Lancelot 2010. Sarantontón.
08.02.11 @ 07:29:10. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Patio clásico. Acuarela de Francisco Pedro Roldán)(*)
Jueves 5 de agosto. Los cuarenta y cinco largos, “pasaron factura” y medio deslomado de agujetas, acudí encorvado a la umbría acogedora en la terraza, junto a mi amigo Guanarteme. Se estaba bien allí. Sonreía el espantapájaros; sonreían las más vigorosas flores de hibisco que habían resistido el ataque de las cochinillas; sonreían las buganvillas en el jardín contiguo; y reverberaban sonrientes, en fin, las aguas trasparentes de la piscina. Sol en ellas con un singular juego de luces. Prodigiosas.
-El sarantontón ¿no? –me dijo, animado de su eterno aburrimiento.
-¿Si quieres? –le dije deseoso en descifrar el enigma.
-¿Pero no ves, Carlos, a quién tengo a mi lado? –me dijo en un tono que presagiaba otra vez mal humor.
-Pues claro, yo sólo veo una mariquita gigante –le dije como en un susurro para no molestarle.
Creo que hasta se le borró la sonrisa perenne, para, Séneca humano, explicarme muy serio.
“Los coccinélidos (Coccinellidae) son una familia de insectos, dentro del orden Coleóptera, conocidos popularmente como mariquitas, chinitas, catarinas, sarantontones, o vaquitas de San Antonio o de San Antón. Las mariquitas se encuentran por todo el mundo, con más de 4.500 especies descritas. Son insectos pequeños, con un tamaño que va de 1 a 10 milímetros. Suelen ser de vivos colores, con manchas negras sobre un fondo naranja, amarillo o rojo, que no es un caparazón sino gruesas alas transformadas, llamadas élitros, que protegen las alas funcionales para el vuelo, el segundo par. Su cabeza, antenas y patas son negros. Su forma es oval, con extremidades cortas. Dado que son útiles, coloridos e inofensivos para vosotros los humanos, son insectos vistos tradicionalmente con simpatía e incluso se les considera en algunos lugares signo de buena suerte, y que matarlas es un presagio de lo contrario”.
-Y entonces, ¿por qué ese tamaño tan grande de la que tienes a tu lado? –le pregunté, ya en diálogo amistoso. Normal.
-Creí que eras más inteligente, Carlos, que los otros humanos de capital –me dijo decepcionado. Le volvió la sonrisa habitual y enseguida añadió:
-Sarantontón es, como yo pero a lo bestia, un espanta cochinillas gigante.
-¡Aaaah…!
-Por eso, finalizó, las cochinillas, asustadas, se han ido a los hibiscos en vez de a los cactus y pita, nuestros amigos. Recordé y cantando, me reuní con los míos: “Mariquita de Dios, cuéntame los dedos y vete con Dios…”
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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