Lancelot 2010. Cosas pequeñas
18.02.11 @ 07:21:50. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Over the brow. Acuarela de Arnold Lowery en lowrey.co.uk.)(*)
Domingo 8 de agosto. Les decía en mi último artículo del diario veraniego, cómo la contemplación de Marte y el universo entero me llevaron a pensamientos profundos. Nunca mejor dicho, de altura. Hoy, como verán, desciendo a la tierra; a este mundo maravilloso al que amamos apasionadamente. La tierra donde vivimos, nos movemos y existimos. Nada espectacular. Pequeños detalles. Aconteceres sin importancia; al menos a primera vista. Cosas pequeñas. A veces fruto de la meditación que surge fácil en esta maravillosa Lancelot. Cosas, como verán, que incluso alguno podría calificarlas de simplezas. Otros…
Es, mis amigos, que lo más bello se encierra por lo general en lo sencillo. En lo pequeño. El día no nace de repente con ramalazos de luz cegadora; tampoco nos saludan cada mañana bandadas de vencejos en formaciones espectaculares. Ni brotan los hibiscos en cantidad tal que tiñan de rojo intenso el seto. Toda esta hermosura, que lo es, nace pequeña. El sol, astro rey, nace tímido de la oscuridad con luz tenue: aviso de claridad, como con miedo a disipar de golpe las tinieblas de la noche apacible. Las estrellas que tachonan portentosas el cielo despejado, se retiran quedas, como las sombras; y despacio, poco a poco, sin darse la importancia que tienen en el firmamento, dejan paso a la pequeña claridad que anuncia el día, que no irrumpe impetuoso, sino humilde. Una luz suave, difusa, que, como en del alma de cada ser humano, se agrandará hasta llenar todas las potencias del alma en alabanza al Creador. La que merece cada precioso día canario.
He de poner más atención en lo que, silenciosos en Lancelot y en vuelos de vértigo, me dicen los vencejos. Seguro que algo me dicen, pues deben ser los mismos los que cada nueva mañana me saludan en un idioma que aún no entiendo. He de poner más atención, digo, porque las hojas del calendario, las del zaragozano de siempre, caen sin forma humana de que vuelvan al taco de procedencia.
Entretenido en estas pequeñas grandes minucias, los días caen como el vuelo en picado de las pequeñas aves mudas, hasta casi besar el suelo. Ellos vuelven. Lo días no. Y, poco a poco, se nos van terminando. No me refiero, que bien pudiera con estas disquisiciones, al atardecer y ocaso de nuestras vidas. Aquí y ahora, me refiero a los que, si Dios es servido, aún permaneceremos en casa de nuestros hijos.
Aunque, como creo haberles anunciado y a nosotros por lo menos nos interesa, cambiamos de casa a hotel. Seguimos de vacaciones. Vendido todo el trigo, gestado durante años hasta recoger la cosecha, como verdaderos brotes verdes, ¡ay tan imposibles como otros anunciados!, podemos prolongar la estancia en la más afortunada de las islas. Mientras tanto, vivo intensamente las cosas de hoy. Inútil penosas añoranzas de lo que pasó “ayer” y sin excesivas preocupaciones ansiosas de lo que nos deparará “mañana”, porque nunca sabremos si nos llegarán.
Tampoco sé si el bullicio será lo más apropiado para continuar la narración de las cosas pequeñas de cada día aquí, en Cable Alto. Hoy y ahora. Es lo que importa. Y lo que importa, pese a ser pequeño en el planeta azul, es muy hermoso si se vive como Dios manda.
Si lo que se vive así naciera grande, creo que daría incluso miedo: un sol que irrumpe repentino y cegador por deslumbrante. Una bandada de vencejos que oscurecen el cielo. Espantapájaros gigantes y a la vez inhumanos. Sarantontones como dinosaurios. Monstruoso lo que nace grande. Disfruto, como creo la mayoría, con las cosas pequeñas. Aunque algunas no tanto; porque los más de cuarenta largos de piscina, me dejaron hecho unos zorros. Fracaso total en el “pique” con mi nieto canario. ¿Habré de llegar a los cincuenta? ¡Caray con las cosas pequeñas…!
Multipliquen, por favor, si no mentalmente con la maquinita… cincuenta por quince: ¡¡setecientos cincuenta metros!! Más y mejor que andando. ¡Demonio de crío! He aceptado el reto. Mañana veremos.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
http://farm5.static.flickr.com/4139/5447632993_fd5fabce7c.jpg
Comentarios:
"La meditación es una de las artes más grandes en la vida quizá la más grande y no podemos aprenderla de nadie. Esa es su belleza. No tiene técnica y, por ende, no tiene autoridad. Cuando uno aprende acerca de sí mismo, cuando se observa cómo camina, cómo come, qué dice, la charlatanería, el odio, los celos; si está atento a todo eso en sí mismo, sin preferencia alguna, ello forma parte de la meditación. Por lo tanto, la meditación puede tener lugar cuando estamos sentados en un autobús o paseamos por los bosques llenos de luces y sombras, o cuando escuchamos el canto de los pájaros o contemplamos el rostro de nuestra mujer o nuestro hijo".15.
Y recientemente ha escrito: "Todo esfuerzo que se hace para meditar, niega la meditación".16.
15 Freedom from the Known (1969).
16 Prólogo de Krishnamurti en Meditations (1980).
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MARY LUTYENS
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