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La Batalla de Simancas

Permalink 30.08.13 @ 07:29:24. Archivado en Artículos

Por José María Arévalo

(Otoño en Simancas. Acuarela de F. Buendía en su exposición de abril de 2010, en Caja Círculo, Valladolid. 35x52,5 ) (*)

Buscaba una novela para llevar este verano a la playa, preferentemente novela histórica, a la que soy muy aficionado, cuando me llegaron noticias de la última de Sánchez Adalid, “El camino mozárabe”. Supuse sería continuación de otra anterior de Jesús Sánchez Adalid, “El mozárabe”, que me encantó cuando la leí hace un año, pero ha resultado ser una “precuela”, como se dice ahora en términos cinematográficos. “El mozárabe” comienza en la esplendorosa Córdoba del siglo X, concretamente en el 954, donde conviven Asbag, un clérigo mozárabe que llegará a obispo, y que hace amistad con Abuamir, joven y ambicioso musulmán que se convertirá en el legendario Almanzor. Concluye con la toma de Santiago de Compostela por éste, a finales del verano del 997, y cómo destruyó la modesta iglesia construida en el siglo IX por el rey asturleonés Alfonso II y transformada en gran basílica el 910 por Alfonso III el Grande, así como murallas y edificio de la ciudad, todo menos el sepulcro del santo apóstol, atendiendo las súplicas del ya anciano sacerdote.

“El camino mozárabe” empieza con la batalla de Simancas, en el verano del 939, y transcurre por los años siguientes siguiendo las vicisitudes de las embajadas que a continuación remitieron las partes para establecer un periodo de paz: la musulmana acompañada por los obispos mozárabes de al-Ándalus enviados por el derrotado pero poderosísimo Aderramán III, y la cristiana por una importante delegación de colaboradores del rey Ramiro II, el vencedor, en su mayoría también mozárabes. De mozárabes algo contábamos, sobre todo del arte que tomó este nombre, en el artículo del pasado junio, “Madrigal de las Altas Torres, junto a las Edades del Hombre”, ya que muchas veces se confunde con el mudéjar. Lo que no sabía era la trascendencia de la batalla de Simancas en la reconquista, y me ha maravillado su descripción en ésta novela, tanto en la parte literaria como en la nota histórica que Sánchez Adalid acostumbra a incluir al final de sus novelas, donde explica las fuentes en que se ha basado. Creo vale la pena reseñar lo que refleja en esta última sobre la batalla, para que valoremos un poco más nuestra historia y nuestras raíces. Y de paso se animen ustedes a leer la magnífica novela.

Tras la muerte del rey Alfonso III el Magno –resume Sánchez Adalid-, el reino de Asturias había quedado repartido entre sus hijos: García I recibió León, Álava y Castilla; Ordoño 11, Galicia; y Fruela 11, Asturias. Al morir García I en 914 sin descendientes, Ordoño 11 se trasladó a León, donde fue aclamado rey de León y de Galicia, y trasladaría definitivamente la capital y el solio real desde Oviedo a León, con lo que se crea un nuevo reino. En todas las crónicas y escritos musulmanes, este reino será conocido como Yilliqiyya (Galicia o Gallaecia).

El reino de León comenzaría pronto su expansión por el Duero y el Sistema Central hasta la actual Extremadura (Extremodourio extremo del Duero), pero la falta de repobladores hace que los amplios territorios más allá de la frontera sean una «tierra de nadie». Durante el reinado de Ramiro II se producen enfrentamientos internos que causarán que el conde Fernán González separe en 929 el condado de CastilIa del reino de León, originando un proceso que culminará en el posterior reino de CastilIa.

“Ramiro Il de León, llamado el Grande –explica la Nota Histórica, al final de la novela-, nació en León el año 898, llegando a ser coronado como el sexto rey de León entre 931 y 951. Hijo de Ordoño II, a la muerte de este, y tras ayudar a su hermano Alfonso a ocupar el trono (Alfonso N de León) deponiendo a su primo Alfonso Froilaz, hijo de su tío Fruela II, se hizo con el dominio del norte de Portugal (926), al que añadió el de Galicia cuando murió su hermano Sancho (segundo rey de GaIicia) en 929. Ramiro II fue el monarca leonés más temido por los musulmanes. Se le apodó el Diablo porque llevó el reino a su máxima extensión territorial, llegando a conquistar Madrid y a poner sitio a Talavera de la Reina. Su figura histórica es una de las más destacadas e interesantes de toda la Edad Media. Se nos presenta en las crónicas siempre bajo el signo de un incesante quehacer. Según la Historia Silense, compartía el mismo rasgo que había caracterizado a Ordoño II, su padre: labori nescius cedere, es decir, «no sabía descansar». Ramiro II fue un hombre de una profunda religiosidad”. El último acto público de su vida fue su abdicación voluntaria del trono la tarde del día 5 de enero de 951, en León, cuando debía contar unos cincuenta y tres años; falleció ese mismo mes, reinando ya su hijo Ordoño In de León”.

A continuación incluye Sánchez Adalid un apartado específico sobre “La batalla de Simancas”. “

“En el año 939 el califa Abderramán III decidió aplicar a los cristianos del reino de León un castigo definitivo y ejemplar para vengar los ataques de Ramiro II contra Madrid, Zaragoza y otras plazas al sur del Duero y de Extremadura. Se llamó a la guerra santa, la yihad, desde los minaretes del califato y del norte de África. Miles de hombres acudieron para alistarse en el ejército y aportar dinero, comida, armas, caballos con los que combatir a los infieles del norte. El califa juntó un descomunal ejército de casi cien mil hombres, formado por mercenarios andalusíes, militares profesionales, soldados de las provincias militarizadas (“yunds”), tribus beréberes, destacamentos de las marcas y un buen número de voluntarios. Como era costumbre antes de partir, tuvo lugar el alarde o revista de todo el ejército concentrado, antes de que saliese el sol. y las tropas, formando una enorme mesnada y una imponente cabalgata, partieron de la capital en dirección a Toledo el sábado 29 de junio, después de que se hubieran incorporado al alarde los “ribaties” o voluntarios norteafricanos y los de las provincias venidos de todo el al-Ándalus. Y desde ese día, el califa ordenó que diariamente se entonara en la mezquita mayor de Córdoba la oración de campaña, incluyendo una acción de gracias por lo que suponía iba a ser un éxito total sobre los infieles.

El primer objetivo de Abderramán III era Zamora, la ciudad reconquistada por Alfonso III en 901, que por su posición era la marca de protección del reino cristiano y el punto de partida para la reconquista en el Duero. Porque si Zamora se ganaba, los cristianos perderían sus esfuerzos repobladores del último medio siglo. Y debía empezarse por la fortaleza de Simancas, que era la plaza más fuerte de todo el Duero medio.

Las crónicas, tanto árabes como cristianas, señalan que hubo un eclipse de sol unos días antes de la batalla. Según Kitab ar Rawd:

`Encontrándose el ejército cerca de Simancas, hubo un espantoso eclipse de sol, que en medio del día cubrió la tierra de una amarillez oscura y llenó de terror a los nuestros y a los infieles, que tampoco habían visto en su vida cosa semejante. Dos días pasaron sin que unos y otros hicieran movimiento alguno´.

Manuel Bachiller, en “Antigüedades de Simancas”, dice:

`El sol padeció terrible eclipse, en el día en el que en España Abderramán, rey de los sarracenos, fue vencido en una batalla por el cristianísimo rey Ramiro´.

Una breve noticia del año 956 de un monje del monasterio de Saint Gall en los Alpes bávaros, al escribir sobre el descalabro musulmán de Simancas, atribuye erróneamente la victoria a la reina Toda de Navarra:

`Un eclipse de sol se produjo alrededor de la hora tercia del día 19 de julio, en el año cuarto del rey Otón, viernes, luna 29. El mismo día, en la región de Galicia, un ejército innumerable de sarracenos fue casi aniquilado, menos su rey y cuarenta y nueve guerreros suyos, por cierta reina llamada Toda´.

Basándose en este dato, el eclipse previo a los días de batalla sucedió el 19 de julio del 939. Porque, aunque se ha perdido parte del texto con el mes y el día del acontecimiento y se ha leído o reconstruido mal el día de la semana, podemos calcular indirectamente la fecha. Y además es muy posible que este eclipse del 19 de julio sea el fundamento real de la prodigiosa noticia recogida en el “Cronicón Burgense”:

`El año 939, el sábado 1 de junio, hacia las tres de la tarde salió del mar una llama que abrasó muchas villas y ciudades y hombres y bestias; y en el mismo mar incendió muchas embarcaciones y en Zamora un barrio, y muchas villas en Carrión, en Castrogeriz, en Burgos, en Briviesca, en Calzada, en Pancorbo y en Buradón y en otras muchas villas´.

Los mismos hechos extraordinarios describen los “Annales Compostellani” y el llamado “Cronicón de Cardeña”, ya del siglo XIV, precisando únicamente que fueron cien las casas incendiadas en Burgos, y sustituyendo Buradón por Belorado.

El viernes 2 de agosto las huestes califales dieron comienzo al asalto de la fortaleza de Portillo, a unos veintitrés kilómetros de Simancas. El rey Ramiro y su ejército se encontraban en actitud de espera tras el río Pisuerga. Pero el califa envió por delante a
Muhamad ibn Hashim al Tuyibí, señor de Zaragoza, con un destacamento de caballería que logró cruzar el río, encontrando al enemigo congregado en la llanura que hay entre la ciudad y la orilla. Allí se trabó el primer combate y los cristianos acabaron prefiriendo replegarse al amparo de los muros de la fortaleza.

Los “Anales castellanos primeros” datan la llegada del ejército cordobés con su califa a las cercanías de Simancas:

`Después del eclipse, a los 19 días, que fue el martes 6 de agosto, el día que los cristianos celebran la festividad de los santos Justo y Pastor, llegaron los cordobeses a Simancas con su nefandísimo rey Abd al Rahman y todo su ejército y clavaron allí sus tiendas´.

Los mismos “Anales” especifican que las huestes musulmanas:

`Encontraron allí al rey Ramiro con sus condes, a saber Fernán González y Asur Fernández, que se habían reunido con él acompañados de sus huestes, y a otras muchas unidades de combatientes´.

Abd al Rahman clavó su tienda sobre un elevado montículo, desde donde podía contemplar su ejército y dirigir los movimientos. Muhamad ibn Hashim al Tuyibí, señor de Zaragoza, que salió inicialmente al frente de la caballería, ocupando la vanguardia. Pero inesperadamente, en medio del combate, cayó de su montura sin que los suyos se dieran cuenta, y al no poder recuperar ya el caballo fue apresado por los cristianos. En los mencionados Anales castellanos primeros el suceso se narra así:

`Con la ayuda de Dios [los cristianos] se lanzaron contra los moros matando con la espada a casi tres mil o más de ellos; allí fue apresado el moro Abayahia [Abu Yahya]´.

Se trataba de una pérdida significativa para el ejército de Abd al Rahman, pero que no mermaba sustancialmente la inmensa fuerza del ejército califal, así que los combates prosiguieron junto a la fortaleza durante el jueves 8 y el viernes 9 de agosto. En el parte enviado a Córdoba por uno de los secretarios del califa se narra de esta manera:

` [...] al tercer día de acampada, el califa ordenó al jefe del ejército atacarles de mañana, cuando había recibido refuerzo de los confines de Pamplona, Álava, al-Qila y gentes de Castillas, además de los infieles de Coimbra, pues con ellos había toda clase de cristianos. Dio, pues, la llamada a los musulmanes para salir bajo sus estandartes..., con lo que los musulmanes llevaban la mejor parte de la refriega, que fue muy violenta, como si la muerte solo se cebara en los nobles y condes infieles, de los que cayeron el conde de Gormaz, el sobrino del puerco, el hijo de Fernando y el decano y patrono de la cristiandad, el hijo de Ramiro, con muchos otros valientes caballeros, concluyen do la lucha en su derrota...; y los musulmanes se retiraron victoriosos y a salvo del encuentro, pernoctando con la mayor tranquilidad ´.

Esta concentración de las huestes del reino leonés nos da una idea de la importancia que se dio a la defensa de Simancas y la batalla continuará el viernes 9 de agosto, como queda reflejado en el mismo parte oficial:

`Los enemigos de Allah, creyéndolos cansados de lucha, y habiendo recibido nuevos refuerzos, se pusieron en marcha, con las cruces por delante, saliendo jinetes y peones y lanzando su caballería ligera contra la parte más inmediata del ejército, mas los musulmanes se les abalanzaron como fieros leones, repitiendo la gesta y combatiendo con las espadas hasta terminar el lance con muchas bajas entre sus principales, que hubieron de lamentar, volviéndose y retirándose, humillados por Dios, que los golpeó e hizo valer poco su número, haciendo que los musulmanes parecieran más a su vista...´

Isa ibn Ahmad al Razi resume así los dos días que ambos ejércitos combatieron a las puertas de Simancas:

`El ejército pasó a las puertas de Simancas el día siguiente, miércoles, y presentó combate en la mañana que siguió a la noche del jueves, quedando 11 de swaal [8 agosto], en un violentísimo encuentro, y nuevamente el viernes, siguiente día, encontrando los musulmanes gran entereza, pues aunque en un momento fueron rotas las líneas cristianas, se rehicieron y los rechazaron en vergonzosa desbandada, con enormes pérdidas´.

Habiendo comprobado la firmeza del ejército cristiano y las poderosas defensas de Simancas, el califa temió que se alargara la guerra y faltaran los bastimentos, prefiriendo regresar hacia el sur, para presentar lo que en realidad había sido un resultado en tablas como una gran victoria. En definitiva, una retirada estratégica en busca de nuevos objetivos, como refleja el parte oficial:

`El califa, sus tropas, reclutas y personas de experiencia y honor seguían atacando y reduciendo a los enemigos de Dios cuando se les iban acabando el grano y los pertrechos, habiendo ya alcanzado su objetivo extremo de humillar a los infieles, ocupándoles el campo, mientras su tirano se refugiaba en un alto monte, en cuya cima esperaba librarse, por lo que ordenó partir, redoblando la atención y el número para protección de la retaguardia del ejército, puesto que esperaba que los infieles salieran en su rastro, y empezó la mar cha, sin que los enemigos de Dios se atrevieran a observar el paso del ejército sino desde lejos y desde las alturas, mientras él recorría su país lentamente... ´

La versión cristiana de los hechos es mucho más resumida, según el texto de la “Crónica Silense”:

`A continuación Abd al Rahman, rey de Córdoba, vino con gran ejército a Simancas. Sabedor de esto nuestro católico rey dispuso acudir al mismo lugar también con gran ejército, y habiéndose enfrentado allí el Señor dio la victoria al rey católico el lunes 5 de agosto, víspera de las fiestas de los santos Justo y Pastor; fueron eliminados ochenta mil enemigos. También fue apresado allí por los nuestros Abohahia [Abu Yahya Muhamad ibn Hashim al Tuyibí], rey agareno, conducido a León fue recluido en un calabozo; porque había mentido a nuestro rey fue apresado por justo juicio de Dios. Los supervivientes, tomando el camino se dieron a la fuga, persiguiéndolos nuestro rey, hasta que llegaron a la ciudad llamada Alhándega, donde fueron alcanzados y exterminados por los nuestros ´.

Como se ve, las fuentes musulmanas y cristianas están de acuerdo en lo sucedido en torno a Simancas en lo esencial, con las naturales exageraciones interesadas de una y otra parte. El segundo combate, desastroso para la hueste califal, tuvo lugar, según la crónica árabe, en Al Jandaq, que puede traducirse como «foso, zanja o barranco».

Por el tomo V de “Al Muqtabis”, conocemos la ruta seguida por el califa en su retirada siguiendo el alto Duero y la localización del desastre de Alhándega o Al Jandaq en un barranco de las tierras sorianas.

El mismo parte oficial remitido a Córdoba nos describe la marcha del ejército después de abandonar Simancas:

` [...] hasta alejarse hacia el nahr Duyayra [río Duero] y llegar a su campo del hisn Mamls [castillo de Mamblas], lo cual fue unido a la devastación [sufrida] por su población. Pues no dejó, en Yallikiyya castillo que no destruyese, ni medio de vida que narrarse, hasta llegar a la ma/dinat Rawda [ciudad de Roa] cuyas moradas estaban abandonas. Se dedicó a destruida, así como al hisn Rby/s [castillo de Rubiales] durante dos días que se les hicieron, a los enemigos de Allah, más largos que dos años, ya que trastocaron su prosperidad, destrozaron sus moradas y talaron sus árboles ´.

No sabemos si durante el trayecto hacia Atienza hubo enfrentamientos entre ambos ejércitos. Pero la gran batalla, que se convertirá en un auténtico desastre para Abd al Rahman, tendrá lugar más adelante, en la misma jornada, saliendo de la comarca del río Aza. Los “Anales castellanos primeros” dan la fecha del combate con una total exactitud:

` [...] el 21 de agosto, a los dieciséis días de la prisión de Abu Yahya [Muhamad ibn Hashim al Tuyibí], cuando proseguían los moros su fuga (o retirada) y trataban de salir de la tierra de los cristianos, le salieron estos al encuentro en el lugar llamado Leocaput y el río de nombre Verbera, siendo allí dispersados, muertos y despojados en gran número´ .

“Al Muqtabis” lo cuenta así:

` [...] y en la retirada el enemigo los empujó hacia un profundo barranco, que dio nombre al encuentro [Alhándega], del que no pudieron escapar, despeñándose muchos y pisoteándose de puro hacinamiento: el califa, que se vio forzado a entrar allí con ellos, consiguió pasar con sus soldados, abandonando su real y su contenido, del que se apoderó el enemigo...´

Abd al Rahman «escapó semivivo», de puro milagro, dejando en poder de los cristianos su precioso ejemplar del Corán, venido de Oriente, con sus valiosas guardas y su maravillosa encuadernación en doce tomos, y hasta su cota de malla, tejida con hilos de oro, que por el repentino e inesperado ataque no le dio tiempo a vestir. Dice la crónica que del campamento mahometano «trajeron los cristianos muchas riquezas con las que medraron Galicia, Castilla y Álava, así como Pamplona y su rey García Sánchez».

La gran victoria permitió avanzar la frontera leonesa del Duero al Tormes, repoblando lugares como Ledesma, Salamanca, Peñaranda de Bracamonte, Sepúlveda y Guadramiro.

En el siguiente apartado “Consecuencias de la batalla de Simancas”, Sánchez Adalid relata los sucesos de Cordoba a la llegada del califa tras la derrota –que ocuparán una parte importante de la novela-, y cómo Abderramán III no volvió a salir a guerrear personalmente con su ejército. Desde entonces permaneció ya siempre en las inmediaciones de Córdoba, entregado a engrandecer su capital y especialmente Medina Azahara.

“Las consecuencias de Simancas en el aspecto de la extensión territorial del reino cristiano se concretaron con las repoblaciones llevadas a cabo tanto en la zona sur de León y las correspondientes en el condado de Castilla. En la zona más occidental, el avance territorial se produjo en la zona del río Tormes, repoblándose su valle y asentándose nuevos pobladores en las antiguas villas de origen romano de Bletisa y Helmántica (Ledesma y Salamanca). Al sur la repoblación avanzó en la zona de Íscar y Olmedo. Los condes de Castilla y Monzón, Fernán González y Asur Fernández, intentaron ampliar sus territorios hacia el Sistema Central con la repoblación de villas como Sepúlveda, Cuéllar y Peñafiel”.

En fin, interesantísimo relato que amplía magistralmente en la novela reflejando la actitud de moros y cristianos ante el eclipse, la batalla y las reacciones de unos y otros. Para no perdérselo, como toda la novela, verdaderamente un relato magistral de uno de los maestros indiscutibles de la novela histórica española, Jesús Sánchez Adalid.

---
(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm6.staticflickr.com/5476/9547135056_54e948318b_o.jpg


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Comentarios:
Gracias Paqui, de acuerdo, aunque a mí me gustó más "El mozárabe".
Enlace permanente Comentario por José María Arévalo Riera [Blogger] 04.09.13 @ 10:47
Es una novela preciosa, sí señor. He leído todo lo de Adalid y ésta última es excepcional.
Enlace permanente Comentario por Paqui Almendro Suarez 03.09.13 @ 19:02

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