Cien años de pintura USA, desde Winslow Homer
16.01.11 @ 07:25:53. Archivado en Artículos
Por José María Arévalo

(Fishing boats. Acuarela de WinslowHomer en watercolorspainting.com)(*)
“Winslow Homer puede ser considerado el padre de la acuarela moderna”, comenta, en artículo dedicado al pintor americano, la nueva web watercolorspainting.com que con gran éxito ha puesto en marcha Fernando Pena. Y con Homer comienza la exposición que hoy finaliza de la Fundación MAPFRE en su sala madrileña de Recoletos, “Made in USA”, el arte americano de la Phillips Collection. Interesante exposición para seguir la evolución de lo que después será la cultura dominante en el mundo, desde mediados del pasado siglo. Los autores incluidos en Made in USA son aquellos que Duncan Phillips consideró los más adecuados para conformar en 1921 el corpus del primer museo de arte moderno de los Estados Unidos, inaugurado casi una década antes de que en Nueva York se abrieran el Museum of Modern Art y el Whitney Museum of American Art.
En ella nos explican cómo Phillips consideraba que en el siglo XIX surge "la gran escuela americana de pintura de paisaje", en la que se interpretaba el mundo natural con un estilo romántico que confiaba más en la visión interior del artista que en el detalle laborioso. Ya en la segunda mitad del siglo XIX, los pintores más jóvenes buscaron alternativas al sentimentalismo de la pintura americana de género, y también a la grandiosidad teatral y el realismo microscópico de la Escuela del Hudson, que trataba el paisaje del Nuevo Mundo como un don divino concedido al hombre. El arte americano alcanzó su mayoría de edad en la obra de artistas de genio independiente como George Inness, Winslow Homer, Thomas Eakins y Albert Pinkham Ryder entre otros; pintores, considerados los "grandes maestros" de América, que tenían una visión de la naturaleza y de la psicología profunda del individuo. A partir de ellos se comienza a configurar la sensibilidad moderna en los Estados Unidos.
Me hubiera gustado ver en la exposición alguna acuarela de Homer, pero el carácter retrospectivo de la exposición solo permite en algún autor incluir más de una obra, y la colección presenta un óleo (“Al rescate”, 1886, de amplio formato, 70x76) ciertamente representativo del pintor nacido en Boston, en 1836, y que dio sus primeros pasos en la pintura como ilustrador. No fue hasta 1873 –nos dice Fernando Pena- cuando Winslow Homer comenzó a pintar acuarelas, medio de expresión tan importante en su obra como el óleo.
Vive un año, 1856, en Francia, donde no recibe influencia directa alguna del impresionismo ni del arte francés, aunque su interés por la luz y la pintura al natural se desarrolla de forma paralela al de los primeros impresionistas. En 1873 comenzó a utilizar la acuarela, medio de expresión tan importante en su obra como el óleo, en el que consigue una gran destreza, y que servirá de inspiración – destaca watercolorspainting.com- a pintores de la talla de John Singer Sargent. Y añado, que Sargent, a su vez dará la pauta a lo que Ron Ranson ha llamado en su reciente libro “Watercolour Impressionists”, los mejores acuarelistas del pasado siglo, broche de oro de la tradición inglesa en esta técnica.
Durante la década de 1870 los temas predominantes en Winslow Homer fueron los de inspiración rural o idílica: escenas de la vida agrícola, niños jugando y escenas de lugares conocidos poblados de mujeres elegantes. Su retrato de Helena de Kay,1872, puede verse en nuestro Thyssen-Bornemisza.
Otro año vive en Inglaterra (de 1881 a 1882), en un pueblo de pescadores, y desde entonces se dedica a pintar escenas de la naturaleza a gran escala, sobre todo marinas, de pescadores y sus familias. A partir de 1884, Homer pasó muchos inviernos en Florida, en las Bahamas y en Cuba. “Gran parte de las muchas escenas que pintó del trópico –dice también Wikipedia- son acuarelas ejecutadas con un estilo muy avanzado para su época: fresco, suelto, espontáneo, casi impresionista, pero sin perder jamás su relación básica con el naturalismo.”
Por lo demás, esta exposición “Made in USA” rememora cien años de arte en los Estados Unidos, desde la eclosión del espíritu moderno a mediados del siglo XIX hasta la pintura americana de la segunda posguerra mundial. La Phillips Collection abre sus puertas en 1921 con un fondo de pinturas impresionistas americanas como las de Theodore Robinson, John Henry Twachtman, Childe Hassam y Ernest Lawson, que compartían espacio con los realistas urbanos Robert Henri, John Sloan y George Luks. Es interesante el efecto que el impresionismo francés, que no determina, como hemos visto, la pintura de Homer, produce en otros coetáneos americanos. “En 1886 –nos explican- el marchante parisino Paul Durand-Ruel exhibió en Nueva York un pasmoso conjunto de casi trescientos cuadros pintados por los impresionistas franceses. Para algunos artistas estadounidenses el contacto con el impresionismo francés fue transformador. Los impresionistas americanos se acostumbraron a pintar al aire libre y sin bocetos preliminares, adoptaron la misma técnica que sus colegas franceses, utilizaron elementos composítivos tomados de la fotografía y del arte asiático, pero nunca renunciaron del todo a la tradición realista y en sus formas mantuvieron siempre el volumen tridimensional. En 1916, el crítico de arte Christian Brinton afirmaba: "no hay que suponer que el impresionismo americano y el impresionismo francés sean idénticos. De la nueva doctrina el pintor americano aceptó el espíritu, no la letra".
Siguiendo esa línea de identidad norteamericana, la exposición explica cómo “la inmigración masiva de finales del siglo XIX, unida a la Gran Migración en la que miles de afroamericanos abandonaron el sur agrícola por las ciudades industriales del norte, transformó la realidad social norteamericana. Estos movimientos demográficos favorecieron la eclosión de una generación de artistas que se atrevieron a dar voz a la experiencia de sus comunidades de origen. En las décadas de 1920 y 1930, la creciente popularidad de la pintura figurativa de la American Scene, un espejo de la experiencia del pueblo y el arte americano, empezó a reflejar la multiplicidad étnica del pais. Artistas venidos de toda Europa, de América Latina y de Asia robustecieron la diversidad estética de los Estados Unidos. Phillips fue de los primeros en apreciar y defender la pluralidad artística de los Estados Unidos, comprando para su museo obras de autodidactas como John Kane, artistas afroamericanos como Jacob Lawrence e inmigrantes como Yasuo Kuniyoshi. Defensor precoz y elocuente del patrimonio cultural de la nación como "una fusión de distintas sensibilidades, una unificación de diferencias", actuó muy por delante de su tiempo.
Después, la herencia del cubismo, que irrumpe en el panorama estadounidense en 1913, en la International Exhibition of Modern Art o “Armory Show”-, y dará lugar a la fundación en 1936 en Nueva York de la American Abstract Artists “como foro de discusión y debate sobre el movimiento”, la proliferación de la abstracción a finales de los años 30, para concluir con el expresionismo abstracto de los años 40 y 50.
Los pintores vanguardistas norteamericanos “absorbieron estilos internacionales contemporáneos como el surrealismo y la abstracción europeos, al tiempo que buscaban inspiración estética en fuentes no occidentales”, buscando un nuevo lenguaje visual que fuera abstracto “y sobre todo intrínsecamente americano”.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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