaco, todo son pulgas; como perro por carnestolendas, etcétera, de los que también salen malparados, como si alguna maldición pesara sobre ellos o la desgracia les persiguiera. Ante semejante panorama se propuso engrosar la lista con el que encabeza el artículo, con la intención de cambiarle el sentido al lote, teniendo siempre presente, la idea de fidelidad, lealtad y ayuda que nos prestan; a lo que, como poco, debemos estar reconocidos y agradecidos. Me ha parecido una estupenda idea. Transcribo lo que me remite.

“Vaya por delante un poco de historia. Hasta hace poco se creía que el proceso de acercamiento del perro al hombre y viceversa se había iniciado en las comunidades agrícolas de Oriente Medio hace 14.000 años aproximadamente; pero un informe científico señala que los perros fueron domesticados en Europa por cazadores recolectores hace más tiempo, entre 32.100 y 18.800 años. El informe surge de un estudio publicado por Science, en el que participó el CSIC, de un análisis de ADN mitocondrial de 18 cánidos prehistóricos de Eurasia y América y en el que se descubre que los perros modernos, que proceden de lobos de medio tamaño (su domesticación debió comenzar a partir de cachorros de estos lobos) emparentan más con los prehistóricos europeos, incluidos los lobos. El proceso ocurrió como sigue.

El hombre aceptó la compañía de los lobos que merodeaban por sus asentamientos atraídos por los restos de comida o la curiosidad. La unión entre ellos cuajó y los dos sacaron partido y ventajas de esta amistad. Los humanos se encontraron un buen vigilante, guardián y socio de caza y los lobos se desprendieron de su fiereza a cambio de un sustento más fácil. Así, de esos lobos “mansos”, surgieron los primeros perros que, con el tiempo, hemos convertido en un montón de razas.

Hasta bien entrado el siglo XII nos entendíamos con el “can”, heredado del latín “canis”, perro (que aparece documentado por 1ª vez en el año 963) y este “canis”, del griego “kyon” o “kinos” y el “kynegetikós”, perro y arte de la caza con perros, respectivamente. De donde se deduce que, en propiedad, no debería hablarse de cinegética en ninguna modalidad de caza en la que el perro no intervenga. Hoy se ha generalizado para todo tipo de ella.

Bueno, a lo nuestro, en español, “perro” aparece a comienzos del siglo XIII y gana lentamente terreno a “can”, al que relega desde el XIV a la categoría de palabra anticuada, solo empleada en poesía o con otros significados alternativos; en particular como afrenta dirigida a una persona, hasta el Siglo de Oro. En principio, la sustitución de can por perro se desarrolló solo en un contexto familiar y un tanto peyorativo que tropezó con gran resistencia hasta imponerse, por ser considerado vocablo vil e innovador, frente al tradicional can, generalmente preferido, hasta el XV inclusive, por lo menos en boca de nobles y literatos. Con el correr del tiempo, perro se impuso como uso general en todos los ámbitos.

Se ha buscado el origen de la voz perro en las antiguas lenguas celtibéricas; pero probablemente se trata de una formación onomatopéyica medieval basada en el grito “perr” o “prrr” con que el pastor incitaba al animal a mover el ganado y también a este para que obedeciera al perro. Sin embargo, Covarrubias apunta al griego “pyr”, fuego, “por ser estos animales de un temperamento seco y fogoso”.

A continuación, os dejo unas “pinceladas” sobre perros, con color distinto al que presentan los dichos citados al comienzo: Abakarú fue un sabueso del faraón Keops, quien comenzó a construir su famosa pirámide el año 3773 a. C. por lo que quizá sea el perro más antiguo cuyo nombre nos da la Historia. Salustio menciona que, en las Guerras Púnicas, en la entrevista de Sifax y Escipión, dos perros acompañaban al príncipe númida. Muchas veces eran inmolados sobre la tumba de su amo, a la muerte de este, citándose con frecuencia el caso de dejarse morir los propios canes, como cuenta Eliano de los cinco perros del pastor Dafnis y del perro Angeos del poeta cómico Eupodio. El lugar en que se dejó morir sobre la tumba de su amo, por esta circunstancia, recibió el nombre de “Llanto del perro”.

En la antigüedad se llegó a comprar y vender alguno de estos nobles animales a precios muy elevados, como el célebre de Alcibíades que le costó 70 minas (6.650 pts.). en la exposición de Nueva York, organizada por la sociedad Westminster Kennel Club, se vendieron dos pointers de la reina Victoria de Inglaterra por 100.000 dólares y un setter de míster Magdona por 50.000, en el año 1877.

Los cuidados y mimos que se prodigaron a los perros griegos y romanos parecen calcados a los de nuestros días. En una comedia de Tibulo se lee: “Dispón para el perro un buen tapiz de lana de Mileto y extiende encima de él una manta de púrpura…, unta sus patas con megalión” (perfume muy estimado). Ciertas razas de perros eran objeto de aprecio exagerado por los griegos, como los perros de Laconia y los de Malta, a cuya muerte se les construían, a veces, tumbas con inscripciones parecidas a esta: “De la casta de Melita” (a esta raza pertenecía el perro de Epaminondas). Los romanos y más las romanas, superaron a los griegos en su cariño por los perros. El preferido era inseparable de su dueña, incluso comía junto a ella, a la mesa. Muchos elegantes de los últimos tiempos de la República, según Plutarco, no salían nunca de su casa sin llevar perritos. Marcial cantó, con mucha paciencia, a Issa, la perra de Publio, afortunado animal al que ningún regalo ni comodidad faltaban. Estos perros tenían esclavos dedicados a su servicio, como lo atestiguan numerosas inscripciones: “Minister catellae et cura catellae”, yendo en ocasiones, este cariño más allá de la tumba, dedicando a su memoria monumentos de mármol con leyendas en verso, algunas de ellas citadas por el egregio epigramista. Igualmente figuraban en el testamento de algunos romanos, así, Trimalción recomendó que, a los pies de su estatua, se pusiera la de su perrita y, a la derecha, la de su mujer con una paloma en la mano.

“Hemos tenido noticia de un perro que luchó por su dueño contra unos ladrones y, aunque molido a palos, no se separó de su cuerpo, apartando a los pájaros y las fieras”. No recuerdo el nombre del autor. Otro, en el Epiro, reconoció en una reunión al asesino de su dueño y, con mordiscos y ladridos, le obligó a confesar su crimen.

Doscientos perros hicieron volver al rey de los Garamantes (pueblo de África que habitaba al sur de Numidia) del exilio, tras luchar contra los que se oponían. Los Colofonios (de Colofón, ciudad de Lidia en Asia Menor) y los Costabalenses (Costabala está en Cilicia) tuvieron cohortes de perros entrenados para la guerra, que luchaban en primera línea, no abandonaban nunca, eran las “tropas” más fieles y no cobraban soldada.

Tras la masacre provocada por Mario el año 101 a. C. contra los Cimbrios (pueblo del norte de Germania, que amenazaba invadir Italia), los perros defendieron a sus familias, que buscaron refugio en los carros.

El perro de Jasón de Licia, tras la muerte de este, se negó a comer hasta que le llegó la suya. Cuenta Duris, historiador griego de Samos (340- 260 a. C.) que el perro Hircano, encendida la pira del rey Lisímaco, se arrojó a las llamas y lo mismo hizo el perro del rey Hierón (tirano de Gela y de Siracusa, 540- 478 a. C). De Lisímaco se dice que estranguló al león con el que fue encerrado por orden de Alejandro Magno. Fue rey de Tracia (306- 281 a. C.) a la muerte de Alejandro y lo cuenta Séneca como ejemplo de la ferocidad de los reyes bárbaros, debida, según él, a su falta de instrucción.

Otros casos, que se citan de pasada, de perros que destacaron en tiempos antiguos son: Pirro, del tirano Gelón (rey de Siracusa, hijo de Hierón II, siglo V a. C.) que lo relata Filisto, historiador que vivió en Siracusa en el reinado del tirano Dionisio (V-IV a. C.). El perro de Nicomedes, rey de Bitinia (Asia Menor) en el III a. C. despedazó a Cosingis, su esposa, a causa de un juego, atrevido en exceso, con su marido. Volcacio, noble perteneciente a la “gens” Volcatia Sedigita y que enseñó derecho civil a Cascelio (jurista nacido antes del 104 a. C.) fue defendido por su perro de un salteador de caminos cuando regresaba del campo, al caer la tarde, a lomos de un caballo asturcón. El senador Celio, enfermo en Placentia (ciudad junto al Po), fue atacado por hombres armados que no pudieron herirle antes de que muriera su perro defendiéndolo.

Cuando se ejecutaba, a causa de Nerón (hijo de Germánico), a Ticio Sabino (amigo de Germánico que, tras la muerte de este, cayó en desgracia con motivo de una trampa y sometido a juicio por ello) y a sus esclavos, en el consulado de Apio Junio y P. Silio (28 d. C.), el perro de uno de los esclavos no pudo ser apartado de la cárcel, ni se alejó del cuerpo de su dueño, arrojado en las escaleras de las lamentaciones, profiriendo tristes aullidos en medio de una multitud de ciudadanos romanos. Cuando uno de estos le echó comida, él la llevó a la boca del muerto y, arrojado el cadáver de este al Tíber, se echó a nadar intentando sujetarlo ante la muchedumbre que se había concentrado para contemplar la fidelidad del animal.

Siguiendo en esta línea de hechos sobresalientes “perrunos” y ya, más cercanos en el tiempo, cabe citar el que narra Bon en su obra “El perro”: “Cuando la guerra del 60 con Marruecos, un sargento de los Batallones de Cazadores tenía un perro de aguas que le acompañaba siempre. Destinado a África, hubo de dejar el perro en Barcelona al cuidado de un lanchero. A los ocho días, sin saber cómo, el perro se presentó en Ceuta, encontró el Regimiento y a su amo. Se inició el avance y el sargento murió de un balazo en la cabeza. Sobre el cadáver se tendió el perro, los camilleros lo recogieron y lo enterraron. El avance siguió; pero el perro se escabulló, yendo al lugar donde estaba enterrado su dueño, se echó junto al ros que habían colocado en la cruz y allí se dejó morir”.

Entre los relatos alegres y vividos o conocidos por mí, se encuentran estos otros (y muchos más): Un caso parecido al que se narra en el dicho “Andar más que la perra de Calahorra” ocurrió en los años 50 del XX entre los pueblos cacereños de Casas de Belvís y El Gordo, separados entre sí 20 k aproximadamente. A lomos de caballerías, por razones familiares, un matrimonio se desplazó del primero al segundo, acompañándoles su perra que, una vez ya en este último, se puso de parto, alumbrando cinco cachorros. Sus dueños regresaron por la tarde a Casas, dejando a la perra y su camada en El Gordo. Al día siguiente, ya tenía la perra a sus cinco cachorros en el corral de su pueblo, trasladados uno a uno por ella.

Una mastina de José, el de Lucía, recogió y trasladó en su boca el primer cabrito de un parto doble que la madre dejó en el suelo, ante la puerta de su corral, empujada por la cabrada cuando esta se disponía a entrar en el suyo, inmediato al de José. Pablo, el cabrero, solo recogió el segundo que fue el que vio. La perra penetró en su cercado con la cría y se echó junto a ella, hasta que a la mañana lo descubrió José y le arrimó a la madre. De otro similar se hizo eco la cadena de TV Telecinco, el 9-5-2005, informando que, en Nairobi, una perra recogió un bebé que se encontraba en una bolsa de plástico y lo amamantó, junto a su camada, hasta que fue rescatado por unas personas.

En los años 40, todavía quedaban lobos en las comarcas cacereñas de las Villuercas y los Ibores que provocaban de vez en cuando alguna lobada con el consiguiente quebranto del rebaño y daño al ganadero. En una de esas “visitas” atacaron la majada de un ganadero de mi pueblo que defendían dos perros, macho y hembra, de mediano tamaño. Cuando regresó el pastor al chozo, ya de madrugada; pues había bajado al pueblo, después de cerrarlas en el redil, se encontró con todo “patas arriba”: varias ovejas muertas, otras heridas y el resto, desaparecidas. Hasta los perros faltaban. Dos o tres días tardaron en regresar, con evidentes muestras de haber peleado. Posteriormente, en un mercado de ganado, en Navalmoral de la Mata, fueron reconocidos por alguien que informó al dueño que esos perros dieron muerte a una loba en Navalvillar de Ibor, a 23 k de donde tuvo lugar el ataque al ganado, coincidiendo la fecha en que ocurrieron los hechos.

De vuelta a nuestros tiempos remotos, las autoridades de entonces, también cuidaron de los perros, castigando y sancionando a quienes les maltrataban. Sirva de ejemplo lo dispuesto en los Fueros de Castilla a este respecto: En el Fuero Viejo de Castiella, que Alfonso VIII no quiso confirmar en 1212 y sí en el Fuero de Castilla de 1272, en el libro 2º, dedicado a Derecho Penal, ley 3ª, que confirmó Alfonso X, se señalan las sanciones en que incurren los que maltratan a los perros: “Esto es Fuero de Castiella del precio de los canes. De quiquier que los matare o lisiare a culpa de sí: por el sabueso que por sí mismo matare, cien sueldos; e por otro sabueso el mejor, cincuenta sueldos; e por el carano de sobrepueste, vente sueldos; e por otro carano el mejor, cinco sueldos. E por can que mata al lobo, treinta sueldos; e el otro tres sueldos; podenco perdiguero o codorniguero, sesenta sueldos”.

Acabo con unos versos, de otro texto, que incorporó a la copla Rafael Farina: “Alma de tirano, /corazón de hierro, /maldita sea la mano /que mata a un perro”.

---
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://c1.staticflickr.com/5/4262/35251213476_8fbab6c876_b.jpg


Bookmark and Share

Comentarios:
Aunque actualmente sea sólo nuestro foramontano Javier el que tiene perros en su casa de campo de la Urbanización donde vive, este otro foramomontano tuvo siempre perros de caza o guardianes en el campo. Pointer, Setter irlandés o laberak y cómo no, pastores alemanes y otros de simple "raza canina". Cierto que para enseñarles a cazar o guardar el caserío había que tratarles, a veces, con cierta dureza. Pero jamás con maltrato. Sólo les faltaba hablar,y ¡hablaban! Como se lo digo. Lean si no, mi librito "Iván y Kira" que será la 4ª la próxima edición. A tus refranes, Josemari, añadiría al menos uno muy común: "Échame pan y llámame perro"; por demás significativo. Y sin ser refrán, pese al cariño por los amigos más fieles (?) del hombre, digo y repito para que se enteren los animalistas: Hay que "humanizar el trato a los animales"; pero "no humanizar a los animales". Lo son y desde la creación, para servicio del hombre. Pues eso.
Enlace permanente Comentario por carlos de Bustamante Alonso 08.07.17 @ 10:40

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Hacer comentario:
Normas de etiqueta en los comentarios
Desde PERIODISTA DIGITAL les animamos a cumplir las siguientes normas de comportamiento en sus comentarios:
  • Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
  • No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso.
  • Los comentarios deben ser pertinentes. Respete el tema planteado en el artículo o aquellos otros que surjan de forma natural en el curso del debate.
  • En Internet es habitual utilizar apodos o 'nicks' en lugar del propio nombre, pero usurpar el de otro lector es una práctica inaceptable.
  • No escriba en MAYÚSCULAS. En el lenguaje de Internet se interpretan como gritos y dificultan la lectura.
Cualquier comentario que no se atenga a estas normas podrá ser borrado y cualquier comentarista que las rompa habitualmente podrá ver cortado su acceso a los comentarios de PERIODISTA DIGITAL.
Tu email no se mostrará en la página.
etiquetas XHTML permitidas: <p, ul, ol, li, dl, dt, dd, address, blockquote, ins, del, span, bdo, br, em, strong, dfn, code, samp, kdb, var, cite, abbr, acronym, q, sub, sup, tt, i, b>
URLs, email, AIM y ICQs serán convertidos automáticamente.
Opciones:
 
(Saltos de línea se convierten en <br />)

Blogs
Luis Miguel Modino: misionero en Brasil

Luis Miguel Modino: misionero en Brasil

REPAM-Brasil: “Estudiar y hacer vida la Laudato Sí muestra la Amazonia como lugar de lucha, resistencia y esperanza”

Luis Miguel Modino

Punto de vista

Punto de vista

El juez belga

Vicente Torres

Crónicas Bárbaras

Crónicas Bárbaras

Váyase Mister Marshall

Manuel Molares do Val

El buen vivir de Juan Luis Recio

El buen vivir de Juan Luis Recio

Bíbelo, una novedad en #aove con marca propia de Martín Berasategui

Juan Luis Recio

Parresía

Parresía

¿Una parábola Capitalista?

Juan Manuel González

El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

La risa resta tensiones

Ángel Sáez García

El blog de X. Pikaza

El blog de X. Pikaza

19. 11. 17. Día de la pobreza: El mayor problema de la iglesia

Xabier Pikaza Ibarrondo

Amistad Europea Universitaria

Amistad Europea Universitaria

Olga Ibáñez de Cáceres: Lo imposible que se hace mantenerse como Científica de alto nivel.

Salvador García Bardón

Punto de encuentro

Punto de encuentro

Una frase

Gabriel María Otalora

Entre el Cielo y la Tierra

Entre el Cielo y la Tierra

Francisco Baena Calvo

Secularizados, mística y obispos

Secularizados, mística y obispos

Obispos sed santos como

Josemari Lorenzo Amelibia

Diario de un cura de pueblo

Diario de un cura de pueblo

El rompecabezas de Santa Rosa

César Luis Caro

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario. "A"

Angel Moreno

No más mentiras

No más mentiras

Pensamientos y reflexiones 170

Antonio García Fuentes

Faustino Vilabrille

Faustino Vilabrille

Presentación de Proyectos de Cooperación para 2018

Faustino Vilabrille Linares

El Blog de Francisco Margallo

El Blog de Francisco Margallo

Marx y la Biblia

Francisco Margallo

Un país a la deriva

Un país a la deriva

El difícil retorno a la legalidad (22)

Vicente A. C. M.

Opinión

Opinión

Fernando Jáuregui - Y, a todo esto, ¿qué fue de la "marca España"?

Opinión

Contemplaciones del Evangelio

Contemplaciones del Evangelio

En el cielo, cada uno gozará no el amor que recibió sino el que dio, más un ?bonus? extra para regalar (33 A 2017)

Diego Fares sj

Tres foramontanos en Valladolid

Tres foramontanos en Valladolid

¿Olvidamos o no olvidamos?

Bustamante, Arévalo y Pardo de S.

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital