Lancelot 2010. Gaviotas
25.02.11 @ 07:39:13. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Storm over Llangranog. Acuarela de Arnold Lowery en lowrey.co.uk) (*)
Lunes 9 de agosto. No es pájaro que me guste. Culpa de Alfred Hitchcok. Como todo en esta bellísima naturaleza alaba al Señor, también aunque no lo fuera tanto, miraré con benevolencia al desagradable pajarraco. Carroñero del mar.
Se retiraba el rey de los astros a descansar él tras un día –como todos aquí de trabajo intenso-, cuando me sobresaltó el “vascorro” de mi yerno con una de sus acostumbradas sentencias: “Cuando la gaviota visita al labrador, malo para el pescador”. Efectivamente, en procesión ininterrumpida, los pájaros del mar, se adentraban en Lancelot. Visita al labrador. Señal dicen, al menos aquí, de la mar en malas condiciones para las frágiles embarcaciones de modestos pescadores. Presagio, pues, de mar gruesa, arbolada, montañosa o enorme. Malo para el pescador.
El cielo, sin embargo, estaba raso. Sin una sola nube que hiciera presagiar nada de lo dicho, tan peligroso para los hombres de la mar. Pese a ello, Las gaviotas seguían adelante en visita al labrador. Es un decir, porque desde la gran erupción del Timanfaya, pocas tierras quedan para el cultivo sin que las cubran aguas montañosas… de lava.
-Pero yerno –le dije en vista de que nada hacía presagiar que se cumpliera el refrán- ¿seguro que esos pajarracos son gaviotas?
-Bueno…sí… -respondió con dudas. Es que hay gaviotas de todos los colores – aclaró empeorando la respuesta. Convencido de su error, omití más aclaraciones por no dejar en mal lugar al experto en sus dominios.
Las aves seguían adentrándose por oleadas sucesivas para visitar al labrador…. De pronto recordé mi entrañable ribera del padre Duero.
-¡Nada de gaviotas, yerno!, exclamé incontenible. ¡Son garzas blancas!
En efecto, las líneas blancas que rayaban el cielo dibujaban en él la figura estilizada de las mismas aves grises que tantas veces viera junto al agua dulce de tierras allende los mares. Éstas, aún más bellas, y de un blanco impoluto, regresaban a su “domicilio” en las afueras de Arrecife, donde pude verlas pasados no muchos días. Existe allí una reserva de garzas blancas en peligro de extinción en la península que salen cada día “de caza” a orillas de la mar oceana y regresan al atardecer a su “gallinero”. Convencidos ambos sin generar discusión alguna, él se introdujo ¿cariacontecido? en casa. Yo permanecí con meditaciones en la terraza.
Miré en derredor, y como además era “la hora”, el pensamiento tomó altura. Los recuerdos -¡siempre los recuerdos!-, me llevaron de nuevo al “cole”. Foramontano niño, recitaba después de la Santa Misa y Comunión el “Trium puerorum”: canto de los tres jóvenes (Ananías, Azarías y Misael), cuando se dirigían al suplicio de un horno encendido por no adorar a una estatua de oro erigida al rey Nabucodonosor como si fuera un dios. Foramontano niño, apenas si entendía tantas alabanzas, por entonces casi ininteligibles, pero mayor-¡ay demasiado mayor!- divinamente. Muy claras.
Sobradas razones aquí, en Lancelot. Otras, en el recuerdo de una infancia imborrable en motivos de otro estilo, pero muy bellos. Con unas y otras contempladas o recordadas de los castellanos lugares, surgieron espontáneas las alabanzas: frío,-calor-; cielos, vientos, mares y todo lo que se mueve en las aguas, -heladas y nieves; aves (gaviotas y garzas), colinas (volcanes), –fuentes y ríos. Todo ensamblado, complementado y conjuntado, me llevó, irresistiblemente, a bendecir al Señor. Reserva de la biosfera, en suelos yermos o de lava-páramos infinitos-; rocío absorbido por el picón, -escarchas en los valles-; relámpagos y nubes con mar enorme- montes y riberas-. Por cada belleza contemplada, bendecía al Señor otra recordada. Así transcurrió media hora de un plan voluntariamente trazado. De feliz cumplimiento donde lo divino se acercaba muy mucho a lo humano.
Finalizó el vuelo elegante de las garzas al refugio. Siguieron las gaviotas con los pescadores; y otra vez las aguas de la piscina en las que reverberaba el sol, me llamaron a otra y no menos atractiva bendición. Con toda la concentración de la mente puesta en lo que hacía, nada me impidió que en el pequeño descanso de cada “largo”, agradeciera a quienes gravaron para siempre esas enseñanzas que, como sus contrarias si se diera tal desgracia, nos facilitan ahora no levantar estatuas con la cabeza de oro; cuerpo, caderas de plata; y piernas, brazos y manos de bronce –atractivas como cantos de sirena como en el sueño (interpretado por el profeta) del rey de Babilonia -, pero pies de bronce y barro. Estatua del “no te prives de nada”: ídolo o estatua de un dios falso, que con la piedra “no lanzada por mano de hombre”, cae destrozada, confundida con el polvo sucio del breve camino de nuestras vidas si son, con la enseñanza contraria, tan breves como desordenadas. ¿No les recuerda a ustedes esto algo actual, pero escrito hace miles de años?
Por alguna similitud, si cambian nido por vuelo y garza por cigüeña, pueden recordar la poesía de Gabriel y Galán que muchos aprendimos de niños: “¡Y parece mentira pero enseña/ muchas cosas un nido de cigüeña!”. ¿No?
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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