¿Un nuevo “shock sistémico”?
09.02.11 @ 07:20:25. Archivado en Artículos
Por Javier Pardo de Santayana

(Puerta califal. Óleo de Julia Hidalgo, en artelista.com) (*)
Puede sonar a invento, pero lo del “shock sistémico” tiene su enjundia. Un trabajo del Instituto Europeo de Estudios de Seguridad se refería en estos términos a aquellos acontecimientos que se producen casi por sorpresa y que, al causar grandes vuelcos en sistemas y situaciones que se tenían por bien asentadas, sacuden el panorama internacional hasta el punto de dar lugar a un “antes” y un “después”. Dentro de este concepto podríamos incluir el precipitado derrumbe del muro de Berlín, el inaudito ataque terrorista del Once de Septiembre, y el reciente desplome del mercado financiero.
Naturalmente, el trabajo que he citado prevenía sobre la posibilidad de que fenómenos como éstos pudieran seguir produciéndose en el futuro, y, en consecuencia, recomendaba incluirlos en los estudios prospectivos de ahora en adelante. Ni que decir tiene que seguir tal consejo será cosa difícil, puesto que se trata de hechos en principio imprevisibles por definición.
Pues bien, lo que yo quisiera señalar en este artículo es que seguramente estemos asistiendo ahora mismo a un nuevo “shock sistémico”.
Cierto es que cuando hablamos de la situación de los países árabes entendemos que ésta se halla marcada por la fragilidad inherente a la falta de libertad, y que esto supone, de entrada, estar en presencia de la incertidumbre. Pero también es igualmente cierto que, partiendo de la realidad de las cosas, nos habíamos acostumbrado a suponer que determinados comportamientos “sui generis” aportaban un cierto grado de estabilidad en la medida que respondían a los modos y maneras propios de la mentalidad de unos pueblos determinados. De ahí nuestra sorpresa.
Cuando esto se publique aun estará por ver cual es el desenlace último de una revolución ciudadana que ha empezado por afectar precisamente a países que funcionaban relativamente bien, que se mostraban bastante abiertos al exterior y que poseían elites de un relevante nivel cultural. La primera impresión que se nos transmite es que se trata de movimientos modernizadores que aspiran a un mayor grado de libertad, pero habrá que dar tiempo al tiempo para saber si este impulso inicial se consolida y se impone a las aspiraciones de quienes tienen por objetivo implantarles la “sharía”.
En fin, habrá que esperar y ver. Pero lo que yo verdaderamente quiero es destacar un hecho nuevo. Al leer lo que hasta ahora he escrito, algunos habrán, quizá, pensado que en todas las épocas de la Historia ha ocurrido más o menos lo mismo; que, aunque entonces no les llamásemos “shocks sistémicos”, siempre se produjeron acontecimientos sorprendentes y aun impensables, y que en realidad, como decía Julio Iglesias, “la vida sigue igual”.
Pero permítanme señalarles que la cosa no es exactamente así, porque solo desde hace muy pocos años es posible tener información de todo cuanto ocurre en tiempo real, y lo mismo puede decirse de la capacidad que ahora tenemos para relacionarnos entre unos y otros directamente cualquiera que sea nuestra edad y condición y cualesquiera que sean el país o la parte del mundo en que nos hallamos en un momento determinado. Todo esto es nuevo, y puede ser absolutamente revolucionario, porque permite hacer algo hasta ahora imposible: movilizar millones de personas en pocos minutos, transmitir ideas o eslóganes de la forma más eficaz y atractiva, y crear estados de opinión y de emoción que atraviesen fronteras y superen la capacidad de control de los gobiernos. Las capacidades tecnológicas que permiten estos tsunamis informativos a través, por ejemplo, de las llamadas “redes sociales”, inventadas, al parecer, por un “niñato”, y ellas mismas ejemplo de la rapidez con la que pueden extenderse hoy día fenómenos que necesitan de una comunicación tan rápida que sería casi fulminante, nos deben hacer reflexionar acerca de esa nueva e inquietante, a la vez que esperanzadora, realidad.
Quizás esto explique el hecho de que las revoluciones que acaban de producirse en Túnez y Egipto surjan con ese tinte como de “grito por la libertad” con que se nos muestran, y que hayan acallado de entrada una temida explosión de reivindicación islamista. De ser así podríamos concebir ciertas esperanzas de futuro. Porque entonces sería la gente más ilustrada y mejor informada la que pretendería que cambiasen las cosas. Y entonces ésta arrastraría por el buen camino a esas masas que además de más libertad piden más pan.
Lo inquietante es que, como ya he apuntado, bajo todo ello existen grupos - algunos muy bien organizados - que deseando el cambio, no pretenden, sin embargo, alcanzar una mayor libertad para sus pueblos, sino sujetar a éstos a una tiranía aun más cruel que la anterior.
Ciertamente, nunca mejor que ahora se constata la modernidad de la famosa teoría del caos, según la cual cosas que podríamos tomar como aparentemente irrelevantes pueden producir grandes desviaciones en los procesos. Estemos, pues, atentos a los “shocks sistémicos”. O, por lo menos, no nos sorprendamos al encontrar un nuevo sobresalto, cualquier día de estos, entre las tostadas de nuestro desayuno.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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