Observatorio en invierno. Cencellada.
22.02.12 @ 07:28:23. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Cencellada en el Canal de Castilla. Acuarela de J.M. Arévalo.32x46)(*)
El deshielo ha producido el milagro. Empapados los terrones de arcilla, el agua se congeló dentro. Presionó sobre las paredes verdes, de arcilla verde, y los rompió en mil pedazos. Mil veces mil. Desmenuzados. Subir las laderas era un verdadero riesgo. Todas ellas arrastraculos. Toboganes hasta el río. La ventana. Observatorio en invierno. En la cabaña de Ignacio. Pasamos en ella todo el fin de semana. Febrerillo loco. Noches frías. Amanecer invernizo. Al mediodía, el sol rompe las nubes invernizas. Las torna límpidas, transparentes. Azul intenso. Como las aguas del padre Duero. Auscultación rápida. Desde el banco exterior. Cielo y tierra.
Veo y miro el cerro en el páramo y las aguas, abajo, que ríen cantarinas. En el rodapié de la ladera. La perdiz hembra llama discreta al macho. Y éste engallado en la línea recta de la cortadura en las Derroñadas, exhibe la potencia de su canto con un “¡chará, cha, cha, charará…” continuo que a ninguna pasa inadvertido. Se le aproximan amorosas. Con el pudor de jovencitas. Con el ardor de hembras en celo. Veo y miro. Espectacular a la luz del sol que quiere dar la luz y el calor que le estuvo vedado en nueve meses de invierno. Todavía no lo consigue. Pero insiste con ardor al mediodía. Calienta. Firmamento en las laderas con millares de puntos luminosos sobre ellas. Cristales de yeso, que emergen con luz propia con fulgor emergente entre la blancura de un terreno fantasmagórico. Espectáculo para nuevo y mayor Magníficat. Como el fulgor, surge espontáneo, encendido por tanta belleza.
Escarcha atravesó el río como si nadase en aguas tibias de verano. Llegó todavía con el pelo blanco empapado. Se tumbó bajo la ventana, cuando el sol en todo lo alto, convertía en sombra lo que hace bien poco era lugar helado. “Chupiteles” de estalactitas trasparentes. Hielo con punta de lanza. Voladizo del tejado con río de lágrimas heladas antes de posarse en el suelo. Sombra que acoge ahora a Escarcha jadeante tras subir la ladera hasta mi observatorio. Cabaña de Ignacio. Abierta de par en par la ventana. Escarcha hizo buena la sabiduría popular: “En febrero busca la sombra el perro”. ¿Coletazo de invierno? ¿Cordonazo, por venir, de san Antonio?
Se hizo, pronto, la noche. Cielo raso. Estrellado. Madrugamos. En la peña alba, Raposo y Raposilla. “La guapa”. Novia engalanada, para su amantísimo esposo. Amor con alguna similitud al amor humano. Amor sin respetos humanos. Con el mismo que la naturaleza entera con flora y fauna parece que despierta del letargo invernal.
Duermevela aún, porque la noche fue de frío intenso. Rescoldo de brasas vivas en la cocina de morillos.
Nada más despertar con el despertador sonoro con el canto amoroso de las pechugonas patirrojas, la ventana. Espectáculo. Cencellada. Vapor que con la frialdad de la noche se condensa helado en la atmósfera. Y cae lentamente- tímido- sobre la tierra tibia. A poco de amanecido, desaparece; como los placeres mundanos; como la felicidad incompleta del hombre en vida sobre la tierra que le vio nacer. Desde la ventana: asombroso. Otra vez zamarra de piel vuelta y las botas de Carolus, mancillan la película finísima de tules y encajes bordados, primorosos, sobre laderas y cárcavas; sobre aulagas y carrascas.
Escarcha-mi perrina- aún más blanca. Raposo y Raposilla-estatuas vivas sobre la peña alba- son imagen hermosa de la fidelidad blanca. Sin doblez ni engaño. Puesto que tienen alma-especial-, amor fiel con toda su alma. Ejemplo para los humanos.
Magnificat. “Trium puerorum”. Toda la naturaleza alaba a Dios. Veo, miro y también alabo. Oración de la mañana. Ensimismado. Obra perfecta del Creador. “Lo que fue, es”. Paseo de Dios en lo creado. Como en Edén. Dios presente en el alba muy blanca de la cencellada al amanecer. Neblina que sube aguas arriba del rúo transparente. Señal cierta de tiempo áspero: cordonazo.
Desde la peña se ve la torre de la Iglesia en Peñalba. Sobre ella, el nido de las cigüeñas con las dos –macho y hembra- dentro. Estampa bellísima. Para soñar; y sueño: Gabriel y Galán en la memoria. “Dos nidos”:
Enfrente de mi casa yace en ruinas
un viejo torreón de cuatro esquinas,
y en este viejo torreón derruido
tiene asentado una cigüeña el nido.
¡Y parece mentira, pero enseña
muchas cosas un nido de cigüeña!
………
Fidelidad en el matrimonio. De por vida. “Y parece mentira, pero enseña…” En el nido aguantaron las últimas nieves. Y la cencellada. ¿También los matrimonios, ahora, de los humanos? El blanco y negro del plumaje en la pareja, no luce comparado al blanco deslumbrante de la espectacular cencellada. ¿Dónde pacen ahora las cigüeñas para ensuciar así lo que fue blanco? Repito el estribillo; para mis adentros.
Deja Escarcha a sus amigos y se me acerca. Sé que quiere “hablar conmigo”.
-¿Qué quieres perrina?, le digo.
-Es que, Carolus, me contaron Raposo y “la Guapa”, que hablasteis en la raposera del Dios de todo lo creado, que lo es, lo sé, y no sólo el sol, que creían ellos.
-Así fue, perrina-le dije- ¿y qué es lo que no entiendes?, pregunté seguro de alguna duda.
-No, Carolus, no, de eso nada, me dijo-. Eso lo entiendo divinamente.
-¿Entonces…? , dejé en el aire la pregunta.
-Es que- trató de explicarse, sin conseguirlo del todo- lo que no entiendo es, que si también tenemos alma, como los humanos, como vosotros, ¿por qué no igual inteligencia y cuerpo? Muy lista Escarcha.
- Mira perrina, le expliqué con cariño: Dios fue quien hizo -creó- todo de la nada “y vio que era bueno”. Pero sólo al hombre lo creó “a su imagen y semejanza”.
¿Comprendes…? Po eso y para estar más cercano a nosotros, se hizo hombre. Niño nacido de Mujer, como los humanos.
-¡¡Aaaaaaah…!!
Soñé nuevamente. ¿Es la vida un sueño?: con la pasada fiesta de la Madre y con la Joya. “Una Mujer vestida de sol-el que deslumbra, recién nacido, laderas y cárcavas-, la luna bajo sus pies (todavía pálida en el cielo) y coronada con doce estrellas”. (Las más bellas entre las miles que salpican las laderas. De Peñalba). Despertar penoso de vuelta a la capital. Sí, la vida es sueño. Si Dios es servido, aún volveremos…
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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