Lancelot 2010. Boanerges
16.12.10 @ 07:20:25. Archivado en Artículos
Por Carlos de Bustamante

(El Apóstol Santiago liberando al Mago Hermógenes. 1427. Obra de Guido di Pietro da Mugello en pintura.aut.org. Museo de Arte Kimbell, Fort Worth, Texas)(*)
Domingo 25 de julio. Hace ya algunos años y como recopilación de numerosos artículos publicados en “El Norte de Castilla” de Valladolid, con el formato y retoques conveniente para darle contenido de novela (relatos), escribí Boanerges (Hijos del Trueno). Denominación o apodo impuesto por Jesús, y recogido en los Evangelios, a los hijos de Zebedeo: Santiago y Juan, discípulos predilectos durante los tres años de predicación por territorios de Palestina. El carácter enérgico impetuoso y firme de ambos, hizo que el Señor los apodara de esta forma.
Santiago, concretamente, fue el primer apóstol que recibió el martirio. Decapitado por el rey Herodes hacia el año 44 por predicar el mensaje recibido del propio Cristo. Hay un testimonio de él (Evangelio de san Lucas), que avala el carácter de ambos hermanos. Aún conocido, vale la pena recordarlo: “Entraban en una aldea de Samaria, para preparar alojamiento al Maestro. No lo recibieron porque se dirigía a Jerusalén. Al ver esto, le preguntaron: ¿Señor, quieres que mandemos bajar fuego del cielo que acabe con ellos? Se volvió hacia ellos y los regañó. Y se marcharon a otra aldea”.
Es sabido que los judíos no se llevaban bien con los samaritanos, porque habían elegido el monte Garicín en vez del templo de Jerusalén para adorar al mismo Dios.
Según una venerable tradición, avalada por importantes testimonios, Santiago llegó a España y predicó el Evangelio. Duros de cerviz aquellos iberos de Hispania, se le apareció la Virgen en carne mortal (puesto que aún vivía) sobre un Pilar, para darle ánimos. Le mandó construir allí un templo, que a lo largo de los siglos fue gran Basílica, lugar de multitud de peregrinaciones de toda la cristiandad. Después de misa, de nuevo vinieron a mi memoria recuerdos de la niñez, adolescencia, juventud y madurez, sobre la celebración, “por todo lo alto” de tal día como hoy. Dejo constancia de lo visto en las españolísimas Islas Canarias. Me detendré en los recuerdos: tierra Peninsular en el valle del Duero. Desde pueblos de secano, en el interior de la Meseta, partía en los más pintorescos medios de trasporte la alegría de cristianos recios, nobles, para celebrar “en condiciones” fiesta tan señalada. Caballerías vestidas con las mejores galas; carros enramados, con familias enteras dentro a cubierto de los ardores de un sol implacable, que dejaba caer el fuego propio de estos pagos con “nueve meses de invierno y tres de infierno”. El destino que más y mejor conocí, fue la frescura y frondosidad en las riberas del padre Duero. Exhuberancia viva en el largo recorrido entre verdores cuasi insultantes a través de nuestra labranza familiar, tantas veces mentada, Dehesa de Peñalba “la Verde”.
Si la alegría sembró de canciones el recorrido, desbordaba, instaladas las cuadrillas junto al rumor de numerosos manantiales. Canciones populares regionales; arte jondo purificado en Castilla en voces que traspasaban la umbría, hasta el cielo donde nuestro “Señor Santiago” escucharía agradecido.
Como “tras la panza viene la danza”, finalizado el yantar que enseguida les informo, mozos, mozas, y ancianos, bailaban la jota, airosos los primeros, sin apenas levantar los pies del suelo los otros.
Una fragancia inconfundible recorría entre la arboleda en flujo continuo de una a otra cuadrilla. Aroma del lechazo asado en barras en ascuas de la madera noble y añeja de los sarmientos. Los que, dado el fruto, exquisito caldo el de la Ribera del Duero, cumplía, humilde, la misión de trasmitir sus esencias a la carne jugosa del lechazo, que más de uno de mis posibles lectores puede dar fe de manjar “placer de dioses”. Señor Santiago, Boanerges, que recibió el “abrazo” de acción de gracias en la Comunión del Señor de los señores, lo festejamos hoy, aquí y ahora, con un asado al uso, que algunos… –me entienden- llaman barbacoa. Estuvo bien el asado que, con reminiscencias de otros tiempos, les hice con “manojos”, ¡narices de sarmientos!: ¡¡horroroso gas butano!!
La buena salud, g.a D., y mejor voluntad, “culpa” en parte del chispeante malvasía, hizo que no decayese la fiesta hasta altas horas de la noche. Deliciosa noche canaria. Conejera. Para amortiguar la “calorina de la hoguera”…, ningún refresco mejor que ¡todos al agua! Increíble la estampa iluminada de toda una familia transparente en unas ascuas de luz eléctrica. Luna artificial, junto a la artificial ribera de hibiscos apagados. Antes de cerrar, no puedo dejar en el olvido la más cariñosa felicitación a mis compañeros de Arma. Caballeros de Santiago en nuestras Fuerzas Armadas.
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(*) Para ver la foto que ilustra este artículo en tamaño mayor (y Control/+):
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