“Ninguneados”
16.02.11 @ 07:24:29. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Palomar abandonado, en Peñaflor de Hornija. Acuarela de José María Arévalo. 34x48)(*)
“Ninguneados”: he aquí un término de nuevo cuño que se ha deslizado en nuestro hablar diario como si quisiera rellenar un hueco. “Despreciados” sería, quizá, una forma más clásica y corriente de decir - más o menos - lo mismo. En todo caso, su significado se entiende bien: uno es “ninguneado” cuando pasa como inadvertido para los demás; o sea exactamente lo que me ocurre a mí cuando levanto la mano en un bar para solicitar ser servido, pues se diría que soy transparente a las miradas del camarero.
Bueno; pues “despreciados” o “ninguneados”, según prefieran, es como nos sentimos los españoles - por lo menos yo - ante tres hechos recientes que demuestran nuestra caída en picado como nación. Y desde luego no me sorprende que esto ocurra, porque esa impresión está en línea con una tendencia que venimos observando desde hace ya unos pocos años.
Lejos quedan los tiempos del asombro que yo llegué a vivir en directo, cuando en Bruselas nos llamaban “los germanos del sur” por nuestro rigor y seriedad en el trabajo. Eran los tiempos del esfuerzo por mostrar una imagen de España que contribuyera a aumentar su prestigio y su presencia, entonces animosa y dinámica como nación que fue y que entonces volvía por sus fueros. Sí; efectivamente, la incorporación de nuestra nación a los foros internacionales se hizo en gran estilo, y así no fue de extrañar que los españoles brillaran en muchos campos distintos y alcanzasen puestos de gran responsabilidad y relevancia en el proceso constructivo europeo. Entonces nuestras iniciativas eran bien valoradas y la gente empezó a tener la impresión de que veníamos pisando fuerte. Yo lo pude constatar repetidamente siguiendo la actualidad a través de los medios de comunicación y observando el panorama con el que me encontraba en mis contactos internacionales. Eran tiempos en los que los representantes de los países poderosos se nos acercaban para interesarse por nuestra opinión.
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