Regresaron
02.02.12 @ 07:22:08. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Cicogna, 1430-1440. Obra de Antonio Puccio Pisano en pintura.aut.org. Museo del Louvre)(*)
Quiero dejar constancia de la fecha: 19 de enero. Ayer mismo, camino de Madrid, pasé por Fuente el Saz. La ermita seguía vacía de cigüeñas, con la melancolía de la ausencia. No sé por qué se me ocurrió comentarlo con mi mujer; ella me preguntó si recordaba cuándo se marcharon. "Creo que por septiembre", la dije. Me acuerdo porque soy muy sensible para estas cosas. Se van las cigüeñas, y me pasa con ellas lo mismo que con "Pizca", que cuando meto la llave en la cerradura para abrir la puerta pienso que quizá temiera que ya no volviéramos más. Son cosas de mi empatía: juego con un perro, e imagino lo que está pasando por su cabeza. Y lo mismo me ocurre con los niños…
Así que me vinieron a la mente retazos de un largo y fascinante viaje hacia el sur guiado por no se qué extraño instinto que impulsaría a abrir sus alas y salir al aire a una de las aves, y luego a todas las demás confiadas en su liderazgo. Por delante, cientos y cientos de kilómetros de vuelo hacia un lugar para nosotros desconocido pero que ellas conservan registrado en su memoria. Hasta llegar allí harían de seguro varios altos, uno de ellos por las cercanías de Algeciras, donde las veía concentrarse siendo vecino de Puente Mayorga. Buen sitio para calmar el hambre como hacemos nosotros en el Landa de camino a Burgos.
Esto pensaba yo ayer y, qué casualidad: hoy, 19 de enero, yendo de nuevo hacia Madrid, salta un destello blanco entre los árboles. ¡Ya han vuelto! exclamo. Y al acercarnos lo confirmo. Pero no ha vuelto solo una pareja, ni dos, ni tres, ni cuatro. Todos y cada uno de los grandes nidos que hacen del techo de la alta ermita una especie de bullicioso patio de vecinos se hallan ya ocupados. Las aves están presentes, blancas e impolutas como un anuncio de detergente; nadie falta a la lista. Y no hay en sus cuerpos vestigio alguno de su largo y esforzado viaje; de una aventura casi épica. Todas se mantienen de pie como si quisieran que nos enterásemos bien de su feliz regreso: "Vecinos de Fuente el Saz y alrededores; aquí están, tal como os prometimos, vuestras cigüeñas".
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