Resistencia Realista
03.02.12 @ 07:22:23. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(La obra de Paulo Nazareth, Banana Market, con la fruta tirada y ya madura, en la Feria de Art Basel, en Miami)(*)
A través de un nuevo comentario al artículo de Avelina Lesper en revistareplicante.com que también publicó el blog de los Artistas Hartos, y que comenté en estas páginas a finales del pasado año, he accedido a otro muy interesante blog, resistenciarealista.blogspot.com, cuyo título ya lo dice todo. Añade como subtítulo, redondeando su propósito, “Por la pintura realista, la ilustración y el comic de todos los tiempos”. Interesante propuesta. Y más el post que incluye ahora en cabecera, que titula “¡Se comió una obra de arte!”. Para que nos hagamos una idea de lo que está pasando con el pretendido “arte conceptual”, que inunda nuestros museos. Hace unas semanas me refería a este problema en el comentario a la exposición que el vallisoletano Museo Patio Herreriano comparte con el Nacional de Escultura Policromada del Colegio de San Gregorio, y que titulan ambos “Figuras de la Exclusión”: mucho desecho –les decía entonces del primero- de ensamblajes y envolturas, como era de esperar, solo se salvan, para mi gusto dos o tres obras; y el de San Gregorio “solo recoge unas cuantas obras, unas cuarenta, casi todas de segunda fila”. El problema –subrayaba-, creo yo, a juzgar por lo publicitado en la red, ha sido la pretensión de realizar una muestra típicamente “conceptual”, provocativa, con lo poco de arte-belleza que tiene el “concept art”, como ya hemos comentado reiteradamente en estas páginas.
Quizá con mi expresión “mucho desecho de ensamblajes y envolturas” no daba suficiente idea de los destrozos del pretendido arte conceptual. Mucho más expresivo es este post del blog “Resistencia Realista”, y la foto que incluye, y que reproduzco para ilustrar estas líneas. “Y no era arte culinario” comienza explicando. “Hace poco condenaron al deshonor a una empleada de un museo por limpiar una mancha que era parte de una instalación, ahora una mujer se ve en aprietos por comerse dos bananas que eran parte de otro extraordinario exponente del ya vetusto arte contemporáneo, en la Feria de Art Basel, en Miami. La crónica -“Banana Affaire, Art Basel 2011 Miami”- fue escrita por la crítica de arte Avelina Lesper -que reproducimos en parte- junto a los comentarios de los lectores de su blog”.
“La Feria Art Basel – continúa resistenciarealista.blogspot.com- deviene en espectáculo público y fiestas privadas. Esta última edición denunció que la creatividad está en franca decadencia entre los artistas que se venden como modernos y transgresores. Art Positions es uno de los espacios de la feria dedicado a shows pequeños de un solo artista; ahí el brasileño Paulo Nazareth montó una camioneta Volskwagen destartalada y llena hasta el tope de racimos de bananas, la obra se llamaba Banana Market, Art Market. El primer día las bananas estaban medio verdes, con el paso del tiempo éstas fueron madurando, y para el último día el olor de la fruta inundaba el área de estas galerías. Montones de kilos desparramados por el piso. Entonces, tentada por el aroma y por la abundancia de algo que tiraron a la basura una vez clausurada la feria, una visitante se acercó y se comió dos bananas y dejo las cáscaras en la defensa de la combi.
Bajo el ladillo “La víctima, el artista filósofo”, prosigue el blog: Es importante aclarar que el artista Paulo Nazareth se hace llamar a sí mismo un “filósofo del arte” y que sus obras “tienen la intención de crear una visión categórica de la ética que se conecte con la vida individual y colectiva”.
Y bajo el título “El castigo”: “Pues esta ética individual no se hizo presente porque en el momento en que la mujer se comió los plátanos el artista llamó a seguridad, detuvieron a la mujer por “robar” parte de una obra de arte, le cobraron 20 dólares cada banana y la multaron. La mujer discutió que era injusto, que las bananas no valían eso y seguridad, esgrimido en curador, le espetó que esas bananas y la combi dentro de la feria eran una obra de arte. Paulo Nazareth sin ética y sin honestidad, se negó a aceptar que esa mujer reaccionó así frente a su obra y que las cáscaras eran una intervención a la obra misma”.
Tras una foto de Paulo Nazareth posando ante su obra de arte, con un cartel que dice: "Mi imagen de hombre exótico para la venta", continúa Avelina Lesper: “Este arte vive y existe gracias a sus imposiciones ideológicas, y el hecho de detener a la mujer, multarla y hacerle pagar cada banana legitimó esa cosa como arte: ya no era fruta metida en una combi vieja, era una obra intocable, como si fuera un Rubens, es decir, algo irremplazable e irrepetible. Hagamos cuentas, una combi usada y en mejor estado que la de Nazareth cuesta 14 mil pesos aproximadamente (en España vale unos dos mil euros), y si sumamos los plátanos a 8 pesos kilo, (en España 0.80 euros) por 100 kilos, son 800 pesos. La obra en cuestión se vendía en 40 mil dólares, representada por la galería Mendes Wood de Sao Paulo. Estos absurdos y arbitrariedades ponen en evidencia la estulticia y la frivolidad de este negocio al que llaman arte contemporáneo”.
Los “Comentarios” a este post tampoco tienen desperdicio:
-Me ha dejado pasmada –escribe Amaltea-. Hay algo absurdo que nos contamina a quienes no somos más que espectadores y ese veneno se llama sacralización del Arte. Todo es un auténtico delirio.
-¿Qué hacemos? ¿reímos? ¿lloramos? – dice Aldo Nadezh Hinojosa-. Es que de verdad no es posible. Es absurdo. Estos artistas contemporáneos no conocen la vergüenza, ponen en evidencia su ignorancia y prepotencia. Son unos fascistas! Gracias por la nota Avelina!
-Avelina –escribe a continuación Eduardo Alvarado-, magnífico relato del suceso. Son unos farsantes: el "artista", el galerista, los políticos que utilizan esta bazofia como propaganda ideológica y los espectadores que se embelesan con ella. Un saludo y enhorabuena por el criterio y la valentía que siempre exhibes. Evidentemente olvidé incluir a todos esos gestores y teóricos que dirigen esa amalgama putrefacta que se ha venido a llamar arte contemporáneo.
-Este asunto – concluye Edgar - se parece mucho al lío con los carteles de drogas, ambos coexisten por la creciente demanda de sus consumidores, tanto el vendedor de crack de la esquina y el "galerista" son producto de un mercado que existe porque existe un creciente publico ansioso por devorar su mierda; luego los que no consumimos crak ni basura-arte deberíamos seguir el ejemplo de Avelina y hacer algo contra lo que fortalece a ambos demonios: sus consumidores.
Y así varios más. Me uno al último, de Moisés Valdés: “- Gracias por tu post. Esta "obra" es una muestra más de la saturación, fragilidad y carencia que veo en el arte contemporáneo, que pide a gritos una autentificación basada en los caros escenarios o la interacción forzada. Quizás quiera lograrlo con este incidente y que la gente la recuerde. Para mí no es más que una farsa para buscar viralidad”.
Respecto de este último calificativo, como los comentarios son de público hispano americano, no sé si se trata de un modismo, que puede referirse bien a “virar”, cambiar de dirección, o a “viral”, relativo a los virus. Me valen ambos significados. Este arte conceptual, fruto del cambio por el cambio, es un verdadero virus que infecta museos y galerías en los últimos años, para el que no hay remedio eficaz. Asombroso.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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