Observatorio de invierno. Santa Misa en el pueblo
08.02.12 @ 07:32:09. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Pueblo castellano. Acuarela de Jesús Meneses)(*)
Por no recargar de pietismo mis escritos-que en absoluto creo sean tal-, omití la práctica común y diaria de la estancia en la cabaña. Observatorio de invierno. En las laderas de Peñalba. La cabaña de Ignacio. Si arribábamos a ella en sábado tarde, por la mañana del domingo o incluso en días diario (no festivos), acudíamos todos, o casi todos- era voluntario- a oír la Santa Misa en Villabáñez. Por si no fuera suficiente el valor infinito del Santo Sacrificio, se nos ofrecía servido en “bandeja de plata”. A diferencia con los pueblos del valle, Villabáñez es un pueblo castellano a tope, pero como de montaña. Apenas si hay adobe en las construcciones de casas u otros edificios. Como en la Montaña de los foramontanos, allí, si no todos, sí la mayoría, son edificios de piedra. No de grandes sillares tallados y pulidos, de cantera, sino de piedra sacada de los “bogales” en el páramo. Piedra rústica, pero que le dan al pueblo ínfulas de nobleza. Villabáñez, pues, es un pueblo noble. En sus casas y sus gentes. No menosprecio a los otros; digo, que Villabáñez es distinto. Tiene en sus piedras, escritas historias de nobleza señorial. Y en sus habitantes.
Como la gallina recoge bajo sus alas a los polluelos, y les da calor amoroso, así la iglesia del pueblo, arropa las casas sobre las que, en lo alto, destaca majestuosa. Iglesia Madre del pueblo. Y de sus hijos feligreses. También de los que vienen de la cabaña.
Con antelación suficiente, los peñalberos de la cabaña, entran silenciosos en el Templo. Los cuchicheos de las señoras mayores, se confunden con las campanadas “a terceras”, para la Misa Mayor. Antes de colocarse en los bancos correspondientes de hombres o mujeres, se acercan todos al Nacimiento. El que instaló con mayor cariño que acierto y arte don Ramón, el señor cura párroco. La Joya –Jesús niño, ya saben- era en verdad una verdadera joya; la única que se salvaba del maremágnum de figuras enormes, desproporcionadas, y montañas pintarrajeadas de papel de periódico. Hermosas, sólo si el periódico era bueno. Ovejas descomunales de las que bien podía huir el perro diminuto. Se supone que de la raza canina, al servicio de un pastor enano.
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