Los lunes, revista de prensa y red
28.02.11 @ 07:55:35. Archivado en Artículos
“Los cosacos en ARCO” de Kiko Méndez-Monasterio, y “La muerte humanitaria” de Gabriel Albiac

(Praga. Acuarela de Manuel Jiménez Sánchez en el Concurso de Pintura Gaudi 2010, scribd.com/doc/46025851.116 x 89)(*)
LOS COSACOS EN ARCO
Artículo de Kiko Méndez-Monasterio publicado en La Gaceta el pasado día 26
Poetas, guerreros, bebedores en exceso, amantes apasionados de la libertad, de los caballos y de las mujeres... todo esto se asocia a los cosacos, ese pueblo de sonoridad romántica que los comunistas se encargaron de exterminar en uno de los holocaustos no publicitados del siglo XX. Para algunos filólogos, el término “cosaco” significa “hombre libre”, para otros “jinete aventurero”, así que a lo mejor en su etimología reside el vínculo entre caballo y libertad, un matrimonio también presente en las raíces profundas americanas, que cuando John Ford quería filmar a un hombre libre bastaba con darle a cualquiera un Winchester y una montura.
Pero regresemos a los cosacos, que alguien debiera escribir una novela sobre ellos, ahora que vuelve lo ruso y falta reivindicar a Gogol. El proyecto merece la pena para desmentir ese error cultural que presenta al comunismo como pura barbarie enfrentada a una civilización más o menos agotada. No es así, y se entendería bien si Ferrer Dalmau pintase la carga irracional de los cosacos, gritando saporosky y blandiendo sus sables curvos frente a la fría disciplina soviética.
El Ejército político y burocrático de Lenin era el progreso, el dogma científico, los sesudos estudios sobre economía, la universidad atea en armas. Los descendientes de Taras Bulba, por el contrario, eran pura y bendita savia reaccionaria, eran la tribu, pulidos sólo por el cristianismo, con sus costumbres inalteradas por la ciencia y un código penal primitivo, que exigía, por ejemplo, que el maltratador de una mujer fuese azotado en la plaza pública y que, terminados los latigazos, diese las gracias por el castigo.
...Y todas estas cosas pueden venir a la cabeza dando un paseo por ARCO, al observar que en el arte contemporáneo aún late el totalitarismo relativista, algo que renueva en algunos la dormida tentación romántica de cargar a caballo, en plan cosaco, y arrasar el siglo.
LA MUERTE HUMANITARIA
Artículo de Gabriel Albiac publicado en abc.es el pasado día 9
Nueva «flotilla» de la sentimental gente de la farándula española en apoyo a los islamistas de Hamas. La anterior se saldó con nueve muertos.
Por propia iniciativa y sin contrapartida, Israel entregó en 1994 a la autoridad palestina los territorios de Gaza y Cisjordania. Habían sido ocupados en el curso de la guerra que sus vecinos de la liga formada por Egipto, Jordania, Iraq y Siria, le declararon —y al cabo de seis días perdieron— en junio de 1967. Con la devolución de esos territorios palestinos, se buscaba abrir el camino hacia un acuerdo sobre el principio de «paz por tierra», a la manera de aquel que fijó la línea de frontera con Egipto tras los acuerdos del año 1978, a consecuencia de los cuales fue asesinado el presidente Anwar el Sadat, tres años más tarde, por un grupo de militares de la Yihad Islámica Egipcia.
Puede que fuera ese precedente el que llevó a un sujeto fundamentalmente tan regido por el principio de supervivencia como Yassir Arafat a sabotear cualquier atisbo de acuerdo definitivo de paz y fronteras estables entre Israel y el germinal Estado palestino. Las memorias de Clinton dan razón desoladora de aquel disparate. Con los documentos ya redactados, con más del 85 por ciento del territorio que reivindicaba la OLP ya devuelto, Arafat se negó a firmar. Destituyó incluso a aquellos de sus lugartenientes que le animaban a hacerlo. El fantasma de Sadat lo atenazaba. La única habilidad de un jefe que no supo jamás llevar a sus hombres a otra cosa que no fuera derrota, miseria y muerte, era la de poner siempre a salvo su vida. Y su fortuna, por la cual corrieron las cuchilladas tras su muerte.
Desaparecido el Rais, poco esfuerzo tuvieron que hacer los islamistas de Hamas para tomar el control en Gaza y liquidar a sus competidores menos píos de la OLP. Tal había sido la corrupción desplegada por Arafat y su entorno, que la llegada de los clérigos fue vista como un alivio. Y el territorio palestino quedó dividido bajo dos caudillajes, ninguno de los cuales pondría un solo reparo en aniquilar al otro. En Gaza, el yihadismo hizo lo único para lo cual existe: terrorismo sin límite. Sin distinción entre población civil y militar. Los suicidas infiltrados a través de la entonces muy porosa frontera sembraron de muertos mercados y paradas de autobuses, mediante un procedimiento que los asesinos del 11M en Madrid se limitarían a copiar. Las baterías de proyectiles acosaron las viviendas judías del otro lado. No hubo más alternativa que alzar un parapeto de hormigón. Con función doble: impedir las infiltraciones y hacer de escudo para los edificios. Irán y Siria siguieron abasteciendo militarmente a los terroristas, por vía marítima. La marina israelí hubo de hacerse cargo del control de ese tráfico.
Los «artistas» que hablan en su sentimental vídeo ahora de un «bloqueo humanitario» mienten. Todas y cada una de las mercancías no militares que deseen enviar a Gaza pueden hacerlo a través de la frontera israelí y previo control —estricto, como corresponde a una situación de guerra— de su contenido. El objeto de la anterior «flotilla» no fue donar nada. Fue buscar un choque que produjera muertos. El objeto de la nueva flotilla no puede sino ser el mismo.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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