Lancelot 2010. Espantapájaros Guanarteme
04.02.11 @ 07:20:59. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(Acuarela de Pedro Cano en el cartel de su exposición “En el jardín y en el huerto”)(*)
Miércoles 4 de agosto. En un parterre del jardín en la casa de nuestros hijos, mansión donde vivimos por ahora durante estas largas vacaciones, hay dos especies muy diferentes de ¿espantapájaros? Incomprensibles allí. Es un parterre de cactus de diversas especies canarias. Todas preciosas con flores entre espinas, como la vida misma, y una sola planta: espectacular la pita. Junto a ellos, sonríe día y noche un muñeco de trapo. No es articulado aunque lo parezca. Con las rachas de los vientos alisios, mueve los brazos hasta ponerlos, a veces, casi en cruz. Se mantiene en pie por medio de un palo al que está sujeto; al igual que los brazos, también le cuelgan las piernas bien rellenas de paja. Como todo el cuerpo. Con el mismo impulso alisio pero por mayor peso que los brazos, se mueven con cierta gracia, cual si caminara como un ser vivo.
Porque Guanarteme -que así se llama-, está vivo y siempre sonriente; que lo he visto y oído. Visto, nada más llegar a la casa. Pero no le oí, o sea, que no hablé con él hasta que tomé posesión de la terraza. Y a solas. Guanarteme, a pesar de la sonrisa perenne, es un “hombre” serio. Aburrido y, ¡cómo no!, antipático. Conejero de paja y trapo siempre solitario.
Instalado frente a él y tras observarle detenidamente, inicié, créanme que fue cierto, un curioso diálogo… ¡de besugos!
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